Historia
SCHERER, EDMOND HENRY ADOLPHE (1815-1889)

Poco después de ocupar esa responsabilidad, Scherer se hizo consciente de un conflicto entre las necesidades emocionales de la conciencia religiosa y las convicciones teóricas de la razón, aunque todavía creía en la posibilidad de una unión entre la teología sólida y la piedad sólida. El hombre natural, pensaba, no puede percibir las cosas religiosas; sólo la experiencia del cristiano, por la fe en Cristo y el amor a él, desvela el misterio. Relatos de "visitaciones de Cristo", ordenados en forma de diario desde el año 1848, muestran a Scherer en la cima de la trascendencia religiosa y del aspecto místico personal. Su transición de la historia a la exégesis fue fatal para su creencia; él había aceptado siempre la teoría de la inspiración verbal, suscribiendo sin reservas el Consensus Helveticus de 1655 sobre la puntuación de las vocales, pero con la percepción de que esta posición era insostenible, también su fe y teología se vieron sacudidas.
En junio de 1849 los amigos de Scherer se dieron cuenta de su malestar con su posición y antes de acabar el año había dimitido y se había despedido de sus alumnos. Pero continuó con una serie de clases libres sobre asuntos de fe que fueron de gran atracción, desde junio de 1849 a febrero de 1850, resumidos en un tratado titulado La Critique de la foi (1850). Señala las repeticiones, contradicciones, inseguridades y contingencia temporal de los escritores bíblicos, así como el hecho de que no afirmaran ser inspirados. La autoridad personal de Cristo y la de su Espíritu en los discípulos, los hechos en la conciencia religiosa del pecado y la redención, eran para él los pilares de la revelación y la fe. En ese tiempo Scherer se consideraba todavía un cristiano creyente en el pensamiento de la Reforma, pero no perduró mucho tiempo en esta postura. Su Mélanges de critique religiesue (1860) muestra un proceso de negación. Examinó el problema del pecado y la libertad que le llevó al aspecto causal de la cuestión de los milagros. Una proposición no es verdadera porque proceda de Cristo, sino que al ser su verdad afirmada en la conciencia ética, procede de Cristo. Hasta cierto punto podía justificarse a sí mismo haciendo referencia a Alexandre Vinet, pero su interés en la búsqueda de la libertad individual según su percepción subjetiva de la verdad le llevó más allá. El pecado original es una limitación de la libertad; para que Dios no sea el autor del pecado, Scherer llegó a negar el pecado original y a declarar la libertad del hombre para alcanzar la victoria por la batalla sobre un mundo pecaminoso. El mal es un bien menor, la sombra necesaria para la consumación de la armonía optimista del mundo. Para conservar la humildad bajo el sentido del pecado y el consecuente deseo de salvación, es necesario sostener la necesidad del pecado para el desarrollo humano desde el punto de vista teórico de la teodicea; pero en la práctica el pecado ha de ser considerado algo que no debería ser. De esta posición resultó un dualismo de corazón y cabeza. Scherer no pudo salir del laberinto del problema de la libertad. De la relatividad de la libertad procedió a la invariabilidad de la ley de la naturaleza hasta el punto de que ni siquiera lo sobrenatural podía mantenerse. Finalmente, Scherer se adhirió con entusiasmo a la filosofía hegeliana. Con el último paso, que no hay verdad final sino sólo verdades que se preparan ellas mismas mediante la auto-destrucción, tuvo que romper hasta con los teólogos avanzados y prominentes. Scherer se limitó a la mera explicación textual en sus clase sobre las epístolas, 1856-60, trasladándose a Versalles en 1860. Rehusó una invitación para la recién fundada cátedra de ciencia religiosa en la École des Hautes Études; se le ofreció una columna en Revue des deux Mondes, teniendo una participación distinguida.
El fruto de sus labores literarias, destacadas por su originalidad, agudeza psicológica y seriedad ética, quedó recogido en Études critiques sur la littérature contemporaine (10 volúmenes, París, 1863-95; traducción inglesa de un volumen, Essays on English Literature y History of German Literature, 5 volúmenes, Londres, 1891). Fue también coeditor de Temps desde su fundación en 1860. Realizó un excelente servicio político como mediador entre el gobierno provisional de ocupación alemana y la población, por lo que fue hecho senador vitalicio en 1872. Scherer nunca fue un oponente polémico del cristianismo. Compara la fe con la poesía, asombrosa raíz que crece por doquier, surgiendo siempre nueva del polvo para sobrevivir mientras la humanidad tenga aliento. La crisis de su fe le produjo gran sufrimiento, dejándole un corazón triste. La avalancha de maledicencia y ridículo eclesiástico y teológico la enfrentó con el silencio total o la respondió con calmada compostura y paciencia, sabiendo que su carrera era la única que le quedaba a un hombre honesto.