Historia
SEVERO DE ANTIOQUÍA
Entonces comenzó un nuevo periodo en su vida. Su ascetismo era extremo, pasando no sóo las tardes sino parte de la noche en oración en la iglesia. Aunque Severo había declarado que no se haría monje, sólo necesitaba un acicate para serlo, lo que sucedió con la muerte de Pedro el Ibero. Evagrio lo exhortó a ponerse bajo la guía del sucesor de Pedro, siendo él mismo el ejemplo. Tras visitar Trípoli, Emesa y Jerusalén para orar sobre el asunto, entró al convento de San Pedro. Sin embargo, allí el ascetismo no era lo suficientemente pronunciado para él, comenzando la vida de ermitaño en el desierto de Eleuterópolis, donde sus prácticas ascetas atrajeron la atención del abad (¿Mamas?) del monasterio de Romanus, quien le ofreció albergue allí. Pero Severo se negó, entregándose a la soledad en una celda en Majuma, adonde atrajo a otros, por lo cual construyó un monasterio con celdas individuales, usando el resto de su patrimonio. Fue hecho sacerdote por Epifanio de Magidum, que entonces moraba en Tierra Santa. Fue el momento de la aparición entre los monjes de Tierra Santa de Nefelio, que había pasado de ser un acalorado oponente del credo de Calcedonia a ser un firme partidario, siendo denunciado por los monjes de Majuma y Gaza, quienes, como seguidores de Pedro el Ibero, se opusieron a las declaraciones del concilio. Al ser expulsados, Severo se convirtió en su abogado y con un gran número (200 o 396, según diferentes autoridades) fue a Constantinopla, donde se ganó sus galones como político eclesiástico. Tomó parte en los sucesos que desembocaron en la caída del patriarca Macedonio, siendo su actitud la del que parece favorecer a una facción y luego a la otra. Incluso fue mencionado para el patriarcado; pero al no prosperar la moción, se hizo amigo de Timoteo, que fue escogido. Pero se sometió al deseo de renovar su vida en el desierto, adonde regresó, retomando los monjes de Majuma su antigua forma de vida. Mientras estuvo en Constantinopla escribió Philalethes, dirigido contra los "nestorianos", es decir, los calcedonianos. Para el canciller imperial Zacarías Retor respondió a una serie de cuestiones dogmáticas en su Apokrisi pros Eupraxion koubikoularion.
Los logros de Severo en Constantinopla habían incubado nuevos pensamientos en su mente; era el héroe de los monjes, siendo su influencia en asuntos públicos cada vez más grande. Flaviano, patriarca de Antioquía, fue expulsado y Severo nombrado sucesor el 6 de noviembre de 512, pronunció su primer sermón el 25 de noviembre. Lo envió a los otros patriarcas; Juan III de Alejandría y Timoteo de Constantinopla lo reconocieron, pero Elías de Jerusalén ignoró el documento. En su propia diócesis surgió la oposición. Juliano de Bostra y Epifanio de Tiro se pusieron contra él, solicitando que se tomara su sede; el Isáurico y otros obispos se negaron a reconocerlo. Su principal escrito de este periodo fue los tres libros Kata Ioannou grammatikon tou Kaisareias. Existe la correspondencia con el gramático Sergio sobre la doctrina de las dos naturalezas en siríaco. Si la "Apología de los Filalethes", el escrito contra los Kodikilloi de un tal Alejandro y los libros "Sobre las dos naturalezas" pertenecen a este periodo, es incierto. En la correspondencia, Severo se muestra como un prelado de buenas prendas, fuerte, justo, circunspecto, inteligente, llano y no antipático. Como patriarca permaneció firme a los ideales ascéticos. Fue fiel en sus visitaciones episcopales y estuvo siempre dispuesto a predicar, apreciándose sus sermones como lluvia sobre tierra seca.
El ascenso al trono de Justino en 518 cambió la situación en la esfera eclesiástica. Expulsó a todos los obispos, monjes y monjas en la diócesis de Antioquía contaminados por el monofisismo. Severo huyó a Alejandría, donde se dice que llegó el 29 de septiembre de 518. Timoteo IV recibió al refugiado calurosamente, quedando Severo en retiro. En este periodo se sitúa la controversia dogmática con Juliano de Halicarnaso, escribiéndose con sus defensores en Siria. El reinado de Justiniano y la influencia de Teodora parecieron ofrecerle oportunidades de éxito en su oposición a Calcedonia y en 535 partió para Constantinopla, pero la caída de Antimo destruyó sus propósitos. Fue excomulgado con otros monofisitas en el sínodo de 536, mientras que el edicto de 6 de agosto le prohibía residir en la capital. Regresó a Egipto, fijando su solitaria residencia en el desierto al sur de Alejandría. Su muerte dio origen a leyendas sobre los sucesos a los que asistió y a su cuerpo se le acreditó el poder de sanar cualquier enfermedad; el odio de sus oponentes lo siguió y puso su memoria en entredicho cien años después.