Historia

RUPERTO DE DEUTZ († 1135)

Ruperto de Deutz fue un importante teólogo medieval y abad de Deutz, nacido probablemente en Alemania hacia mediados del siglo XI y muerto en Deutz (actualmente parte de Colonia) el 4 de marzo de 1135.

Ruperto de Deutz
Ruperto de Deutz
Primeros años y escritos.
Cuando era niño fue llevado por Lorenzo al monasterio benedictino en Lieja, donde se avivó su inactivo talento. No quiso recibir la ordenación, porque la controversia de las investiduras estaba entonces en su apogeo en Lieja. Durante este período temprano de su vida, Ruperto compuso algunos himnos, incluyendo uno, ahora perdido, sobre la encarnación, una obra perdida De diversis scripturarum sententiis, el fragmento de Chronicon Sancti Laurentii Leodiensis y biografías de Agustín y Santa Odilia. A la muerte del obispo Wazo de Lieja, el abad Berengario fue trasladado de su monasterio y con él, en 1092, buscaron refugio Ruperto y otros cluniacenses en el monasterio de San Huberto en las Ardenas. Fue en ese tiempo cuando Ruperto escribió su Libellus hymnorum, que en sus trece poemas proporciona un fiel cuadro de la condición de la Iglesia, tal como la veía un fiel ultramontano. Un comentario a esos himnos está incluido en la crónica del monasterio, que tuvo que completarse antes del 9 de agosto de 1095, cuando Berengario y sus compañeros regresaron a Lieja. Entonces recibió la ordenación, que no había querido aceptar de los cismáticos de Lieja, probablemente después de 1106. Durante este tiempo, además de su estudio del hebreo, leyó profundamente a Platón, Plotino, Dionisio el Areopagita, Aristóteles, Heráclito, Agustín, Jerónimo, Hilario, Arrio, Sabelio, Símaco, Aquila, Teodoción y Gregorio Magno. En 1111 Ruperto escribió sus doce libros De divinis officiis, que explican el sentido místico del oficio sacerdotal, comenzando con las horas, vigilias, campanas, servicio del altar y vestiduras. El tercer libro continúa con el año eclesiástico, lecturas y los servicios de fiestas particulares, explicando todos los ritos mediante una sorprendente abundancia de exégesis simbólica de la Escritura. Al mismo tiempo sostuvo que los participantes indignos sólo reciben la forma externa del sacramento y que Cristo da en la eucaristía sólo su cuerpo espiritual, no el físico.

