Historia
SHARP, JAMES (1618-1679)

La propuesta de trasladar a Sharp a Edimburgo evidencia que ya era considerado uno de los dirigentes de la Iglesia de Escocia. Ante la división de dicha Iglesia en 'resolucionarios' y 'protestatarios', se adhirió a los primeros, es decir, el ala más liberal y leal, que apoyaban la propuesta o resolución de que quienes habían desertado de la causa de los covenanters deberían, bajo arrepentimiento profundo, ser admitidos para defender al país de Cromwell. De esta facción que, aunque firmemente prebisteriana, tenía muchos simpatizantes con el episcopado, Sharp se convirtió en cabeza dirigente.
En 1651 Sharp fue capturado por las fuerzas de Cromwell mientras asistía a una reunión de los Estados en Alyth, Forfarshire, el 28 de agosto, siendo llevado a Londres. Permaneció encarcelado en la Torre hasta el 10 de abril de 1652, cuando fue puesto en libertad bajo promesa de no salir de la ciudad y ser de 'buena conducta', permitiéndosele el 17 de junio volver a Escocia a condición de someterse al general Deane. En ausencia de éste, por otra orden de 1 de julio, se entregó al gobernador del castillo de Edimburgo. Cuándo alcanzó la plena libertad no consta, pero en 1657 fue enviado por los 'resolucionarios' a Londres para defender su causa ante Cromwell. Burnet afirma que la idea de enviarle (o escogerle) surgió a consecuencia de 'tener cierta familiaridad con los ministros presbiterianos, a los que Cromwell estaba entonces cortejando mucho.' Su misión fracasó, pero se dice que impresionó tanto a Cromwell por su capacidad, que señaló 'que el caballero según el modo escocés debería ser llamado Sharp de esa especie.'

Cassell's Illustrated History of England
Según Burnet, cuya actitud es muy hostil y despreciativa, Sharp 'no tuvo escrúpulos en protestar solemnemente, por palabra y por carta, ni en apelar a Dios de su sinceridad al actuar a favor del presbiterio, tanto en oraciones y en otras ocasiones, uniendo a ello muchas imprecaciones espantosas si prevaricaba.' Para disfrazar mejor sus planes, y efectuar también el propósito del rey, Sharp indujo a éste a que confirmara por escrito las 'resoluciones públicas' y también 'el gobierno presbiteriano establecido por la ley.' Mientras la carta intentaba aliviar la ansiedad de la Iglesia de Escocia, estaba calculada indirectamente para pavimentar el camino para introducir el episcopado, ya que por la confirmación de las 'resoluciones' proponía resucitar en forma aguda la antigua batalla entre las dos facciones, impidiendo la posibilidad de su acción común. Al mismo tiempo, la carta, como Sharp explicaba a los nobles episcopales, no obligaba al rey a nada, 'pues la confirmación del gobierno presbiteriano, tal como estaba establecido por ley, le podía obligar nada más mientras ese ordenamiento legal estuviera en vigor.'
Durante considerable tiempo Sharp continuó actuando ostensiblemente como representante de los 'resolucionarios', mientras que la principal tarea encomendada por el rey era la de aquietar las sospechas presbiterianas. De ese modo, cuando, por el acta que declaraba ilegal todas las alianzas con cualquier otra nación sin autoridad del rey, la alianza y pacto hechos con Inglaterra en 1643 quedó puesta a un lado sin vigencia para el futuro, Sharp le explicó, a quienes él profesaba representar, que para los presbiterianos someterse tranquilamente al acta era la mejor manera de obtener sus fines, ya que disiparía los celos que, a causa del pacto, el rey podía abrigar hacia ellos. Mediante hábiles maniobras logró impedir que cualquier representación fuera hecha al rey en favor de la preservación del presbiterianismo y mientras que aseguraba al rey que sólo de los 'protestatarios' podía esperar una seria oposición al episcopado, al ser el conjunto de los 'resolucionarios' afectuosos o auténticos episcopales, posteriormente se excusó de traicionar su confianza porque ningún esfuerzo suyo habría impedido la introducción del episcopado, lo cual era verdad, siendo también verdad que ocasionalmente en sus cartas soltaba insinuaciones en cuanto a la preferencia del rey, hechas con la idea de mostrar la necesidad de actuar con prudencia e indulgencia.
Sin duda Sharp, como muchos otros que cambiaron en su tiempo al episcopado, nunca fue un celoso presbiteriano. Puede ser que meramente se sometiera y esperara una oportunidad para cambiar de bando. En cualquier caso, creyendo que estaba sentenciado, resolvió hacer lo mejor que podía bajo el nuevo régime y actuando bajo la máxima de que todo es conveniente en política eclesiástica, parece que no tuvo escrúpulos en desempeñar un papel que tenía dos caras. El importante servicio que prestó a Monck y al rey, y no menos su habilidad diplomática y su fuerte personalidad, le distinguió para una alta promoción. Mientras era nombrado capellán del rey en Escocia, con un salario de 200 libras anuales, el 16 de enero de 1661 fue nombrado profesor de teología en St. Mary College, St. Andrews. Tras el naciente parlamento de 1661, por el que se estableció el episcopado, fue designado arzobispo de St. Andrews y el 15 de diciembre él y otros tres obispos escoceses fueron solemnemente consagrados en Westminster. En mayo de 1662 otros diez obispos fueron consagrados, quedando completado el marco del nuevo sistema eclesiástico. Leighton, el manso y piadoso obispo de Dunblane, le dijo a Burnet que había hecho una propuesta a Sharp para unir a episcopales y presbiterianos, según el plan del arzobispo Ussher, quedando 'maravillado cuando observó que Sharp no tenía ningún plan ni parecía dispuesto a hablar de ello.' De hecho, en lugar de eso, comenzó a preparar el camino para la extinción del presbiterianismo, al publicar una proclama prohibiendo a los clérigos convocar un presbiterio u otra judicatura hasta que los obispos resolvieran un método de procedimiento. Habiendo ido a Londres en 1664 para quejarse por la falta de vigor y espíritu en la administración, regresó, investido con 'el título y nombramiento de primado de Escocia', siéndole asignado también el primer puesto en el consejo privado. Sin duda estaba convencido, rectamente, de que el plan propuesto por el afable Leighton no podía ser más que un sueño. Era imposible en Escocia que episcopales y presbiterianos caminaran juntos en unidad y el episcopado nunca estaría asegurado mientras el presbiterio fuera siquiera tolerado. De ahí que, parcialmente por la determinación de desempeñar los deberes de su oficio, parcialmente por el conocimiento de que así podría afirmarse en el poder y en el favor del rey y parcialmente por un sincero desdén hacia el peculiar fanatismo de la Iglesia de Escocia, no dudó en imponer severamente la aniquilación de los principios presbiterianos.
