Historia
SILVESTRE II (c. 945-1003)

marfil usado en la consagración
de Otón III, 996; Domschatzkammer
des Aachener Domes,
Aachen, Alemania
Tras la muerte de Adalbero, Gerberto esperaba ser escogido su sucesor, pero fue pasado por alto en favor de Arnulfo, quien se convertiría en partidario de los lotaringios, lo que ocasionó una acusación de traición contra él ante un sínodo, que a su vez suscitó la cuestión de la jurisdicción de un sínodo sobre un obispo. Al final, Arnulfo renunció a su sede y Gerberto fue elegido en su lugar. Tras este suceso Gerberto se hizo pronunciadamente antipapal, aplicándole al papa el dicho: 'Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres' y declarando que si el papa pecaba contra un hermano y no escuchaba a la Iglesia debía ser tenido como pagano y publicano. Sin embargo, Gerberto no permaneció en sus principios. En 991 Juan XV envió como representante suyo a León, abad de San Bonifacio en Roma, para que investigara los asuntos de la sede de Reims. En un sínodo convocado por León el 2 de junio de 995, estuvieron presentes solo cuatro obispos alemanes, manteniéndose distantes los franceses. Las disculpas presentadas en el mismo por Gerberto muestran su retroceso, intentando mostrar que parte del problema surgió a consecuencia de la demora de Roma en contestar. A Gerberto se le prohibió ejercer los deberes de su cargo hasta que se tomara una decisión oficial. En un nuevo sínodo el 1 de julio de 995, Gerberto estuvo seguro del apoyo francés y por lo tanto se mostró osado, pero no se alcanzó ninguna decisión, lo que le hizo pensar que las cosas le eran favorables, yendo a Roma para defenderse. Mientras tanto, Juan había muerto y Gregorio V tomado su lugar, dominado por la idea de reformar la Iglesia. El panorama no era favorable a Gerberto, habiendo menguado su apoyo en Francia. Pero Gerberto contaba con el apoyo de Otón III, quien admiraba su saber y valoraba sus servicios, alabando su carácter y logros.
El favor de Otón hizo mella en el papa, quien nombró a Gerberto arzobispo de Rávena en 998, siendo allí el heraldo de los planes de reforma de Gregorio y participando en sínodos para tratar ese asunto. La muerte de Gregorio en 999 fue la ocasión de la elevación de Gerberto al pontificado como Silvestre II, gracias al favor de Otón. Gerberto retrocedió en sus pasos y reconoció a Arnulfo como arzobispo de Reims, ayudando al emperador en sus planes de reconstrucción del reino, planes que eran esencialmente anti-alemanes. No obstante, el papa y el emperador no estaban enteramente unidos y a la muerte de Otón el 23 de enero de 1002, se romperían los planes de Silvestre y sus esperanzas de engrandecimiento, muriendo al año siguiente.
Los escritos de Silvestre incluyen temas de dialéctica, matemáticas y teología. Su De corpore et sanguine Domini dilucida si la eucaristía y el cuerpo histórico de Cristo son idénticos. La reputación de Silvestre descansó en su gran saber, hasta el punto de ser considerado un hechicero. Sin embargo, no fue creativo. Era idealista en política, lo que dio un aire de insinceridad a sus planteamientos, mientras que su propia promoción no estaba fuera de sus motivaciones. Su pontificado no tuvo repercusiones memorables, ni para la Iglesia ni para el Estado.