Historia
SIGER DE BRABANTE (c. 1240- c. 1281)
Siger de Brabante nació hacia 1240 en el ducado de Brabante y murió hacia 1281 en Orvieto, Toscana. Fue profesor de filosofía en la universidad de París y un representante prominente de la escuela del aristotelismo radical, o heterodoxo, que surgió en París cuando las traducciones de obras griegas y árabes introdujeron nuevo material en la facultad. Hacia 1270 Siger y algunos de sus colegas comenzaron sus clases puramente racionales que reinterpretaban las obras de Aristóteles, sin tener en cuenta las enseñanzas de la Iglesia, que había mezclado el aristotelismo ortodoxo con la fe cristiana. Además de Aristóteles, las fuentes de Siger fueron filósofos como Proclo (410–485), Avicena (980–1037), Averroes (1126–98) y Tomás de Aquino (1225?–74). Desde 1266, cuando su nombre aparece por primera vez, hasta 1276, Siger se destacó en las disputas en París sobre aristotelismo. Buenaventura, el general de la orden de los franciscanos, y Aquino, cabeza de los dominicos, atacaron las enseñanzas de Siger. En 1270 el obispo de París, Étienne Tempier, condenó trece errores en sus enseñanzas. Seis años más tarde el inquisidor en Francia citó a Siger y a otros dos como sospechosos de herejía, pero huyeron a Italia, donde probablemente apelaron ante el tribunal papal. Unos meses después, en marzo de 1277, Tempier anunció la condenación de doscientas diecinueve proposiciones más. Se cree que Siger quedó bajo vigilancia de un clérigo, pues fue herido por arma blanca en Orvieto por un clérigo que había perdido la razón, muriendo durante el pontificado de Martín IV. Dante, en la Divina Comedia, puso a Siger en el cielo, en compañía de doce almas ilustres.
Sus escritos salieron a la luz gradualmente, conociéndose catorce obras auténticas y seis comentarios, probablemente auténticos, sobre Aristóteles a mediados del siglo XX. Entre los mismos están Quaestiones in metaphysicam, Impossibilia y Tractatus de anima intellectiva. Este último discute su creencia básica de que hay solo un alma 'intelectual' para la humanidad y por tanto una voluntad. Aunque este alma es eterna, los seres humanos individuales no son inmortales. Esta idea, aunque no expresada lúcidamente, indica que Siger dejaba a un lado las doctrinas de la Iglesia y subrayaba la autonomía de la filosofía como disciplina independiente.