Historia

SILVESTRE II (c. 945-1003)

Silvestre II (Gerberto de Aurillac) fue papa entre los años 999 y 1003. Nació hacia el año 945 cerca de Aurillac, Auvernia, y murió el 12 de mayo de 1003 en Roma.

Silvestre II, detalle de un vaso de marfil usado en la consagración de Otón III, 996; en Domschatzkammer des Aachener Domes, Aachen, Alemania
Silvestre II, detalle de un vaso de
marfil usado en la consagración
de Otón III, 996; Domschatzkammer
des Aachener Domes,
Aachen, Alemania
Recibió su educación en el monasterio en Aurillac, permaneciendo en relación con el abad Gerald y su sucesor Raimundo, manifestando allí su talento. Más tarde fue a España y estudió matemáticas, astronomía y música, bajo el obispo Hatto de Vich en Cataluña, con quien fue a Roma en el año 970, donde Juan XIII le recomendó a Otón el Grande. Desde Roma (c. 972) fue a Reims para recibir instrucción en dialéctica de un famoso archidiácono del lugar, conociendo allí al arzobispo Adalbero, hombre de gran eminencia en política y vida eclesiástica. El arzobispo estimuló a Gerberto a enseñar además de aprender, lo cual hizo con la Introducción de Porfirio, las Categorías de Aristóteles y escritos de Cicerón y Boecio. Sus alumnos leyeron a los poetas y recibieron enseñanza en el transcurso de las discusiones. El curso abarcaba el estudio de matemáticas, música, astronomía y geometría, siendo el maestro reconocido en Francia, Alemania e Italia. Durante un momento de este periodo obtuvo de Otón II la abadía de Bobbio, cerca de Pavía, no después del comienzo del año 983. Como tal tuvo una alta posición, participando en política. Sin embargo, su posición como abad le resultó difícil, a causa de las posesiones de la abadía, que le procuraron muchos enemigos. A la muerte de Otón II, dejó la abadía, regresando a Reims para retomar sus amados estudios. Comenzó de nuevo a enseñar, reuniendo una rica biblioteca, pero deseando participar en la actividad eclesiástica se hizo secretario de Adalbero, entrando en cuestiones políticas. El arzobispo estaba entregado a la tarea de proteger los intereses de Otón III, siendo ayudado por Gerberto. Adalbero también estaba interesado en Francia, influyendo en la elevación de Hugo Capeto al trono, tras la muerte de Luis V.

Tras la muerte de Adalbero, Gerberto esperaba ser escogido su sucesor, pero fue pasado por alto en favor de Arnulfo, quien se convertiría en partidario de los lotaringios, lo que ocasionó una acusación de traición contra él ante un sínodo, que a su vez suscitó la cuestión de la jurisdicción de un sínodo sobre un obispo. Al final, Arnulfo renunció a su sede y Gerberto fue elegido en su lugar. Tras este suceso Gerberto se hizo pronunciadamente antipapal, aplicándole al papa el dicho: 'Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres' y declarando que si el papa pecaba contra un hermano y no escuchaba a la Iglesia debía ser tenido como pagano y publicano. Sin embargo, Gerberto no permaneció en sus principios. En 991 Juan XV envió como representante suyo a León, abad de San Bonifacio en Roma, para que investigara los asuntos de la sede de Reims. En un sínodo convocado por León el 2 de junio de 995, estuvieron presentes solo cuatro obispos alemanes, manteniéndose distantes los franceses. Las disculpas presentadas en el mismo por Gerberto muestran su retroceso, intentando mostrar que parte del problema surgió a consecuencia de la demora de Roma en contestar. A Gerberto se le prohibió ejercer los deberes de su cargo hasta que se tomara una decisión oficial. En un nuevo sínodo el 1 de julio de 995, Gerberto estuvo seguro del apoyo francés y por lo tanto se mostró osado, pero no se alcanzó ninguna decisión, lo que le hizo pensar que las cosas le eran favorables, yendo a Roma para defenderse. Mientras tanto, Juan había muerto y Gregorio V tomado su lugar, dominado por la idea de reformar la Iglesia. El panorama no era favorable a Gerberto, habiendo menguado su apoyo en Francia. Pero Gerberto contaba con el apoyo de Otón III, quien admiraba su saber y valoraba sus servicios, alabando su carácter y logros.

El favor de Otón hizo mella en el papa, quien nombró a Gerberto arzobispo de Rávena en 998, siendo allí el heraldo de los planes de reforma de Gregorio y participando en sínodos para tratar ese asunto. La muerte de Gregorio en 999 fue la ocasión de la elevación de Gerberto al pontificado como Silvestre II, gracias al favor de Otón. Gerberto retrocedió en sus pasos y reconoció a Arnulfo como arzobispo de Reims, ayudando al emperador en sus planes de reconstrucción del reino, planes que eran esencialmente anti-alemanes. No obstante, el papa y el emperador no estaban enteramente unidos y a la muerte de Otón el 23 de enero de 1002, se romperían los planes de Silvestre y sus esperanzas de engrandecimiento, muriendo al año siguiente.

Los escritos de Silvestre incluyen temas de dialéctica, matemáticas y teología. Su De corpore et sanguine Domini dilucida si la eucaristía y el cuerpo histórico de Cristo son idénticos. La reputación de Silvestre descansó en su gran saber, hasta el punto de ser considerado un hechicero. Sin embargo, no fue creativo. Era idealista en política, lo que dio un aire de insinceridad a sus planteamientos, mientras que su propia promoción no estaba fuera de sus motivaciones. Su pontificado no tuvo repercusiones memorables, ni para la Iglesia ni para el Estado.