Historia

SAVONAROLA, GIROLAMO (1452-1498)

Girolamo Savonarola, reformista católico italiano, nació en Ferrara el 21 de septiembre de 1452 y murió en Florencia el 23 de mayo de 1498.

Girolamo Savonarola
Girolamo Savonarola
Vida hasta 1491.
Ha sido presentado indistintamente como un inspirado profeta, un precursor de la Reforma y un ambiguo demagogo y fanático iluminado. Su lugar correcto se encuentra entre los predicadores de la justicia y la moral, como Natán, Elías, Juan el Bautista y John Knox. Destinado por sus padres al estudio de la medicina, se sintió inclinado a la vida religiosa en la reclusión de un convento, al percibir la corrupción social y el rechazo de una familia de los Strozzi a darle su hija en matrimonio. En 1475, secretamente, dejó la casa paterna y se fue a Bolonia, ingresando en el monasterio dominico. Sus cartas subsiguientes a sus padres están llenas de afecto filial y suplican el perdón por lo súbito de su huida y por no haberles comunicado su intención. A la rutina usual de la vida conventual añadió el estudio de Agustín y el gran dominico Tomás de Aquino, pero también la Biblia, con la cual se familiarizó. En 1481 fue enviado a Ferrara, donde descubrió que un profeta no puede esperar honra en su propia tierra. Ese mismo año se fue a Florencia, ingresando en el convento de San Marcos. Su predicación no atrajo la atención en Florencia y sus audiencias durante la Cuaresma en San Lorenzo se redujeron a veintiocho personas. De pronto, en 1486, mientras predicaba en Brescia, su elocuencia apareció en toda su riqueza. En 1480 regresó al convento en Florencia, al pedir Lorenzo de Médicis, en representación de Pico della Mirandola, su regreso. En 1491 era prior de San Marcos.

Savonarola predicando
Savonarola predicando
Su predicación.
Durante los siguientes nueve años, Florencia quedó saturada de la personalidad de Savonarola, siendo la figura religiosa más conspicua en Italia. Durante la primera parte de este periodo tuvo conflictos con Lorenzo de Médicis, déspota político de la ciudad, y durante la segunda con Alejandro VI, al pretender la regeneración cívica y moral de la ciudad mediante sus exhortaciones. Primero predicó en San Marcos y luego en la catedral, concentrándose inmensas audiencias para escuchar sus exposiciones sobre los profetas hebreos y el libro de Apocalipsis. En el tiempo de su mayor popularidad las muchedumbres esperaban horas a que apareciera y su biógrafo Villari estima su audiencia entre diez mil y doce mil personas. 'Vuestros pecados me hacen profeta', clamaba, y de las profundidades de esa perturbadora y brillante vida semi-pagana que los Médicis promovían en Florencia, Savonarola extraía los aguijones para poner en evidencia su vaciedad y desolación. Su mensaje iba dirigido al clero y al pueblo, y las ráfagas de su indignación caían a veces sobre el palacio de Lorenzo. En el último sermón que predicó durante Adviento en 1492, relató una visión que había tenido la noche anterior, de una espada sostenida por una mano en los cielos y con la inscripción 'He aquí que la espada del Señor descenderá rápida y súbitamente sobre la tierra'. Muchas voces se levantaron proclamando misericordia para el bueno y justicia para el malo. Luego, de pronto, la espada apuntó hacia la tierra, oscureciéndose el cielo y cayendo espadas, flechas y llamas sobre ella. Esta fue una de las visiones que desde el púlpito de la catedral impresionaron y aterraron a su audiencia. La severidad de sus avisos sobre la placentera ciudad eran a veces tan temibles que Savonarola se retraía de pronunciarlos. Un fragmento de un sermón suyo es el siguiente:
'¡Ven acá, Iglesia infame! Oye lo que te dice el Señor. Yo te he dado hermosas vestiduras, y tú has ejercido con ellas la idolatría. Con los vasos preciosos has alimentado tu orgullo. Has profanado los sacramentos con la simonía; la sensualidad ha hecho de ti una desvergonzada ramera. Eres peor que una bestia, eres un monstruo repugnante. Antes te avergonzabas, por lo menos, de tus pecados, ahora has perdido la vergüenza. Antes los sacerdotes llamaban sobrinos a sus hijos, ahora no los llaman ya sobrinos, sino hijos; ¡sencillamente hijos! Has levantado una casa de inmoralidad, y te has convertido en todas partes en una casa de perdición. ¿Qué hace la venal ramera? Toma asiento en el trono de Salomón y atrae a todos a sí, quien tiene dinero, entra, y puede hacer todo cuanto quiera; pero quien desea el bien, es arrojado de ella. ¡Así tú, Iglesia venal, has revelado tu vergüenza ante todo el mundo, y tu hálito pestífero ha subido hasta el cielo; por todos los lugares, en Italia, en Francia y en España, has extendido tu inmoralidad.'