Controversias sobre la naturaleza de Dios.
Ruperto estaba todavía en Lieja cuando escribió Super Hiob commentarius, basado en el Moralia de Gregorio Magno. El método alegórico de su predecesor lo sigue estrechamente; Job, por ejemplo, representa alegóricamente al Salvador. Pero esta idea había levantado alguna sospecha y Berengario, deseoso de la seguridad de Ruperto, le recomendó al abad Cuno de Siegburgo y le obtuvo un protector en la persona del arzobispo Federico de Colonia. Ruperto fue a Siegburgo parece ser en 1113, pero pronto fue vuelto a llamar y al año, o como mucho en 1114, escribió De voluntate Dei, para defenderse contra los ataques de los discípulos de Anselmo en la catedral de Laon. La obra está en veintiséis capítulos y es una crítica contra la enseñanza en Laon y Châlons, de que la voluntad de Dios sobre el mal fue doble, permitiendo los malos hechos y aprobándolos, con el fin último de que pudiera resultar lo bueno. Ruperto, en cambio, sostuvo que la permisión divina del mal en ninguna manera significó aprobación, sino sólo paciencia divina. En su esfuerzo para escapar del predestinacionismo de Guillermo de Champeaux y Anselmo, Ruperto se aproxima a la posición de Escoto Erígena, quien contempló al mal en sí mismo como no existente, siendo meramente la sombra de la sustancia. Pensamientos similares llenan los veintisiete capítulos de De omnipotentia Dei, estableciendo el décimo la tesis de que Dios desea la salvación de toda la humanidad. Los teólogos de Laon se airaron, quejándose Anselmo mismo al sucesor de Berengario, Heribrando, al pensar que Ruperto era todavía monje en Lieja. Heribrando citó a Ruperto a Lieja, donde fue absuelto. Sin embargo, la oposición continuó, pasando ahora él a la ofensiva. En 1117 fue a Laon y luego disputó en Châlons. Acusación tras acusación se hicieron contra él, pero solo para ser fácilmente rechazadas. En medio de la controversia cambió el curso de los acontecimientos y Ruperto fue llamado de Lieja a Colonia, regresando al monasterio de Siegburgo. Aquí planeó escribir sobre la majestad y honor de Cristo, pero Cuno le pidió que preparara una obra In regulam Sancti Benedicti. El primer libro habla de las controversias de su autor, el segundo del arreglo de las vigilias y el tercero del orden en el servicio del altar, mientras que el cuarto trata con la disputa sobre la preeminencia de Agustín o Benito. Todavía bajo el patrocinio de Cuno, Ruperto escribió In evangelium sancti Joannis commentarius. Esta obra, que es notoriamente alegórica en carácter, se divide en catorce libros y fue probablemente escrita antes de 1117. Tras su terminación, Ruperto acabó su De trinitate et operibus ejus, que había comenzado en 1114. Este es el más importante de todos sus escritos y se divide en tres grandes porciones: la obra del Padre, desde el principio de la creación a la caída del hombre; la obra del Hijo, desde la caída hasta la pasión; la obra del Espíritu, desde la pasión hasta la resurrección del último día. La mayor parte del De trinitate se ocupa del Antiguo Testamento, con la interpretación mística de su ley ceremonial y su ritual sacrificial. Igual que Agustín en su Ciudad de Dios y como Ireneo, Hilario, Justino y Hugo de San Víctor, Ruperto contempla las seis edades del mundo abarcando la historia entera de la humanidad, correspondiendo el sexto día de la historia al sexto día de la creación, también al espíritu de temor de Y reposará sobre El el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR.[…]Isaías 11:2 y comenzando con el nacimiento del Hijo del Hombre. Al comenzar la tercera parte de la obra, el cuarto evangelio muestra la gloria del reino en el que se desarrollan los dones del Espíritu Santo, las artes liberales, la música, etc.

Página del comentario de Ruperto de Deutz a ApocalipsisViena, ÖNB, Cod. 723
Página del comentario de Ruperto de Deutz a Apocalipsis
Viena, ÖNB, Cod. 723
Obras alegóricas, biográficas y prácticas.
El De trinitate fue seguido por In apocalypsim Joannis apostolici libri duodecim, en el que las siete iglesias de Asia son comparadas con las siete mujeres que toman a un hombre en Porque siete mujeres echarán mano de un hombre en aquel día, diciendo: Nuestro pan comeremos y con nuestra ropa nos vestiremos; tan sólo déjanos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio.[…]Isaías 4:1 y el mar de cristal de Delante del trono había como un mar transparente semejante al cristal; y en medio del trono y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.[…]Apocalipsis 4:6 se explica como el bautismo, por el que el hombre pasa hasta el trono de la gracia como Israel pasó por el Mar Rojo. La serpiente que arroja agua de su boca sobre la mujer (15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para hacer que fuera arrastrada por la corriente. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca. […]Apocalipsis 12:15-16) tipifica a Arrio, con su ataque sobre la Iglesia. El número 666 es el del hombre, quien fue creado en el sexto día, sin entrar en la héptada divina. La triple héxada está gobernada por Satanás y no solo no puede sino que no quiere ser una héptada, estando triplemente aumentada en su oposición a Dios. El abad Cuno le sirvió de inspiración a Ruperto en In cantica canticorum commentarius, también llamado De incarnatione Domini; es una obra naturalmente compuesta en la exégesis alegórica de la época. A este tiempo puede pertenecer la acusación contra Ruperto de que enseñó que el Espíritu Santo se encarnó en la Virgen María. Norberto fue el primero en hacer esa acusación, habiéndose conjeturado que la réplica de Ruperto puede estar incorporada en el Conflictus Ruperti cum Norberto, que está preservada en dos manuscritos en Lobkow y Meissenau. En Altercatio monochi et clerici discute la controversia entre el clero secular y el regular, siendo la decisión que un monje puede predicar tras su ordenación. Una opinión similar fue posteriormente expresada por Ruperto en Epistola ad Everardum (abad de Brauweiler) y en Epistola ad Liezelinum canonem, sobre la dignidad del monasticismo, que puede pertenecer al mismo periodo. Es probable que a solicitud del abad de San Martín en Colonia escribiera Vita Sancti Eliphii y hacia 1120 también compusiera Vita Sancti Heriberti. Hacia finales del mismo año fue escogido para ser el décimo abad de Deutz, diciéndose que edificó un dormitorio y la capilla de San Lorenzo ante las puertas del castillo. A sus controversias literarias se añadieron ahora problemas con los ocupantes del antiguo castillo, que posteriormente serían culpados de incendiar el castillo y el monasterio. En 1120 el abad Wibald de Stablo escribió a Ruperto pidiéndole si, en su opinión, la efusión de semen suponía una ruptura de la castidad que prohibiera la ordenación, replicando Ruperto en De læsione virginitatii, que constituye un notorio capítulo de disciplina clerical. Si el único manuscrito de De vita vere apostolica, ahora preservado en el monasterio de Grafschaft, hay que atribuirlo a Ruperto, tiene cinco diálogos esencialmente sobre la antigua cuestión de la posición relativa a los seculares y los regulares. Ruperto, escribiendo al canónigo Liezelin, colocó a los monjes por encima del clero secular, al ser los regulares sacerdotes y monjes.

