Historia

SCROPE, RICHARD (c. 1350-1405)

Richard Scrope, arzobispo de York, nació hacia 1350 y murió ejecutado en esa ciudad el 8 de junio de 1405.

Richard Scrope, misal en la catedral de York
Richard Scrope, misal en la catedral de York
Era el cuarto hijo de Henry, primer barón Scrope de Masham y de su esposa Joan, siendo ahijado de Richard, primer barón Scrope de Bolton, quien se refiere a él en su testamento como 'mi muy querido padre e hijo'. Por tanto fue tío de Henry le Scrope, tercer barón Scrope de Masham, ejecutado en 1415. Se dice que se graduó en artes en Oxford y en derecho en Cambridge, pero no hay prueba de la primera afirmación. En 1375 se licenció en derecho civil y en 1386 era doctor en derecho civil y canónico. Su tío de Bolton le presentó a la rectoría de Ainderby Steeple, cerca de Northallerton, en 1367, pero no fue ordenado diácono hasta 1376. En noviembre de 1375 era oficial del obispo Arundel en Ely y en 1376 supervisor de la capilla en Tickhill Castle, entonces en manos de John de Gante. Ordenado sacerdote en 1377, se dice que tuvo una canonjía en York y al año siguiente era canciller de la universidad de Cambridge. En 1382 fue a Roma, siendo nombrado auditor de la curia. Nombrado deán de Chichester (¿1383?), una bula papal a la muerte de William Rede o Reade, en agosto de 1385, le proporcionó a Scrope esa sede, eligiéndolo al parecer los canónigos. Pero el rey insistió en poner a su confesor, Thomas Rushhook, obispo de Llandaff. Scrope estaba todavía en Roma y fue propuesto como notario de la curia el 28 de abril de 1386. Urbano VI le promovió por una bula dada en Génova el 18 de agosto de ese año al obispado de Coventry y Lichfield, consagrándolo al día siguiente. Las temporalidades le fueron devueltas el 15 de noviembre. En agosto de 1387 fue instalado en presencia de Ricardo II, jurando recuperar los territorios perdidos de la sede y abstenerse de enajenaciones. 'Desde luego' dijo Ricardo, 'habéis tomado un gran juramento, mi señor'. Fue en misión a Escocia en 1392 y ejerció como mantenedor de la tregua con ese país en 1394. En 1397 viajó a Roma para procurar el consentimiento del papa al acariciado plan de canonizar a Eduardo II. El rey pasó el invierno siguiente con él en Lichfield en su camino al parlamento de Shrewsbury. A la muerte de Robert Waldby, arzobispo de York, Ricardo ignoró la elección del capítulo y a su solicitud el papa trasladó a Scrope allí por bula de 2 de junio de 1398.

Consintiendo con la revolución de 1398, Scrope fue miembro de la comisión parlamentaria que fue a la Torre el 29 de septiembre y recibió la renuncia de Ricardo a la corona. Al día siguiente en el parlamento, tras un alocución sobre el texto: 'He puesto mis palabras en tu boca', leyó este sometimiento, y a continuación se unió al arzobispo de Canterbury en la entronización del nuevo rey. Cuando Enrique, en su expedición escocesa en el verano de 1400, se encontró presionado financieramente, Scrope se ocupó de suplir la falta. Sin embargo, su lealtad se había visto sacudida por el descontento de los Percys, con quienes estaba estrechamente relacionado. No sólo fueron generosos benefactores de su catedral, sino que su joven hermano, John, se había casado con la viuda del segundo hijo de Northumberland, y su hermana Isabel era la esposa de Sir Robert Plumpton de Plumpton, un rico terrateniente de Northumberland, cerca de Spofforth. Hardyng, un criado de los Percys, afirmó, tras la muerte de Scrope, que se embarcaron en el levantamiento de 1403 'por el buen consejo de maese Richard Scrope.' Pero no parece que les diera ningún apoyo manifiesto. De hecho, apelaron en su manifiesto a su testimonio de que habían procurado en vano la reparación pacífica de sus perjuicios, pero unieron su nombre con el del arzobispo Arundel. Cuando Enrique llegó a York para recibir la sumisión de Northumberland, Scrope celebró una misa mayor en la catedral. Es difícil relacionar su presencia (con sus sufragáneos) en el traslado de los huesos de John de Bridlington el 11 de mayo de 1404 con la traicionera interpretación dada dos años antes a las oscuras profecías atribuidas a este personaje. Enrique mismo había otorgado entre tanto grandes privilegios en honor del 'glorioso y bendito confesor.'