Girolamo Savonarola
Girolamo Savonarola
Sus profecías.
A sus dones de vívida descripción, lenguaje sencillo y fervor de corazón, unía su persuasión inamovible de estar haciendo una misión comisionada por Dios. Sentía que recibía comunicaciones directas de Dios, plantándose como profeta divinamente enviado. Sus profecías de sucesos futuros fueron el asombro de Florencia, aunque no todos lo aceptaban como vidente inspirado. Él, sin embargo, aplicaba a esas profecías las palabras de la Escritura, de que ni una jota ni una tilde fallarían hasta que fueran cumplidas. Esas profecías las recibía en visiones o éxtasis del alma. Sus ideas sobre la profecía en general y sobre su propia investidura profética hallaron expresión en el púlpito y también en sus escritos, Compendium revelationum (1495) y Dialogus de veritate et prophetica (1497). La profecía más famosa de Savonarola fue la venida de un nuevo Ciro, desde más allá de los Alpes, quien traería la emancipación política a Florencia e Italia. La mayoría de ellas eran, en términos generales y tiempos predichos, sobre castigos directos sobre Florencia, seguidos por un tiempo de justicia y extensión de la Iglesia. Una de las pruebas que Savonarola dio para su don profético fue el cumplimiento de sus predicciones. Sin embargo, sobre ese punto, hay dudas. En ciertos casos, sus profecías no se cumplieron, tal como la predicción de la rápida conversión de judíos y musulmanes. Otras, estaban abiertas al debate. La llegada de Ciro de occidente a Italia, en la persona de Carlos VII de Francia, podía interpretarse como nada más que la previsión lógica de los acontecimientos políticos. Es cierto que la llegada de Carlos fue seguida de la expulsión de los Médicis de Florencia, pero su campaña italiana acabó en fracaso y la independencia de Florencia fue de corta duración. Otra consideración que arroja sospechas sobre la naturaleza profética de sus predicciones es que muchas son sobre sucesos políticos, en los que están incluidos la política egoísta de las naciones, como cuando predijo que Florencia recuperaría la soberanía sobre Pisa. Un gran sector consideraba a Savonarola profeta. Hombres como Landucci, el farmacéutico, aceptaban plenamente su investidura profética. Otros hombres distinguidos, como el francés Commines, la aceptaban o reconocían su propia incapacidad para explicar las predicciones. El juicio de los biógrafos posteriores de Savonarola, como Villari y Lucas, y de los historiadores, como Pastor y Creighton, tanto católicos como protestantes, es que Savonarola se auto-engañó. Pero aunque sus pretensiones proféticas fueran una ilusión, él no tenía el espíritu de un impostor. Lo que los hombres llamaron sueños de imaginación, Savonarola, deseando con toda su intensidad la reforma de Florencia, tuvo por reales las visiones de su alma. Lo que impresionó a su propia época fue la realidad de su investidura profética, aunque en tiempos posteriores su gloria consistiría en su predicación de la justicia en una edad de profunda degradación y desvergüenza religiosa.

