Historia

ROMANO

Romano nació en Miseani (según los bolandistas en Emesa), Siria, y murió en Constantinopla en el siglo VI. Tras ser diácono en la iglesia de Santa Anastasia en Berito, fue a Constantinopla durante el reinado de Anastasio (probablemente en la última década del siglo V), donde sirvió en la iglesia de Santa María en tois Kyrou. Ya fuera allí o en la iglesia Blachernian atribuyó a la Virgen en una visión el don de poesía, componiendo inmeditamente su famoso himno navideño, al que siguieron un millar de otros himnos para varias festividades. Según Nicéforo Calixto la Iglesia griega desechó posteriormente los himnos de Romano, con la excepción de uno para cada fiesta, mientras que Metrofanes Kritopulos (De vocibus) señala que en su tiempo sólo sobrevivían cuatrocientos de los mil himnos. Los escasos detalles sobre el poeta se restringen prácticamente a un breve synaxarium (editado en Analecta Bollandina, 1894, páginas 440-442).

Se conocen los títulos de todos los himnos de Romano. No contienen alusiones que implicarían una fecha posterior al reinado de Justiniano (527-565), periodo asignado a Romano por el autor del Synaxarium. De ahí que el pasaje en el primer himno a las diez vírgenes, con su frase "He aquí, los asirios, y los ismaelitas antes de ellos, nos han llevado cautivos", no necesita referirse a sucesivos ataques por los Omeyas de Damasco y los Abasidas de Bagdad, refiriéndose al siglo VIII, sino que pueden igualmente aludir a los persas y a los sarracenos, que amenazaron Bizancio durante el reinado de Anastasio I. Tampoco las referencias doctrinales en los himnos suponen una fecha posterior al reinado de Justiniano, pues aunque María es denominada "siempre virgen", no se enseña su libertad del pecado original, si bien muestra gran reverencia hacia ella, considerándola mediadora entre Dios y Cristo para la humanidad, conceptos que eran sostenidos en el periodo de Justiniano. La cristología de Romano parece aludir a las teorías docetas, a Arrio, a Apolinar de Laodicea y a la controversia teopasquita en el reinado de Anastasio, aunque no hay claras evidencias a la herejía monotelita, por ejemplo. Hay probables alusiones al credo de Calcedonia. La cuestión de la fecha del poeta, que parecería no ser posterior al reinado de Justiniano, aunque algunos la han procurado situar en el periodo de Anastasio II (713-716), es de importancia porque de su solución depende la fijación de la cima de la poesía religiosa bizantina en el siglo VIII.

Hasta el segundo tercio del siglo XIX los poemas de Romano fueron escasamente conocidos en occidente, siendo introducidos por la edición del cardenal J. B. Pitra de 28 himnos y cuatro versos en su Analecta Solesmensia, i. 1-241 (París, 1876). Una edición defectuosa fue preparada posteriormente por el archimandrita Anfiloquio en su Kondakarion (2 volúmenes, Moscú, 1879), pero el principal conocimiento sobre Romano se debió a cuatro estudios de K. Krumbacher en Sitzungsberichte der Münchener Akademie (phil.-phil. Klasse, 1898, ii. 69-268, 1899, ii. 1-156, 1901, páginas 693-766, 1903, páginas 651-691). El material de los poemas está extraído principalmente de la Biblia, sobre todo de los grandes sucesos de la salvación, tales como el nacimiento de Cristo, la Epifanía, pasión, crucifixión, resurrección y ascensión y el derramamiento del Espíritu Santo. Romano se sintió igualmente atraído por los relatos bíblicos sobre la Virgen y por los sucesos destacados en las vidas de los apóstoles, tales como la negación de Pedro y la conversión de Tomás. Las parábolas, como la de las diez vírgenes, también proporcionaron material añadido al poeta. Unos cincuenta de sus poemas tratan de temas bíblicos, treinta de santos, mientras que el resto son himnos penitenciales y semejantes. En su exégesis muestra la influencia de Crisóstomo y Efrén y en sus himnos a los santos trató vidas bien conocidas. Romano señala expresamente que el propósito de sus poemas es didáctico. Aunque parezca extraño, sus himnos fueron casi totalmente abandonados por su Iglesia unos siglos después, cuando en el siglo IX las liturgias griegas fueron remodeladas y los cánones sustituyeron a los himnos. Sólo se retuvieron unos pocos de sus poemas, tales como el himno de Navidad y el denominado réquiem. De los otros himnos sólo quedaron pequeños versos en las liturgias, principalmente versos introductorios o culminantes de carácter general.

La belleza de los poemas de Romano es evidente en su forma externa. En la poesía bizantina el ritmo tomó el lugar del plan métrico clásico, proporcionando una forma característica con peculiar melodía rítmica. Tras uno o más proemios sigue el poema en sí mismo, que puede constar de más de veinte versos. Cada estrofa acaba con un estribillo que repite los principales pensamientos del poema, proporcionándose el nombre del autor en un acróstico. Esta forma de poesía la desarrolló Romano hasta su perfección, el mayor escritor de himnos de la Iglesia griega. Su verso es fácil y eufónico, así como variado mediante antítesis, asonancias, paronomasias y juegos de rimas. Romano hace uso del estribillo con admirable efecto. Los poemas son preponderantemente dramáticos en forma, consistiendo de conversaciones entre los personajes introducidos, como en el diálogo entre Satanás y el Hades, al saber que la cruz del Gólgota está destinada a aplastar su poder. Por otro lado, Romano ocasionalmente es innecesariamente dogmático, moralizante y prolijo.

Romano fue un noble poeta en la materia y también en la forma, expresando bellamente el espíritu del evangelio y procurando guiar al hombre a creer que existe la salvación personal. Frecuentemente alaba la gracia gratuita de Dios y Cristo, declarando que la recompensa que el Señor dará en la vida venidera es una recompensa de gracia. Por el pecado la humanidad cayó, pero se levanta mediante la justicia y la fe, siendo salvada por gracia. Por encima del ascetismo y la ortodoxia, Romano sitúa el amor al prójimo, aunque él practicó el ascetismo. Igualmente ensalza el celibato, pero al mismo tiempo no desprecia indebidamente el matrimonio. Finalmente hay que hacer notar que su idea de la vida fue profundamente escatológica, dedicando algunos de sus más bellos poemas al juicio final y a la vida venidera. En él la poesía bizantina llega a su más pleno florecimiento.