Scrope se unió al primado al resistir firmemente la expoliación de la iglesia propuesta por el 'olvidadizo parlamento' de octubre de 1404. Hay quien cree que asistió a un consejo de los lores descontentos en Londres, como muy tarde en Pascua (19 de abril) de 1406; pero ello supone estirar demasiado las palabras de Hardyng (página 362). Sin embargo, es cierto que al tomar las armas en York en mayo, Scrope actuaba en concierto con Northumberland y Bardolf, que se aprovecharon de la partida de Enrique a Gales para llevar el nivel de rebelión más allá del Tyne. Uno de los lores rebeldes, Thomas Mowbray, estaba con él. El arzobispo primero se aseguró del apoyo local al hacer circular privadamente una acusación dañina para el gobierno de Enrique, que él declaraba estar dispuesto a apoyar hasta la muerte. Esparció sombras muy reales sobre la administración de Enrique y el conocido descontento que habían excitado, unido al elevado carácter de Scrope, dio razón a esperar que el levantamiento sería general. Asegurado del apoyo del ejército, empapeló York con el manifiesto de los descontentos en inglés. Tras una protesta contra celebrar el parlamento en lugares como Coventry bajo influencia real e interferencia en la libre elección, se propusieron tres encabezamientos de reforma. Los estamentos del reino, particularmente el clero, serían tratados con menos injusticia, los nobles quedarían libres del temor de ser destruidos y las pesadas cargas tributarias serían aliviadas. Si esas reformas se efectuaban, tenía la garantía de los rebeldes galeses de que Gales se sometería quietamente al dominio inglés. El procedimiento previsto siguió al precedente de las demostraciones armadas contra Ricardo II por la compensación de los agravios en los que Enrique mismo había quedado envuelto. Si Scrope mismo fue el autor de otro y más largo manifiesto que le fue atribuido, no iba a quedarse contento con menos que la destitución de un 'rey perjuro' y la restauración de la 'línea correcta.'

Scrope colocó su manifiesto en la catedral y el clero vecino en sus iglesias. Nobles y plebeyos, sacerdotes y villanos acudieron armados a York. La ciudadanía se levantó como un solo hombre. El arzobispo apareció entre ellos en armadura, exhortándolos y animándolos a permanecer firmes, con la promesa de indulgencia, y, si caían, recibirían plena remisión de pecados. Se había acordado un 'día señalado' con Northumberland, pero el rápido movimiento del conde de Westmoreland y el segundo hijo del rey, John, guardianes de las marcas escocesas, deconcertaron sus planes. El 27 de mayo, Mowbray, Scrope y su sobrino, Sir William Plumpton, se pusieron al frente de su 'turba sacerdotal' que pronto creció hasta los 8.000 hombres, bajo la bandera de las cinco llagas, para unirse a las fuerzas reunidas en el campo de Mowbray, cerca de Topcliffe. Pero en Shipton Moor, a unos diez kilómetros al noroeste de York, al lado del bosque de Galtres, se encontraron con el ejército real. Westmoreland, no dando importancia a atacar con un número inferior, se dice que esperó tres días y luego recurrió al engaño. Envió para inquirir la causa de todo este aparato de guerra. Scrope replicó que su objeto era la paz, no la guerra, y le envió una copia de su manifiesto. El conde simuló aprobar su contenido y propuso una conferencia personal con el arzobispo entre los ejércitos. Scrope aceptó y tomó al reacio Mowbray con él. Westmoreland le aseguró que nada podía ser más razonable que sus propuestas y que haría cuanto pudiera para conseguir que el rey las adoptara. Se dieron la mano para concluir este final feliz y el conde propuso que bebieran juntos como señal a sus seguidores de su acuerdo. Una vez hecho esto, sugirió que al haber acabado todo, Scrope podía enviar a sus agotados hombres a sus hogares. Bastante convencidos, comenzaron a dispersarse. Scrope no se dio cuenta de que había sido engañado hasta que Westmoreland puso sus manos sobre su hombro y formalmente le arrestó. Este relato está respaldado por escritores contemporáneos con los sucesos; pero Otterbourne, que escribió bajo Enrique V, pretende que la rendición fue voluntaria. Otra versión, basada en el informe de un testigo, atribuye la traición a Lord Fitzhugh y al hijo del rey, John de Lancaster, duque de Bedford. Scrope y sus acompañantes fueron enviados a Pontefract para esperar la decisión del rey, que se apresuraba desde Gales. A su llegada Scrope solicitó una entrevista, que Enrique rechazó, enviando a Sir Thomas Beaufort a tomar su báculo, a lo que renunció tras una dura disputa, declarando que nadie podía privarle de ello sino el papa, que se lo había dado. Determinado a que York fuera testigo del castigo de quienes le habían incitado a la traición, Enrique llevó a sus prisioneros (8 de junio) a la propiedad de Scrope en Bishopthorpe, a unos cinco kilómetros al sur de la ciudad. Antes de dejar Pontecraft había designado una comisión, incluyendo a Beaufort y el juez Gascoigne, para juzgar a los rebeldes, a los que añadió al conde de Arundel y otros cinco pares. Arundel y Beaufort recibieron facultad de ejercer como diputados del ausente condestable. El juicio se fijó para el lunes 8 de junio. El arzobispo de Canterbury, que llegó apresuradamente esa mañana, para reprobar cualquier tratamiento sumario a un gran prelado de la Iglesia, fue persuadido por el rey a que descansara, pues nada se haría sin su cooperación. Pero Enrique estaba profundamente airado contra Scrope y Lord Arundel y Beaufort hicieron todo lo que pudieron para que su ira no se apaciguara. Llamó a Gascoigne para que dictara sentencia sobre Scrope y sus compañeros de traición. El juez, que conocía la ley, se negó a juzgar al prelado. Otro miembro de la comisión, Sir William Fulthorpe, hombre entendido en leyes, aunque no era juez, fue instruido para que actuara como presidente. Mientras el rey y el arzobispo Arundel estaban desayunando, los tres prisioneros fueron llevados ante Fulthorpe, Arundel, Beaufort y Sir Ralph Ener, declarando Fulthorpe a los tres culpables de traición y sentenciándolos a muerte.