Reformador de la Iglesia.
Como reformador su visión era la regeneración moral de la ciudad y de Italia, al adoptar la justicia como norma en la conducta privada y la pública. El radical programa doctrinal de reforma llevado a cabo por Lutero y Calvino no entraba en los planes de Savonarola. En todos los puntos esenciales él era católico y estaba de acuerdo con la doctrina de la Iglesia medieval. No desafió ni uno solo de sus dogmas, apartándose solo en la negación de la infalibilidad papal y su apelación a un concilio como árbitro final en la cristiandad.

Lorenzo de Médicis
Lorenzo de Médicis
Lorenzo de Médicis; Carlos VII.
La historia de los asuntos italianos en 1492 estuvo marcada por la muerte de Lorenzo el Magnífico (el diplomático más consumado de su tiempo) y la elevación de Alejandro VI al trono pontificio. Cuando Lorenzo supo que se moría, mandó llamar a Savonarola. El monje se había mantenido a distancia del magnate y Lorenzo había dicho de él: 'Un extraño ha entrado en mi casa, pero no se quedará a hacerme una visita'. Envió ricos donativos al convento de San Marcos, que no consiguieron ganar a su prior. Pero ahora, ante el umbral de la eternidad, Lorenzo quiso que Savonarola acudiera a su lecho de muerte, ya que era 'el único fraile honesto' que conocía. Quería confesarse de tres crímenes. El consejero espiritual le propuso tres condiciones para el perdón. Primera, confianza en la misericordia de Dios, a lo que el moribundo asintió. Segunda, devolución de sus riquezas mal ganadas, siendo también confirmada por Lorenzo. Tercera, devolver a Florencia sus libertades. A esta última condición Lorenzo no le dio respuesta, girando su rostro hacia la pared. El monje se fue, sin darle la absolución. Este relato está basado en las biografías más antiguas de Savonarola por Burlamacchi y Pico della Mirandola. Un relato diferente lo dio Politian en una carta a Jacopo Antiquario. Politian no menciona la tercera condición e informa que Savonarola dejó al moribundo, tras darle su bendición. Esta versión es aceptada por Roscoe, Creighton (Papes, iv. 172 y sig.) y Lucas (páginas 83-84). La otra es aceptada por Villari (i. 168-169), Hase (p. 20) y Clark (p. 116). Durante los años 1494-97 la influencia de Savonarola estuvo en su punto más álgido. Según Guicciardini su influencia era extraordinaria. Durante ese periodo Carlos VII vino a Italia, siendo expulsado el hijo de Lorenzo, Piero, y los Médicis de Florencia, estableciéndose un gobierno teocrático en la ciudad. Savonarola bramaba desde el púlpito contra el gobierno de los Médicis y pedía su destierro. Cuando Carlos acampó cerca de Florencia, Savonarola, por encomienda del señorío de Florencia se entrevistó con él, causando una profunda impresión sobre el monarca. El ejército francés, por la solicitud del monje al rey y sus amenazas, se retuvo de cometer sus usuales tropelías en Florencia, dejando Carlos la ciudad 'y continuando su viaje sin dilación'. Al regreso del rey desde Nápoles a la Italia septentrional, Savonarola se comunicó de nuevo con él por cinco cartas pidiéndole que le concediera las libertades a Florencia, una ciudad que 'Dios ha escogido y determinado magnificarla, de manera que quien se atreve a tocarla, toca la niña de sus ojos'. Ninguna ciudad ha tenido nunca un amante tan ardiente como Florencia con Savonarola.

La teocracia florentina.
La expulsión de los Médicis supuso una reorganización del Estado, en la que Savonarola tuvo un papel primordial. Fue instado como primer ciudadano de Florencia por el gobierno de la ciudad a proponer una nueva constitución. Vacilando, se puso manos a la obra, haciendo del gobierno de Venecia su modelo. El oficio supremo, el dogo, fue abolido, ocupando su lugar Jesucristo. 'El gobierno de uno en Florencia' decía desde el púlpito, 'solo puede resultar en despotismo'. 'Solo Dios será tu rey, oh Florencia, como lo fue de Israel, bajo el antiguo pacto'. El gobierno de Savonarola era una teocracia; 'su nueva cabeza sería Jesucristo', era el clamor con el que cerró sus sermones sobre Hageo. Describiendo este tiempo de crisis, Guicciardini denomina al prior de San Marcos, salvador de su país (comp. Villari, i. 268, 298). Todo el tejido social de Florencia parecía estar bajo un profundo cambio, siendo inminente un reino milenial de orden y buena voluntad. El amor a Cristo parecía ser el impulso predominante. Terrores mortales cayeron sobre las conciencias; las propiedades ilegítimamente adquiridas fueron devueltas; las iglesias estaban a rebosar de gente; los conventos se llenaban y las diversiones profanas cesaron. Un escritor contemporáneo dijo: 'El pueblo de Florencia parece haber enloquecido por causa de Cristo'.

