Historia
SERVET, MIGUEL (1511-1553)
- Primeros años
- Médico y erudito clásico
- Sistema teológico
- Juzgado por la Inquisición
- Ante el tribunal de Ginebra
- Ejecución y reacciones

el Joven. Biblioteca Nacional, París
Quería ser jurista y estudió primero en Zaragoza, siendo en 1525 amanuense del capellán real Juan de Quintana, a quien acompañó a Toulouse en 1528. Aquí continuó con sus estudios legales y también se despertó su interés en la Biblia, reuniéndose con algunos de sus compañeros en lecturas privadas y sumergiéndose en los escritos de Melanchthon y Pablo de Burgos. En febrero de 1530 asistió a la coronación de Carlos V en Bolonia, con Quintana, y luego acompañó a su protector, quien había llegado a ser confesor del rey, a Alemania. Aunque no hay fundamento para sostener que conoció personalmente a Lutero, no es imposible que estuviera con Bucero en Basilea en el otoño de 1530, aunque el único hecho demostrado es que se encontró con Ecolampadio en octubre de ese año. Para ese tiempo, el antitrinitarismo de Servet ya estaba plenamente desarrollado, hasta el punto que ocasionó el rechazo incluso del gentil Ecolampadio, yéndose a Estrasburgo, donde fue recibido por Capito y Bucero. Cuando en 1531 imprimió en Hagenau De Trinitatis erroribus libri septem, Ecolampadio intentó que los escritos de Servet fueran oficialmente suprimidos, mientras que Zwinglio publicó un encarecido aviso contra la línea del español. En Dialogorum de Trinitate libri duo, con su apéndice, De justicia regni Christi et de caritate capitula quatuor (Hagenau, 1532) quiso evitar la desfavorable impresión de su obra previa, haciendo ciertas concesiones, aunque manteniendo que ni la Iglesia antigua ni los reformadores entendían la Biblia, declarándose incapaz de estar de acuerdo o en desacuerdo completamente con ninguna parte.

Decepcionado en sus planes de largo alcance, Servet se fue de Alemania y, dejando sus propósitos teológicos para mejor ocasión, se entregó al estudio de la medicina en París, tomando el nombre de Villanueva, del nombre de la ciudad natal de su padre, Villanueva en Aragón. En 1534 dejó París y vivió durante algunos años en Lyón, donde se ganó la vida parcialmente como lector de pruebas, publicando una nueva edición de Ptolomeo (Lyón, 1535), pero en 1537 regresó a París obteniendo fama como médico y escribiendo allí Syruporum universa ratio, ad Galeni censuram diligenter expolita. Cui post integrant de concoctione discerptionem præscripta est vera purgandi methodus, cum expositione aphorismi: concocta medicari (París, 1538). Sus ideas sobre el valor jurídico de la astrología las expresó en Apologetica disceptatio de astrologia (París, 1538), que atrajo sobre él graves acusaciones de la universidad de París, obligándole a dejar la capital y marcharse a Charlieu, donde practicó la medicina durante el corto lapso de tiempo que le fue permitido quedarse. Luego vivió pacíficamente durante varios años en Viena, publicando una edición renovada de la traducción de la Biblia de Santes Pagnino. Durante esos años, Servet había estado trabajando en una obra para demostrar que el cristianismo primitivo había sido corrompido por los concilios ecuménicos. Entonces comenzó a escribirse con Calvino, con la intención aparente de obtener la aprobación imprescindible para la publicación de sus conclusiones. Pero el tono insolente que asumió Servet provocó el enojo del ginebrino, quien el 13 de febrero de 1546 escribió a Farel: 'Si él (Servet) viene (a Ginebra), nunca le dejaré salir vivo, si mi autoridad tiene peso.' Servet entró en contacto con otros predicadores ginebrinos y con Viret, conociendo plenamente el peligro personal que corría; en 1553 secretamente imprimió en Viena Christianismi restitutio, un libro que repetía con énfasis creciente sus antiguos ataques a la doctrina de la Trinidad, que se había formado con la corrupción de la Iglesia.
