Historia
SCHÖNHERR, JOHANN HEINRICH (1770-1826)
Además de este círculo congregado alrededor de Schönherr, había un segundo que giraba en torno a un adelantado discípulo llamado Johann Wilhelm Ebel, quien había adoptado sin reservas las enseñanzas de su maestro. Ebel se había convertido mediante este sistema en un teólogo bíblico, predicando tras 1810 en Königsberg sobre el pecado, la gracia y la redención. Poseedor de una agradable presencia, gran capacidad oratoria y un lenguaje sencillo, se convirtió en el principal personaje del púlpito de la ciudad. Sus seguidores procedían de diversos círculos, pero principalmente de las clases altas y oficiales, un contraste con los seguidores de Schönherr que incluían estudiantes y clases humildes. Schönherr era la autoridad espiritual suprema en su entorno. La separación de los dos círculos surgió por la introducción del principio de flagelación por parte del maestro, basándose en Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.[…]Gálatas 5:24; Anhelaba mi alma, y aun deseaba con ansias los atrios del SEÑOR; mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo.[…]Salmos 84:2; Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha.[…]1 Corintios 13:3 y Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre;[…]Hebreos 12:4, que era el "sacrifico agradable" de Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional.[…]Romanos 12:1. Si no se ofrecía este sacrifico se demandaba el martirio o sufrimientos cruentos. Ebel se opuso a esta idea y la amistad personal de los dos personajes se resquebrajó, aunque Ebel todavía mantenía la enseñanza de su maestro. Tras un viaje a San Petersburgo en 1823-24, Schönherr perdió su salud, que se vio más mermada por los castigos auto-infligidos, muriendo al poco tiempo.
Su sistema unía una profunda sensibilidad religiosa con una seriedad filosófica, aunque en sí mismo no era sino una confusa filosofía dualista de la naturaleza que no habría tenido más interés de no haber sido por el proceso judicial llevado a cabo en 1835-41 en Königsberg, un interés que no feneció a causa del secretismo que cubrió los procedimientos. El pensamiento de Schönherr comenzó con un crudo dualismo, al enfrentar dos poderes primitivos, uno activo y masculino y otro pasivo y femenino, poseyendo ambos intelecto, voluntad, forma y color; fueron denominados fuego y agua o luz y tinieblas. De su unión se originó el universo, incluyendo a Dios, pues el sistema no es meramente una cosmogonía, también es una teogonía. Mediante una exégesis adaptada de la doctrina de la Trinidad y del relato bíblico de la creación, procuró justificar su sistema para que estuviera de acuerdo con la revelación. El relato de la creación fue seguido por un capítulo sobre la caída. El mal surgió de la caída de Lucifer, un ser de luz creado por Dios, quien por envidia incitó a la primera pareja a desobedecer a Dios; al comer del fruto del árbol del conocimiento se introdujo en la naturaleza impecable del hombre el poder de las tinieblas; la muerte y la miseria fueron la herencia del hombre, transmitiéndose como pecado original a sus descendientes. El pecado hizo necesaria la redención, restaurándose por ella la armonía de las potencias primitivas y sus métodos de trabajo. Este proceso fue introducido por Jesucristo, en quien la ley de la justicia está incorporada y la acción de Lucifer queda abolida, siendo liberado el mundo del mal. La ley de justicia basada en Cristo procede de él y pasa a las "naturalezas primordiales" (Hauptnaturem), que son completadas por el Espíritu Santo, en quien Cristo está presente; por su mediación esta ley pasa a las "naturalezas secundarias", siendo en las primeras la luz dominante y en las segundas la oscuridad, que debe ser combatida mediante la lucha, el ayuno, la vigilancia, la oración y el combate, haciéndose sitio de este modo para la luz. Mediante este modo de razonar, Schönherr cayó en una nueva justicia de la ley. Al igual que ignoró e incluyó parcialmente los hechos de la vida de Cristo, no dio lugar a la enseñanza de Pablo sobre la justicia que surge de la fe, efectuándose la redención por medio del conocimiento, a la manera que habían enseñado los gnósticos.
La escatología tenía un importante lugar en el sistema. La segunda venida de Cristo se consideraba inminente, ya que el actual es el séptimo (y último) periodo del desarrollo del reino de Dios. Para este teósofo los terribles sucesos que siguieron al estallido de la Revolución Francesa presagiaban el final; Napoleón era el Anticristo, el reino milenial estaba cerca y Königsberg con sus siete colinas era la ciudad de Aquí está la mente que tiene sabiduría. Las siete cabezas son siete montes sobre los que se sienta la mujer;[…]Apocalipsis 17:9. Con la parousia se consumaría el reino.
Ebel proclamó en el púlpito los principios fundamentales del cristianismo evangélico, pero en su círculo íntimo de discípulos la cura de almas estaba basada en la antropología de Schönherr. Aunque este círculo era pequeño, tenía influencia. Se subrayó la doctrina de la naturaleza primordial y secundaria, junto con la importancia del conocimiento. Las naturalezas secundarias serían guiadas al auto-conocimiento, que sería consumado por la expresión abierta de sus más secretos pensamientos, especialmente de sus pecados, lo que permitía a su vez a los ministros pre-ordenados de las almas dar consejo, por el que el proceso de redención se promovería. De este modo Ebel obtuvo un inusitado poder sobre las almas, lo que causó la repulsa de algunos de sus primeros oyentes, entre los cuales estaba Hermann Olshausen, oposición que se extendió, expresándose en el encausamiento judicial de Ebel.