Alejandro VI con la tiara pontificia. Museos del Vaticano. Roma
Alejandro VI con la tiara pontificia. Museos del Vaticano. Roma
Relaciones con Alejandro VI.
Pero aunque la influencia de Savonarola sobre el pueblo se mantuvo durante años, los elementos ideales de su gobierno le exponían al ataque. En la última parte del siglo XV sus medidas parecían ser impracticables. Además, los Médicis estaban forzando su regreso a Florencia, trabajando su facción y otros enemigos en contra de Savonarola, gracias al incremento de desagrado que sus peculiaridades anti-mundanas iban creando en la ciudad. Alejandro VI fue el principal factor en la etapa final de la carrera de Savonarola. El contraste entre estos dos hombres ha sido comparado con el de Cristo y Herodes o Pablo y Nerón. A través de peticiones de los magnates de los Médicis, el papa citó a Savonarola a Roma el 25 de julio de 1495, prometiéndole 'recibirle con afecto fraternal y amoroso'. Savonarola declinó obedecer, amparándose en su enfermedad y los peligros del viaje. A continuación siguieron unos breves papales, 8 de septiembre y 16 de octubre, en los que se le prohibía predicar. Durante cinco meses se abstuvo de hacerlo, pero el 17 de febrero de 1496 a petición del gobierno subió de nuevo al púlpito. Tomó la arriesgada posición de que tal vez el papa se había equivocado y que cuando hablaba como hombre y erraba, nadie estaba obligado a obedecerle. Entonces comenzó a hacer graves denuncias contra la Iglesia y la jerarquía en Roma. Alejandro intentó sobornarlo, ofreciéndole el capelo cardenalicio si se callaba, pero en vano. Savonarola seguía desde el púlpito predicando, afirmando que no llevaría mitra ni capelo cardenalicio, sino solo el color escarlata del martirio. Su asombrosa influencia sobre el pueblo se ilustra en la época de carnaval de 1494. Los muchachos que habían quedado bajo la influencia del nuevo movimiento fueron agrupados en brigadas, yendo de casa en casa y exhortando a sus moradores a entregar sus naipes, dados, libros eróticos y objetos de adorno. Marchaban por las calles cantando himnos que Savonarola había compuesto. En 1497, tuvieron lugar escenas similares y el último día de carnaval se encendió una gran hoguera en la plaza pública, donde se quemaron miles de artículos y objetos carnavalescos y mundanos. Este acto fue denominado 'la quema de las vanidades'. Florencia iba de la mano con la religión. Las esposas dejaban a sus maridos para ingresar en los conventos; otros, que seguían casados, hacían voto de continencia, soñando Savonarola que la ciudad podía alcanzar tal estado de perfección que el matrimonio cesaría. La gente comulgaba diariamente. Fra Bartolomeo arrojó al fuego sus estudios de figuras desnudas, pensando durante un tiempo que era pecaminoso usar las manos para pintar, en lugar de tenerlas unidas en oración.