Sistema teológico.
Los principios positivos de Restitutio son difíciles de deducir y resumir. Mientras que rechaza en esencia la doctrina de la Trinidad, mantiene una Trinidad de revelación en su teoría de la doble revelación de Dios; la primera en la que el Verbo estaba presente como luz divina primigenia y la segunda en la que el Espíritu es el poder primigenio. Tras la creación, el Verbo estuvo prefigurado en Adán, las teofanías, etc., hasta que se encarnó en Cristo; y a través del Cristo exaltado, ahora Jehová mismo, el Espíritu, anteriormente existente sólo como el alma del mundo, el poder de vida, la percepción natural de lo divino y la Ley, completa su plenitud, como principio de regeneración e inmortalidad inherente en el hombre. Tal fue el peso puesto por Servet en esos problemas, que su sistema tenía sitio para la fe sólo como el reconocimiento de la divinidad de Cristo. La conciencia de pecado está casi ausente, negando incluso que se pueda pecar, estrictamente hablando, antes de que se haya alcanzado la edad de veinte años. Naturalmente no había sitio para el bautismo de niños y por esta misma razón subrayó la importancia del bautismo de adultos que confiere el Espíritu, de la Cena que es el alimento del Espíritu y de las buenas obras, especialmente el ascetismo, que es el ejercicio del Espíritu. Escatológicamente sostuvo que el cristiano está completamente liberado de la futilidad de la vida terrenal por un fuego purificador.
Juzgado por la Inquisición.
Como era el médico del arzobispo de Viena, Servet tuvo que mantener su autoría de la Restituio en secreto, pero Calvino reconoció la fuente tan pronto como fue consciente del libro, atacándolo como el más peligroso intento de desacreditar y destruir el naciente protestantismo francés. Parece que la primera información de Calvino le llegó por una carta de un refugiado protestante llamado Guillaume Trie, residente luego en Ginebra, a un pariente católico, Antoine Arneys, en Lyón, mofándose de la Iglesia católica por albergar a un hereje como Servet. Arneys, muchos alegan que por alegato indirecto de Calvino, denunció a Servet a la Inquisición. Al principio del juicio, Servet negó conocer la Restituio, pero a instancias del inquisidor Ory, Arneys escribió a Trie pidiéndole una copia de la obra. Pero ya no la tenía en su poder y en su lugar envió veinticuatro cartas de Servet a Calvino. El teólogo ginebrino, mientras tanto, quería evitar cualquier sugestión que pudiera vincularle con un juicio del Santo Oficio, lamentando profundamente que su plan de suprimir a Servet necesitara su cooperación formal y negando posteriormente de forma expresa que tuviera algo que ver con los procedimientos. El 4 de abril de 1533, Servet fue arrestado en Viena e interrogado los dos días siguientes, negando ser Servet y afirmando que había adoptado ese nombre para poder medirse dialécticamente con Calvino y ofreciéndose a hacer una retractación completa. El 7 de abril se le permitió escapar, bien para no poner en aprietos al arzobispo o para salvar a la Inquisición de ser un instrumento de Calvino. Sin embargo, el juicio continuó y el 17 de junio Servet fue condenado a la hoguera, siendo su efigie y sus libros quemados.

