Historia
SAINT-MARTIN, LOUIS CLAUDE DE (1743-1803)

Para propagar sus ideas Saint-Martin se trasladó a París, donde se movió en círculos aristocráticos, escribiendo sus principios en Tableau naturel des rapports qui existent entre Dieu, l'homme et l'univers (Lyón [ostensiblemente Edimburgo], 1782). Con sus viajes entabló nuevas amistades. En Inglaterra conoció a William Law y a Best; acompañó al príncipe Gallitzin a Italia en 1787; en 1788 residió en Montbéliard con la duquesa Dorotea de Württemberg. Hasta 1791 vivió en Estrasburgo, donde estudió los escritos de Jacob Böhme, pero en ese último año la enfermedad de su padre le obligó a regresar a Amboise, donde sus teorías hallaron poca simpatía. A este periodo de su carrera pertenecen L'Homme de désir (Lyón, 1790), Ecce homo (París, 1792) y Le Nouvel Homme (1792).
La última estrecha amistad de Sain-Martin fue con el barón Kirchberger de Berna, por quien estuvo informado de los movimientos místicos en el exterior durante la Revolución Francesa. Este acontecimiento fue saludado por él con alegría y tras ser nombrado tutor, con Condorcet, Sieyès y Bernardin de St. Pierre, del Delfín en 1791, fue uno de sus carceleros dos años más tarde, siendo Saint-Martin mismo encarcelado posteriormente y exiliado a Amboise. Sin embargo, poco después estaba de regreso en París como maestro en la nueva escuela fundada en esa ciudad, reteniendo esta posición hasta su muerte, escribiendo durante su titularidad Lettre à un ami, considérations politiques, philosophiques et religieuses sur la révolution française (París, 1795); Éclair sur l'association humaine (1797); Esprit des choses au coup d'œil philosophique sur la nature des êtres et sur l'objet de leur existence (1800); Ministère de l'homme esprit (1802), además de traducir varias obras de Böhme.
Las ideas de Saint-Martin, mezcla de cabalismo, gnosticismo y doctrinas neoplatónicas con base cristiana, difícilmente pueden ser reducidas a un sistema. Al mismo tiempo, al par que odiaba profundamente a la Iglesia, cayó en toda clase de clarividencia, conjuros y malabarismos con números y el tetragramatón. Su esfera favorita era la antropología, sosteniendo que el objetivo del hombre era incluso superior al de Cristo, el tipo más elevado de humanidad; en su vida cotidiana Saint-Martin procuró simplemente vivir como un piadoso cristiano.