Historia

SECRÉTAN, CHARLES (1815-1895)

Charles Secrétan, protestante suizo, nació en Lausana el 18 de enero de 1815 y murió allí el 21 de enero de 1895.

Charles Secrétan
Charles Secrétan
Educado en Lausana y Munich, fue en 1838 profesor asociado de filosofía en la academia (tras 1891 universidad) de Lausana, donde fue promovido a profesor titular tres años después. En 1845 fue uno de los profesores suspendidos por los radicales durante la revolución de Vaud, por lo que tuvo que impartir sus clases privadamente, hasta que en 1850 fue llamado a la academia de Neuchâtel. Sin embargo, en 1866 fue vuelto a ser llamado a Lausana donde pasó el resto de su vida. Su idea del universo, según se desprende de sus escritos, es triple: filosóficamente pasó de la posición de Schelling y Baader a la de Kant; teológicamente abandonó toda especulación positiva por una dogmática de conciencia ética basada en la filosofía de Kant y sociológicamente su postura fue original, aunque ejerció poca influencia.

Su obra Philosophie de la liberté (2 volúmenes, París, 1849) postula la identidad del principio del ser con la Deidad, que es libre en auto-limitación y dotada con espíritu y voluntad. El hombre, libre para tomar sus propias decisiones, prefirió la independencia voluntariamente, que usó en favor del mal, explicándose esta elección por la teoría de una caída preexistente. Sin embargo, en lugar de permitir que el mal se saliera con la suya, el Creador planeó una vuelta a la redención, el propósito original de la creación, al engendrar un tipo perfecto de humanidad (el Hijo de Dios), cuyos sufrimientos, que representan el dolor del hombre a consecuencia del pecado, causaron una reacción que se llevó a cabo en la historia cristiana, cuyo fin es la vida eterna de la humanidad emancipada. En las dos ediciones posteriores de esta obra (1866, 1879) Secrétan procuró adaptar su antiguo texto a sus ideas cambiantes, pero el intento fue imposible y sus nociones éticas y religiosas recibieron nueva forma en Recherches de la méthode qui conduit à la vérité sur nos plus grands intéréts (Neuchâtel, 1857), La Raison et le christianisme (París, 1863), Discours laiques (1877), Religion et théologie (1883), La Civilisation et la croyance (Lausana, 1887) y el póstumo Essais de philosophie de littérature (1896). Pero a pesar de todas sus oscilaciones de posición, mantuvo firmemente los dos principios de libertad y deber, aunque sometió toda derivación del cosmos de un único principio. Para él la religión no era la aceptación acrítica de una suma de datos, ni la observancia de ciertos ritos, ni el sentimiento poético, sino la obediencia a la ley moral en el corazón del hombre, entendida como la operación de una fuerza personal fuera de él. Por tanto, su actitud hacia el dogma puede describirse como de indiferencia creciente, especialmente en lo relativo a la posición moral del hombre; además rechazó totalmente la doctrina de la inspiración plenaria, de la uniforme importancia de todos los libros de la Biblia y del sacrifico vicario en la muerte de Cristo, dándole, al igual que a la resurrección y ascensión, un significado marcadamente simbólico. Igualmente rechazó los principios del castigo eterno y la creencia en los milagros, dudando en ocasiones de la inmortalidad personal. Personalmente prefirió las iglesias libres a las estatales, aunque sostuvo que la Iglesia había fracasado en suplir las demandas de los tiempos modernos, defendiendo una mayor familiaridad con la cultura moderna por parte de los ministros, con una intensificación de la obra práctica y menos énfasis en los problemas puramente teológicos.

Poco después de la publicación de su segunda gran obra, Principe de la morale (Lausana, 1883), Secrétan centró su atención especialmente en la sociología, tratando en Civilization et la croyance, como ya se ha dicho, su tema desde el triple punto de vista de la filosofía, teología y sociología, mientras que las ideas políticas y económicas recibieron atención casi exhaustiva en Le Droit de la femme (París, 1887), Études sociales (1899), Les Droits de l'humanité (1890) y Mon Utopie (1882). Por otro lado, procuró para las masas la prosperidad del desarrollo económico de siglos que les había sido quitada, por la desigual división de la propiedad y el favoritismo de clase y por otro, apartándose del socialismo, subrayó la desigualdad natural e inherente de los individuos y su derecho a diferentes grados de riqueza y salario. Defendió vigorosamente el trabajo colectivo, las entidades de ahorro, los seguros de vida, accidentes y pérdida de empleo, al igual que la emancipación de la mujer, para lo cual luchó con el conocimiento técnico de un economista político y los motivos de un moralista y amigo del pueblo.