Vuelco de la situación.
Con el año 1497 los problemas comienzan a acumularse alrededor del reformador florentino. Letreros insultantes comenzaron a aparecer en los muros de su convento y por toda la ciudad. Asesinos movidos por rencor y ambición política buscaban su vida. Savonarola intensificó sus denuncias de las 'fornicaciones en Italia, Francia, España y las demás regiones'. La codicia había convertido a la Iglesia en una vergonzosa ramera. Los sacerdotes reconocían abiertamente a sus bastardos como hijos. Alejandro estaba en el punto de mira, lo cual no podía tolerar más. El 12 de mayo de 1497 Alejandro excomulgó a Savonarola como 'sospechoso de herejía'. Los señores de Florencia estaban todavía con Savonarola y defendieron su causa por cartas ante la sede apostólica. El día de Navidad de 1497 el prior violó la orden papal y celebró misa tres veces y el 11 de febrero de 1498 subió de nuevo al púlpito y predicó a una inmensa concurrencia de gente, declarando que el papa podía errar, como le sucedió a Bonifacio VIII. El calor de sus proclamas aumentaba, apelando al cielo de que estaba dispuesto a ir al infierno si sus motivos no eran puros. El papa tenía todavía un arma, el entredicho, y con la misma amenazó a la desobediente ciudad. Los señores quisieron negociar, pero algunos creían que Savonarola debía guardar silencio, a fin de obtener buena voluntad de la sede apostólica para favores futuros. Sin embargo, se rechazó entregar a Savonarola, como Alejandro había pedido. La última vez que Savonarola predicó fue el 18 de marzo de 1498 y pedía la convocatoria de un concilio. Escribió cartas a los reyes de Francia, Inglaterra y otros países, solicitando su apoyo para el mismo, pero aunque fueron escritas nunca llegaron a ser enviadas.

Estatua de Savonarola en WormsFotografía de Wenceslao Calvo
Estatua de Savonarola en Worms
Fotografía de Wenceslao Calvo
El final.
En esta coyuntura se produjo un giro totalmente nuevo en la carrera de Savonarola. Florencia fue súbitamente sorprendida con la noticia de que una ordalía por fuego debía comprobar las pretensiones sobrenaturales del profeta. El franciscano Francesco da Puglia, en un sermón en Santa Croce, pronunció el desafío. Savonarola vaciló, declarando que no dependía de un milagro para demostrar sus pretensiones. Las vidas justas eran el milagro. Sin embargo, la demanda popular le obligó a aceptar el desafío. Fra Domenico, su íntimo amigo y monje en San Marcos, se ofreció para la ordalía, al igual que otros muchos. Los señores designaron un día, siendo el lugar fijado la plaza pública, donde dos enormes piras con material inflamable fueron construidas. Toda Florencia estuvo presente para el espectáculo. Los franciscanos y dominicos marcharon en solemne procesión hasta el lugar señalado. Aunque la ordalía estaba fijada para las once, hubo un retraso. Se puso la objeción de que Domenico atravesara el fuego con sus ropas sacerdotales, pues podían estar embrujadas. Los dominicos aceptaron la propuesta. La segunda objeción fue que no debía llevar ningún crucifijo ni la hostia consigo. La discusión se prolongó y la lluvia comenzó a caer, apagándose las llamas. Los señores declararon la ordalía abrogada. En ese momento, la influencia de Savonarola también se apagó, acusándole la muchedumbre de cobarde y traidor. Florencia ardía de ira. Al día siguiente el convento de San Marcos fue asaltado. La resistencia que los monjes presentaron, incluso con armas de fuego, evitó durante unas horas el final. Savonarola y dos de sus principales ayudantes, Fra Domenico y Fra Silvestro, fueron detenidos. Su primer juicio fue ante el gobierno. Alejandro les escribió para que los presos fueran enviados a Roma y si no deberían ser juzgados 'con tortura'. Las agonías de los tormentos hicieron que Savonarola confesara engaños y fechorías, las cuales negó tan pronto el delirio del sufrimiento hubo remitido. Era difícil articular acusaciones contra el monje que merecieran la muerte, pues Savonarola no era un hereje. Pero una comisión enviada por el papa, entre la que estaba Turriano, el general dominico veneciano, y el obispo Francesco Romelino, posteriormente cardenal, se las arregló para equiparar a los prisioneros con el rango de herejes. Llegaron cartas a Florencia de Alejandro, en las que pedía su ejecución 'aunque fuera otro Juan el Bautista'. Los confusos registros del juicio no permiten saber con exactitud el desarrollo del proceso. Las cartas de Romelino a Alejandro muestran que los prisioneros fueron tratados como herejes perniciosos. En los intervalos entre las torturas los presos los pasaron meditando sobre los 1 Para el director del coro. Salmo de David. En ti, oh SEÑOR, me refugio; jamás sea yo avergonzado; líbrame en tu justicia. 2 Inclina a mí tu oído, rescátame pronto; sé para mí roca fuerte, fortaleza para salvarme. 3 Porque tú eres mi roca y mi forta[…]Salmos 31 y 51. La mañana de la ejecución, 23 de mayo de 1498, los tres amigos oraron juntos, siendo su comportamiento el de humilde confianza en Cristo. La sentencia les condenaba a ser ahorcados y sus cuerpos quemados. Se pronunció la absolución. El obispo de Vasona al pronunciar la sentencia de destitución sobre Savonarola dijo: 'Te separo de la Iglesia triunfante y de la Iglesia militante', a lo que Savonarola replicó: 'De la Iglesia triunfante no. Eso está más allá de vuestro poder'. Los muchachos de Florencia apedrearon sus cuerpos mientras estuvieron colgados. Las cenizas de los tres monjes fueron arrojadas en el río Arno. La quema de los tres frailes reemplazó a la quema de los objetos de ostentación y lujo, de la misma manera que ésta había venido a reemplazar las pompas cívicas y fuegos de artificio de los Médicis.