Mientras tanto, Servet, no pudiendo llegar a la frontera española, quiso ir a Italia camino de Suiza, pasando por Ginebra. Sabiendo que su enemigo estaba en la ciudad, Calvino le arrestó el domingo 13 de agosto, teniendo su secretario, Nicolás de la Fontaine, el deber legal de acusarlo de propagar peligrosas herejías, por las que el defendido, un fugitivo de la justicia, ya había sido encarcelado. Calvino elaboró para de la Fontaine treinta y ocho cargos contra Servet, siendo las acusaciones importantes las de antitrinitarismo y las de anabaptismo. El 15 de agosto, Servet fue llevado al tribunal. En cuanto a la Trinidad admitió que había usado el término 'persona' en un sentido diferente al de sus contemporáneos; se declaró dispuesto a modificar sus ideas sobre el bautismo de niños, pero sostuvo que Calvino era culpable de graves errores doctrinales, ante lo cual éste tuvo que presentarse el 17 de agosto, enfrentándose cara a cara con su opositor. Al principio Servet demostró ser más que un adversario para Calvino, pero tan fuertes fueron sus expresiones panteístas que el Consejo, creyendo que el resultado acabaría en tragedia, determinó obtener más información de Viena. Durante los días de espera, Calvino escribió a Farel (20 de agosto) que esperaba que Servet fuera sentenciado a pena capital, aunque no por una muerte dolorosa; mientras, Servet (22 de agosto) protestó ante el Consejo de ser tratado como un criminal, contrariamente al principio apostólico y de la Iglesia antigua. El 24 de agosto el fiscal general, Claude Rigot, presentó una lista de treinta cargos en la que, ignorando las diferencias entre Servet y Calvino, y poniendo poco énfasis en los problemas trinitarios, atacó primariamente las ideas esenciales de la Restituio de que toda la cristiandad que había existido previamente estaba corrompida, que la Reforma no era cristiana y que todos los que diferían de Servet estaban condenados, arrojando sospechas sobre la vida privada del acusado. Éste replicó que su intención era buena, que tenía la más alta veneración por las Escrituras y que debían considerarse sus principios verdaderos, en tanto no se probara que eran falsos. El 31 de agosto se recibió respuesta de Viena, solicitando la entrega del fugitivo, pero Servet, cuando se le ofreció que eligiera, prefirió ser juzgado en Ginebra, especialmente porque Calvino estaba envuelto en su batalla con los libertinos. El 1 de septiembre, ante el cansancio producido por la audición de un debate teológico entre los dos adversarios, el Consejo determinó que el resto de la controversia sería llevada por escrito, declarando al día siguiente Calvino que los predicadores de Ginebra estaban preparados para demostrar que treinta y ocho pasajes de Servet o eran heréticos o blasfemos o contrarios a la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia. Sabiendo de la disputa de Calvino con Philibert Berthelier, Servet cambió su tono a uno de más atrevimiento. El Consejo vaciló en condenarlo y el 19 de septiembre determinó enviar las actas del procedimiento a Berna, Basilea, Zurich y Schaffhausen, para pedir la ayuda de los teólogos y de los Consejos de esas cuatro ciudades. En esta coyuntura, Servet acusó formalmente a Calvino de suprimir deliberadamente la verdad cristiana y exigió que el teólogo ginebrino fuera desterrado y su propiedad confiscada, peticiones que fueron rechazadas.

El 19 de octubre llegaron las respuestas de las cuatro ciudades suizas, que unánimemente condenaron las doctrinas de Servet y exhortaban a poner remedio a un peligro que amenazaba a toda la Iglesia reformada, aunque sin aludir directamente a la pena de muerte. El Consejo de Ginebra tenía que proceder y el 26 de octubre Servet fue condenado, no a una muerte más llevadera, como Calvino y los otros ministros ginebrinos hubieran querido, sino a la hoguera. Servet imploró piedad a Calvino, quien replicó que él nunca había actuado por venganza, exhortándole a que buscara el perdón y la misericordia divina. Al día siguiente la sentencia fue ejecutada, al no poder Farel, a quien Calvino pidió que acompañara al condenado, inducir a Servet a que se retractara. La ejecución de Miguel Servet implicó a Calvino en la maledicencia ya en su tiempo y en las generaciones sucesivas; una maledicencia en parte merecida y en parte inmerecida. Casi inmediatamente después de la ejecución, en febrero de 1544, Calvino publicó Defensio orthodoxæ fiei de sacra trinitate, que fue seguida por la obra de Beza The hæreticis a civili magistratu puniendis, publicada en septiembre del mismo año, mientras que el disgusto por la ejecución fue expresado en los escritos de Sebastian Castellio. En el 350 aniversario de la quema de Servet, un 'monumento expiatorio' fue erigido cerca del lugar de la ejecución por calvinistas.