Historia

SEMLER, JOHANN SALOMO (1725-1791)

Johann Salomo Semler, pionero alemán en la crítica bíblica, nació en Saalfeld el 18 de diciembre de 1725 y murió en Halle el 4 de marzo de 1791.

Johann Salomo Semler
Johann Salomo Semler
Su padre era archidiácono en Saalfeld e introdujo al hijo en los círculos pietistas en su temprana juventud. Pero el joven Semler, ya un amplio lector y poseedor de una memoria poco común, sintió pronto un profundo desafecto hacia todas las formas de pietismo, siendo gradualmente, sin embargo, consciente de su objeción fundamental a este movimiento. En la universidad de Halle, que visitó en 1743, se sintió atraído especialmente hacia Siegmund Jakob Baumgarten, cuya erudición le apeló, tomándole como su profesor de graduación en 1750. En el mismo año se convirtió en profesor no asalariado en el instituto en Coburgo, donde enseñó árabe y fue también editor de Staats und Gelehrtenzeitung. En el año 1751 recibió un llamamiento para un profesorado en historia y poesía latina en Altdorf. Pero en 1752, a instancias de Baumgarten, fue llamado a Halle como profesor de teología, lo que le abrió un campo de provechosa labor para su talento. Tras la muerte de Baumgarten (1757) su desarrollo fue más libre y espontáneo y unos pocos años más tarde ya era uno de los teólogos más célebres de Alemania.

La investigación crítica de Semler se dirigió primero a toda la Escritura. Lo que se propuso era inédito en la teología alemana, aunque no había duda de su derecho a hacer de la Escritura objeto de investigación científica. Sus investigaciones bíblicas tenían que ver con la transmisión y la naturaleza del texto. Pronto llegó a creer en varias revisiones del texto del Nuevo Testamento, procurando según ciertas normas más seguras determinar el valor de los manuscritos particulares y discernir la importancia de las citas patrísticas. Esta nueva actitud respecto al texto supuso el principio germinal para una nueva evaluación del canon. A este problema dedicó Abhandlung von der freien Untersuchung des Kanons, nebst Antwort auf die tübingische Vertheidigung der Apokalypsis (4 partes, 1771-76). Llegó a reconocer el hecho de que el canon del Antiguo Testamento, como el del Nuevo, pasó por un desarrollo histórico y surgió gradualmente, por lo que no pasa por "inspirado" en el sentido tradicional y no tiene, por tanto, la "autoridad" consecuente que se le ha atribuido. Este principio de libertad de los cristianos para tratar con el canon, suponía el objetivo añadido de obtener un criterio para calibrar el valor de las partes constituyentes de tal colección, ofreciendo como tal la prueba de la presencia en los libros del espíritu de Cristo. Esto le llevó a reconocer en el Antiguo y Nuevo Testamento dos etapas de religión, la nacional judía y la religión universal del cristianismo, lo que abría el camino para una explicación totalmente nueva de la Escritura. Estableció el punto de que la doctrina de Jesús y los apóstoles contiene conceptos judíos de valor meramente sincrónico. El problema de la exégesis científica es determinar lo que pertenece a esos elementos "locales" y "temporales". Ya en 1760 dio expresión a esas máximas y aplicó lo mismo en De dæmoniacis quorum in evangeliis fit mentio (Halle, 1760). Semler desarrolló además la idea de usar el Talmud y los apócrifos en la exégesis.

Con Semler comienza una nueva época en la historia eclesiástica. Sus trabajos históricos se demuestran tanto como editor (Tertulliani opera, 6 volúmenes, Halle, Apparatus ad libros symbolicos ecclesiæ Lutheranæ, 1775) y como crítico (Commentarii historici de antiquo Christianorum statu, 2 volúmenes, 1771; Versuch eines fruchtbaren Auszuges der Kirchengesichte des N. T., 3 volúmenes, 1773-78). Sus principios directrices incluyen el regreso constante a las fuentes, la importación de factores puramente naturales en la historia de la Iglesia, el empleo de la psicología para ayudar a entender la historia y el reconocimiento de que el desarrollo tuvo lugar en la historia de la Iglesia. Este nuevo modo de investigación mostró su creación más pronunciada en la esfera del dogma eclesiástico. Una de las tesis más importantes de Semler fue su distinción entre teología y religión. Por medio de esta distinción dio libre curso a su crítica y por tanto liberó a la investigación científica del odio teológico, siendo su propósito lidiar con la fe cristiana misma. Otra idea principal suya es que en todas las épocas ha habido diversidad de ideas teológicas y religiosas y que esta discrepancia existe de derecho. Consecuentemente todos los esquemas doctrinales son meros intentos de captar la verdad, con el resultado de que la práctica de evaluar el dogma de una iglesia propia en distinción al de otras comunidades eclesiásticas ya no puede sostenerse, desvaneciéndose el fundamento para una propaganda entre adherentes de una confesión extraña e incluso el abismo entre cristianismo y religiones no cristianas disminuye por la coordinación de todo el plan cósmico divino. El objetivo de definir el valor y alcance efectivo de la teología reconocida por la Iglesia y la relación de esta doctrina eclesiástica para reafirmar la libertad del individuo, procuró resolverlo distinguiendo la religión pública, es decir, las regulaciones cristianas en forma de ordenanzas externas, de la religión privada, es decir, las convicciones religiosas particulares del cristiano.

Semler provocó gran sorpresa entre sus contemporáneos por su actitud hacia la vida práctica de la Iglesia. Cuando la agitación producida por los "fragmentos de Wolfenbüttel" llegó a su pináculo, Semler se propuso contradecir a los "fragmentistas" con agudas polémicas. La actitud de Semler en diversas disputas fue el resultado necesario de los pensamientos fundamentales de su teología. Sin embargo, él no fue un constructor ni definió claramente las consecuencias de sus propios postulados formales. De hecho, a veces se queda corto de ejercer la objetividad que demandaba abstractamente y su interés directo era mucho más pronunciado que lo que personalmente admitió. Era más accesible a los sentimientos conservadores de lo que podía esperarse, especialmente en sus trabajos como crítico. Similarmente, la misma pesadez de su estilo se debe a su continua batalla con nuevo material y a su incapacidad para esperar a publicar hasta que hubiera dominado completamente el asunto. Su mérito auténtico yace en ayudar a pilotar a la teología en una nueva fase de desarrollo, importando a la teología el modo histórico de contemplación. En su década final la actividad literaria de Semler muestra un cambio en sus intereses, al estar ocupado con ciencias naturales, alquimia, teosofía mística y masonería (Unpartheiische Sammlung zur Geschichte der Rosenkreuzer, 4 partes, Leipzig, 1786-88). Al mismo tiempo no abandonó la teología (Letztes Glaubensbekenntnis, 1792).