Historia

SEPTIMIO SEVERO (146-211)

Septimio Severo, emperador romano, nació en Leptis, en la costa septentrional de África, el 11 de abril de 146 y murió en Eboracum (York), Inglaterra, el 4 de febrero de 211. Fue emperador entre 193 y 211.

Septimio Severo, busto de mármol, c. 200 d. C. Museo Altes, Berlín
Septimio Severo
Su familia era de rango ecuestre y el año 172 parece que fue nombrado senador por Marco Aurelio. En 190 era cónsul y al año siguiente recibió de Cómodo el mandato de las legiones germanas en Panonia. Al asesinato de Pertinax por las tropas en 193, el ejército proclamó a Septimio emperador, tras lo cual se apresuró a ir a Italia tomando posesión de Roma sin oposición. Sin embargo, los legionarios de Siria proclamaron a Pescenio Níger emperador y los de Bretaña a Albino, siendo solo tras guerras sangrientas que Septimio pudo hacerse con el poder del mundo romano. Con él comienza la serie de emperadores militares y el lema de su vida fue su exhortación en el lecho de muerte a sus hijos: "Trabajemos". Todo su reinado se dedicó al bienestar del imperio, aunque finalmente sucumbió en una campaña contra los caledonios. Firme, sabio y enérgico, Septimio restauró la paz al imperio tras el desgobierno de Cómodo y las guerras civiles. Ningún emperador antes de Constantino fue tan importante para el desarrollo del derecho romano.

Se asume generalmente que Septimio fue amistoso hacia los cristianos hasta el año 202, cuando, por alguna razón desconocida, se convirtió en su enemigo y perseguidor. Esto se apoya en una interpretación incorrecta de las palabras de su biógrafo Espartiano: "En su viaje [por Tierra Santa en 202] estableció muchas leyes para los habitantes; prohibió que los judíos fueran puestos bajo duro castigo, pero sancionó esto en el caso de los cristianos." Realmente no se trataba de una nueva ley, sino sólo de reforzar las leyes existentes, con la intención de frenar la propaganda cristiana más que comenzar una persecución general. Tampoco fue una persecución amplia y hay muchas evidencias de que no sólo no fue personalmente hostil a los cristianos, sino que incluso los protegió contra el populacho. Sin duda había cristianos en su propia casa y en su reino la Iglesia en Roma gozó de paz casi absoluta. Por otro lado, algunos oficiales individuales se aprovecharon de las leyes para proceder con rigor contra los cristianos. Naturalmente el emperador, con su estricta concepción de la ley, no impidió tal persecución parcial, que tuvo lugar en Egipto y la Tebaida, así como en el África proconsular y en el este. Los mártires cristianos fueron numerosos en Alejandría (comp. Clemente, Strom., ii. 20; Eusebio, Hist. eccl., V, xxvi, vi, i. sqq). No menos severas fueron las persecuciones en África, que parecen haber comenzado en 197 o 198 (comp. Tertuliano, Ad martyres) e incluyeron a los cristianos conocidos en el Martirologio romano como los mártires de Madura. Probablemente en 202 o 203 Perpetua y Felicidad sufrieron por su fe. La persecución surgió de nuevo durante un corto tiempo bajo el procónsul Escápula en 205, especialmente en Numidia y Mauritania. Relatos posteriores de una persecución en la Galia, especialmente en Lyón, son legendarios. En general se puede decir que la posición de los cristianos bajo Septimio Severo fue la misma que bajo los Antoninos; pero la ley de este emperador al menos muestra claramente que el rescripto de Trajano había fracasado en su propósito.