Historia

SERVACIO

Servacio fue un obispo galo del siglo IV. Aparece entre los presentes en el sínodo de Sárdica de 347, siendo aparentemente idéntico con uno de los enviados de Magnencio a Constancio en 350, al igual que con el Servacio, obispo de Tongres, que valientemente defendió la ortodoxia atanasiana en el sínodo de Rímini en 359. Por otra parte es dudoso si asistió a un sínodo provincial que se dice se celebró en Colonia en 346. Según Gregorio de Tours (Historica Francorum, ii. 5; comp. De gloria confessorum, lxxi) un tal Servacio o Arvacio (siendo la segunda lectura preferible) fue obispo de Tongres hacia el tiempo de las invasiones hunas bajo Atila. Al conocer la proximidad de los bárbaros, peregrinó a Roma para evitar por oraciones en la tumba de San Pedro la destrucción que amenazaba a Tongres, recibiendo el mandato divino de regresar a su sentenciada ciudad. Obedeció y se trasladó a Maastricht, donde murió en 450, un año antes de que Tongres fuera saqueada por los hunos. Sin embargo, parece que la invasión huna ha sido confundida en este caso con alguna incursión bárbara anterior.

Una tradición muy antigua de la iglesia en Maastricht especifica que el 13 de mayo de 384 fue la fecha de la muerte de Servacio de Tongres, convirtiéndose pronto su tumba en lugar favorito de peregrinación, siendo en 562 trasladados sus restos a una iglesia construida en su honor. En 726, tras la victoria de Carlos Martel sobre los sarracenos en el día de San Servacio, los huesos del santo encontraron su lugar de descanso final, aunque sus reliquias se esparcieron por varias partes, como Duisbirg, Worms y especialmente Quedlinburg. En el arte medieval Servacio es representado ensombrecido por un águila volando sobre él o yacente en una tumba con tres herraduras de madera, los instrumentos tradicionales de su martirio.