Historia

SEVERINO († 482)

Severino nació en Italia, probablemente a principios del siglo V y murió en Nórico el 8 de enero de 482. De su primera etapa nada se sabe, salvo que residió durante un tiempo entre los monjes en el este. Poco después de la muerte de Atila en 453, fue a Nórico, donde vivió una vida de rígido ascetismo, reuniéndose a su alrededor muchos seguidores, por lo que pudo fundar monasterios en Favianæ y Passau. Su influencia se dirigía primordialmente hacia la elevación ética y religiosa, teniendo el favor no sólo del clero sino del pueblo, que lo consideraba un profeta; a la vez que era ortodoxo en su doctrina, fue grandemente estimado por los arrianos y los pueblos germanos en general.

La biografía de Severino por Eugipio (edición de H. Sauppe, MGH, Auct. ant., i. parte 2. 1877; P. Knoell, CSEL, viii. 2, Viena, 1886) proporciona el primer detalle de las condiciones religiosas en Nórico desde la entrada del cristianismo en la región, poco después del final del siglo III, salvo por las alusiones de Atanasio sobre los obispos de Nórico. En la biografía se presenta completa la conversión de la región al cristianismo, aunque todavía se ofrecían sacrificios paganos en secreto ocasionalmente. Había diócesis al menos en Lauriacum (Lorch) y Tiburnia (en el lugar de la moderna Lurnfeld) y posiblemente en Celeia (Cilli) y Virunum (en Zollfeld, cerca de Klagenfurt); mientras que existieron iglesias en Salzburgo, Astura (cerca de Klosterneuburg), Comagena (cerca de Tulln), Cuculls (Kuchel), Quintana (Plattling o Künzing), Boiodurum (Boitro) y Passau. El clero era numeroso y los obispos eran escogidos por el pueblo. Por otro lado, los monasterios no parecen haber existido antes de la llegada de Severino.

Aunque el cristianismo florecía, las condiciones políticas iban de mal en peor. El poder de los hunos había sido quebrado, pero las tribus germanas estaban haciendo retroceder a los romanos; los alamanos desde el oeste, los turingios y rugos desde el norte y los godos desde el este. Bajo tales condiciones trabajó Severino, sin el prestigio de una posición oficial o eclesiástica, solamente por el poder de su personalidad. Previendo que los romanos no podrían continuar en el territorio, suplicó que su cuerpo pudiera descansar en suelo italiano. Por tanto, cuando Odoacro, en 488, expulsó a los romanos de Nórico, el cuerpo de Severino fue primero enterrado en Monte Feltri, cerca de Nápoles, de donde fue trasladado, cuatro años después, al monasterio de Lucullanum, cerca de la misma ciudad, que había sido fundado por monjes exiliados.