Ejecución de Richard ScropeIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Ejecución de Richard Scrope
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Scrope repudió cualquier intención de injuriar al rey o al reino y suplicó a los presentes que oraran para que la venganza de Dios por su muerte no cayera sobre el rey y su trono. No se perdió tiempo en ejecutar esta apresurada e irregular sentencia. Vestido con una capa y capucha roja y montado a pelo en un caballo 'que apenas valía 40 peniques' Scrope fue conducido a York con sus dos compañeros de desgracia. No pronunció amenazas ni excomuniones sino que fue cantando el Salmo Exaudi. Animó al joven y tambaleante Mowbray y le dijo al médico del rey, un antiguo conocido, que ya no necesitaría su medicina. Justo bajo las murallas de York, la comitiva giró hacia un campo perteneciente al convento de monjas de Clementhorpe. Era la fiesta de St. Williams, patrón de York, y el pueblo acudió en tropel al lugar de la ejecución, pisoteando el maíz, a pesar de las protestas de los dueños y la vana petición de Scrope de que la escena se trasladara al camino alto. Mientras sus compañeros esperaban su muerte, Scrope oró y señaló a los congregados que moría por las leyes y buen gobierno de Inglaterra. Cuando llegó su turno, suplicó al verdugo que descargara cinco golpes en su cuello en recuerdo de las cinco sagradas llagas; le besó tres veces y encomendó su espíritu a Dios, poniendo su cuello para el golpe fatal. Al caer su cabeza en el quinto golpe una débil sonrisa, según algunos, todavía se apreciaba en sus facciones.

Con el permiso del rey, sus restos fueron llevados por cuatro de los vicarios del coro a la capilla de la Virgen en la catedral, donde fueron enterrados detrás de la última columna al nordeste, en el punto que sería el lugar de enterramiento de su familia. Pronto los descontentos habitantes de York elevaron a su dirigente caído, el primer arzobispo muerto como traidor, a la categoría de mártir. Los milagros comenzaron a sucederse en su tumba, siendo tanta la concurrencia que tras tres meses el gobierno cubrió la tumba con maderas y pesadas piedras para impedir a la gente que se acercara, lo cual dio origen a una nueva leyenda, de que un anciano a quien Scrope en una visión mandó remover los obstáculos, levantó pesos que apenas habrían podido hacerlo tres hombres fuertes. Posteriormente la prohibición de traer ofrendas a la tumba fue anulada, siendo destinadas a la reconstrucción de la gran torre. Al haber evitado Enrique la amenazada excomunión papal, Scrope nunca recibió reconocimiento eclesiástico como santo o mártir, a pesar de las apelaciones de la convocación de York en 1462. Pero fue popularmente conocido en el norte como San Richard Scrope, bajo cuya invocación los misales contenían oraciones a él como 'gloria de York' y 'mártir de Cristo'.

Del elevado carácter de Scrope, circunspección, pureza de vida y maneras agradables, dan testimonio los escritores más proclives al rey. Walsingham habla ambiguamente de su 'incomparable conocimiento de literatura.' Su manifiesto, preservado sólo en una traducción latina, fue malo para el oído popular, y la crítica del traductor de lo 'bárbaro e inelegante' de su original es probablemente un reflejo en la lengua inglesa, más que del propio estilo de Scrope. Un escritor posterior de York le atribuye varias secuencias y oraciones en uso en la catedral. Fue durante el arzobispado de Scrope que la reedificación del coro, en desuso desde la muerte del arzobispo Thoresby, se reanudó y terminó.