Escritos de sus últimos años.
Hacia ese tiempo Ruperto escribió Commentarius in duodecim prophetas minores, que parece haber completado hacia 1124. Contiene poco que sea notorio y cuando el arzobispo Cuno interrumpió la obra, Ruperto se volvió a su De victoria Verbi Dei, basada en las conversaciones entre el autor y su protector durante la última visita que éste realizó a Deutz, describiendo en trece libros la victoria del Hijo de Dios sobre Satanás. Tras un breve prefacio Ruperto considera los nombres del diablo y luego la batalla que estalla en el cielo, descendiendo sobre la tierra y haciéndose más feroz cuando Cristo y Satanás entran en escena, batalla que dura hasta que el dragón es vencido por el Señor. Al término de su obra, Ruperto resumió su comentario sobre los profetas y en Navidad de ese año (1124) estuvo presente en la toma de posesión del papa Honorio en Roma. Luego visitó Montecassino, siendo al cabo de un año uno de los firmantes de un diploma en el monasterio de Grafschaft. Poco después de su regreso a Deutz, Ruperto había comenzado su De gloria et honore filii hominis, una exégesis libre de Mateo en trece libros. Comienza con la visión de En su centro había figuras semejantes a cuatro seres vivientes. Y este era su aspecto: tenían forma humana.[…]Ezequiel 1:5 y sig., tipificando los cuatro querubines a Cristo; cuatro, ya que es a un tiempo Dios y hombre, rey y sacerdote; hombre, ya que nació en Sion; buey, ya que como sacerdote se ofreció a sí mismo en sacrificio; león, ya que conquistó la muerte y se levantó de ella; águila, ya que como Dios asciende por encima de todos los cielos. En casi cada palabra de Mateo, Ruperto cita el Antiguo Testamento, pero en el último libro vuelve a la consideración filosófica de la necesidad de la encarnación. La obra no pudo haber sido terminada antes de 1126, pero estaba lista en 1127 y junto con ella el abad escribió su comentario a los libros de Reyes. Hacia ese tiempo, escribió su Dialogue inter Christianum et Judæum, una obra de importancia menor, salvo que muestra su vasto conocimiento del Antiguo Testamento y su habilidad para perfilar argumentos exegéticos. El 25 de agosto o el 1 de septiembre de 1128, Deutz fue consumida por el fuego y Ruperto, testigo ocular del desastre, lo describe en su De incendio oppidi Tuitii. Poco después compuso De glorificatione sanctæ trinitatis et processu Spiritus Sancti, inmediatamente seguido por De meditatione mortis. En esta última obra sostiene que la palabra de Dios, que prohibió a Adán comer del árbol de la vida, fue una palabra de gracia elevada, ya que a través de la muerte del cuerpo el hombre es liberado de la muerte del alma, en la muerte de Cristo. Hacia 1130 Ruperto también escribió In librum Ecclessiastes commentarius, siendo el método de exégesis el mismo que en sus otras obras. También escribió De glorioso rege David, que se ha perdido. Sin embargo, De glorificatione, fue su última obra de importancia, impidiéndole las enfermedades en sus últimos años continuar con sus tareas literarias.