Su carácter y obra.
Savonarola ha de ser juzgado por la rectitud de su mensaje, la entereza de sus últimas horas y el entorno que le rodeaba. Permanece como el mayor ejemplo de elocuencia en el púlpito que Italia ha dado. En una época en la que el renacimiento clásico introdujo o promovió la corrupción moral, él representó la justicia moral, en su vida privada y en el gobierno civil. Estaba inspirado por el patriotismo y la devoción de un reformador religioso, pero le faltaba la sagacidad de un estadista. Al apelar a la decisión de Alejandro VI, tomó la posición que Julio II, en su bula Cum tanto divino, 1505, justificó. Esa bula proclamaba que la elección papal conseguida mediante soborno era vacía. Si la bula fuera retroactiva, Alejandro no hubiera sido papa, pues obtuvo su cargo mediante vergonzoso soborno. El mundo se dividió entre admirar o condenar a Savonarola. Incluso dentro de la orden dominica su memoria fue durante mucho tiempo borrada, tal como hizo el general dominico Sixto Fabri de Lucca, 1585, al prohibir a los miembros de su orden mencionar su nombre o tener algún libro u objeto que lo recordara. Pero el sentimiento en la orden dominica ha cambiado, habiéndose realizado un caluroso y persistente esfuerzo por los dominicos para que su más elocuente predicador sea canonizado. Los protestantes le contemplan como un precursor de la Reforma y un visionario de una nueva era en la Iglesia. Lutero escribió un prefacio a una edición de su meditación sobre los 1 Para el director del coro. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, el profeta Natán lo visitó. Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. 2 Lávame por compl[…]Salmos 51 y 31 (1523). Rietschl le incluyó en el monumento en Worms conmemorativo de la Reforma y le puso al lado de Wycliffe y Hus como precursores. Las exposiciones de Savonarola sobre los dos salmos compuestos durante su encarcelamiento demuestran que pertenecía a la Iglesia universal. En ellas apela como pecador a la misericordia de Dios. Pero en su Triunfo de la cruz acepta los siete sacramentos y otras marcas distintivas de la Iglesia medieval. Algunos historiadores le profesan admiración, mientras que otros, aunque reconocen la sinceridad de su propósito, lo condenan por su desobediencia a Roma. El sentimiento general es que la ejecución de Savonarola fue un asesinato judicial. La ciudad de Florencia ha querido rendir un tributo a su memoria. En 1901 se colocó una inscripción en el lugar de la ejecución con una declaración sobre la 'injusta sentencia'. En la pared de su celda, en el convento de San Marcos, hay un medallón conmemorativo con la efigie del prior.