Historia

SABELIO

Sabelio fue posiblemente un presbítero en la iglesia de Roma, habiendo quedado asociado su nombre al de la doctrina por él propuesta, acuñado en el término 'sabelianismo'. En el este se aplicó a los monarquianos modalistas a comienzos del siglo III y en el oeste ocurrió esporádicamente en los siglos IV y V. Las fechas sobre la enseñanza de Sabelio y de sus inmediatos sucesores son muy confusas. No solo han sido confundidas las doctrinas de Marcelo de Ancira con las de Sabelio, especialmente porque el monarquianismo asumió varias formas en el siglo entre Hipólito y Atanasio, sino también porque la especulación filosófica intervino y se desarrollaron las teorías kenóticas y de transformación, extrayéndose además deducciones y principios asignados por las fuentes que probablemente nunca existieron en la forma descrita. Por lo tanto, es imposible escribir una historia del monarquianismo desde Calixto a Marcelo, no importa cuán cuidadosamente se estudie el material. Sin embargo, está claro que al menos entre los años 220 y 270 la batalla contra el monarquianismo debió ser más reñida en el este y que el desarrollo de la cristología del Logos estuvo allí influenciado directamente por esta oposición. El mismo hecho de que en el este el monarquianismo fuera conocido casi exclusivamente como sabelianismo muestra que el cisma surgió allí primero por la actividad de Sabelio, esto es, tras la cuarta década del siglo III. Parece ser que durante el pontificado de Ceferino, Sabelio, que había nacido en la Pentápolis en Libia fue el sucesor de Cleomenes como dirigente de los monarquianos en Roma. Al ser excomulgado por Calixto, Sabelio se convirtió en jefe de una facción monarquiana que tildó a Calixto de apóstata. Sabelio estaba todavía en Roma cuando Hipólito escribió su Philosophumena, desarrollando allí relaciones de largo alcance, especialmente con el este. Sus doctrinas, que evidentemente Orígenes desconocía, eran muy parecidas a las de Noeto, de quien diferían, sin embargo, tanto por su mayor exactitud teológica como por su reconocimiento del Espíritu Santo. El principio cardinal de Sabelio era que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran idénticos, pero con tres nombres. Siempre inspirado por un rígido monoteísmo, Sabelio también denominó al único Dios el 'Hijo-Padre', para evitar las sospechas de diteísmo, significando la designación final de Dios mismo y no alguna manifestación de una mónada en el trasfondo. Al mismo tiempo, enseñó que Dios no es el Padre y el Hijo simultáneamente, sino que se hace operativo en tres energías sucesivas; primero en la persona ('manifestación', no hipóstasis') del Padre, el creador y legislador; luego en la persona del Hijo como redentor (extendiéndose este periodo desde la encarnación hasta la ascensión) y finalmente en la persona del Espíritu Santo, como hacedor y dador de vida. Sin embargo, es improbable que pudiera hacer una delimitación estricta de esas sucesivas personas, pues a duras penas podía evitar el reconocimiento de la continuada actividad del Padre en la naturaleza.

Mapa de los puntos de partida de las grandes herejías
Mapa de los puntos de partida de las grandes herejías

Aunque Sabelio y sus seguidores reconocían el canon católico, Epifanio señala que derivaron su herejía de ciertos libros apócrifos, especialmente del evangelio de los egipcios. Por tanto, es evidente que la cristología sabeliana no era diferente del antiguo sistema patripasianista. Los únicos puntos de divergencia notorios eran el intento de demostrar la sucesión de personas, el reconocimiento del Espíritu Santo y el paralelismo formal de la persona del Padre con las otras dos. El primer punto puede ser considerado como una evocación del rígido modalismo, mientras que el segundo estaba en contacto estrecho con la nueva escuela teológica. El punto más importante era el tercero, ya que al hacer un paralelismo entre la persona y energía del Padre con las otras dos, no solo se introducía la cosmología en el modalismo como un paralelo de la soteriología, sino que se rompía la preeminencia del Padre sobre el Hijo y el Espíritu Santo. De esta manera se preparó el camino para la cristología atanasiana y agustiniana, siendo Sabelio el precursor del homoousios. Las doctrinas de Sabelio fueron rechazadas por Marcelo de Ancira, quien no encontró un reconocimiento del Logos en el sabelianismo y consecuentemente estimó que su colega monarquiano había creado un concepto incorrecto de Dios. Pero su monarquianismo tuvo pocos adherentes. Los tiempos habían cambiado; la consustancialidad del Padre y el Logos había sido enunciada y el monarquianismo se había convertido en superfluo en la Iglesia. La controversia de los dos Dionisios, aunque propiamente preliminar al arrianismo, se debe tener en cuenta aquí, ya que las tendencias sabelianas en la Pentápolis guiaron a Dionisio de Alejandría a una rígida declaración de su doctrina. La ambigüedad cristológica de Orígenes, sin embargo, está revelada en las fórmulas de sus discípulos Dionisio y Gregorio el Taumaturgo, que contienen pasajes susceptibles de interpretación monarquianista, aunque, como Orígenes, ambos fueron firmes oponentes del sistema monarquiano. Hay que tener en cuenta que en el periodo entre los años 250 y 320 hubo una frecuente tendencia al triteísmo, mientras que por otro lado hubo una profunda desconfianza hacia la cristología del Logos como un peligroso monarquianismo, por lo que los seguidores de Orígenes se sintieron obligados a subrayar los principios monarquianos. En la segunda mitad del siglo III la fluidez de todos los conceptos dogmáticos desembocó en una situación de confusión teológica. Lo que Atanasio y escritores posteriores denominaron sabelianismo fue un término global para varios sistemas doctrinales, modificados por conceptos filosóficos y la influencia de la teología alejandrina. El atrevido intento de Pablo de Samosata para retomar la tradición primitiva llegó demasiado tarde; lo mismo se puede decir del esfuerzo de Marcelo de Ancira para abandonar la especulación alejandrina en conjunto y solucionar el problema cristológico tomando los conceptos bíblicos y la teología de Ireneo. El problema permaneció reducido a los límites de la teología de Orígenes y allí halló su destino.