Sistema teológico de Ruperto.
A duras penas se puede atribuir a Ruperto de Deutz, esencialmente exégeta y poeta, la posesión de un sistema dogmático formal. De hecho, los problemas dogmáticos sólo los toca en el curso de su exégesis, recibiendo variadas respuestas a consecuencia del variado contexto, haciendo posible que sostenga las más divergentes ideas sobre su verdadera posición. Por otro lado, apela constantemente a la Biblia y a ella sola, para que su idea del universo y su concepto de Dios y del mundo surjan de su exégesis. Contempló la Biblia en sus tres sentidos: literal, alegórico y moral. En cada punto de su interpretación las Escrituras estuvieron presentes para su visión de conjunto, centrándose todo su sistema de interpretación en Cristo. En la creación, la encarnación ya estaba prevista, porque en el mandato divino de que el hombre debía multiplicarse estaba proyectado llenar la ciudad de Dios. En su cristología, Ruperto insiste fuertemente en la combinación de las naturalezas humana y divina en Cristo, deduciendo de su cristología sus ideas sobre los medios de gracia, especialmente la eucaristía. De ella escribe (De divinis officiis, II, 11):

'El cuerpo de Cristo, que antes de la pasión era el cuerpo del Verbo solo, fue aumentado a través de la pasión, tan esparcido que llenó el mundo y por la nueva difusión de este sacramento constituyó en una Iglesia a todos los elegidos que han sido desde el principio del mundo o que serán, hasta el último escogido al final de los tiempos, de manera que el Redentor puede decir, cuando presenta a la Iglesia a Dios: "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne".'
Al mismo tiempo ha habido mucho debate sobre si la doctrina eucarística de Ruperto era ortodoxa o no, afirmándolo su editor J. Cochlæus, seguido por los mauristas, mientras que Bellarmino lo negó. En primer lugar, al contemplar a la Iglesia como esencialmente el misterio del cuerpo de Cristo deja poco lugar para la eucaristía. Sus ideas sobre la cuestión difícilmente pueden reducirse a una simple fórmula, pudiendo citarse pasajes de sus escritos que parecen, en una primera impresión, indicar que enseñó que los elementos representaban meramente el cuerpo y sangre de Cristo. Sin embargo, está claro que postuló la realidad de la presencia y es igualmente evidente que sostuvo la doctrina de la transubstanciación. La verdad es que Ruperto, obligado por su idea general, se vio involuntariamente llevado a emplear frases y símiles que le expusieron a sospecha. Mientras que algunos pasajes implicarían que enseñó que los incrédulos reciben sólo los signos externos de la eucaristía, hay poca evidencia para afirmar positivamente que esta doctrina fuera la suya. En tercer lugar, pareciera que se inclinaba a la doctrina de la impanación, que había sido condenada por la Iglesia. No hay, sin embargo, nada que pruebe, como a veces se afirma, que Ruperto enseñó no sólo la impanación consustancial sino también la impanación hipostática, sosteniendo que Cristo estuvo unido con el pan y el vino en el mismo sentido que sus naturalezas divina y humana están hipostáticamente unidas.
Las desviaciones e inconsistencias de Ruperto fueron las propias de su época, no pudiendo ser juzgado por una norma que no era apropiada ni para él ni para su época. Es más importante saber que fue, en sus enseñanzas, un espejo de la Iglesia del siglo XII. En filosofía era un místico platónico, seguidor de Agustín, Escoto Erígena, Bernardo de Chartres y Odón de Cambrai, por lo que se opuso, esencialmente, al aristotelismo. A su lado en Alemania estuvieron Gerhoh, Arno de Reichersberg y Honorio de Autun, todos místicos platónicos, que en su oposición al nestorianismo casi se aproximaron al eutiquianismo en su cristología.