Historia
SIMEÓN EL ESTILITA (c. 390-459)

Hama, Siria. Siglo VI. Louvre. París
Al principio, Simeón no provocó sentimientos de admiración. Los monjes del desierto de Nitria, temiendo la pérdida de su prestigio que les presentaba como modelos incomparables de monasticismo, le amenazaron con la excomunión y los abades mesopotámicos igualmente desaprobaron sus métodos ascéticos. Pero la pureza y motivos de su vida silenciaron pronto a sus críticos, siendo Simeón renombrado como hacedor de milagros, sanador de enfermos y convertidor de paganos. Fue un poderoso factor para promover la paz y en favor de la causa de los sufrientes y oprimidos. También tomó parte en la política eclesiástica, como cuando en 429 indujo a Teodosio II a revocar un edicto que restauraba a los judíos de Antioquía sus sinagogas y en 457 el emperador León I le pidió su consejo sobre los problemas en Egipto, defendiendo Simeón la causa de la ortodoxia calcedoniana en dos cartas al emperador y al obispo Basilio de Antioquía. Hasta su muerte permaneció en su pilar. Pronto su ejemplo fue imitado, al principio solo por unos pocos, pero más tarde por tantos que los estilitas formaron una orden regular en el este.
El siguiente texto narra la fama que Simeón tenía entre sus contemporáneos:
'Su fama se extendió por todos lados, todo el mundo acudía ante él, no solamente los habitantes de las zonas cercanas, sino también aquellos que habitaban a varios días de viaje [...] Sin embargo no son solamente los habitantes de nuestro Imperio los que acuden ante él, sino incluso los ismaelitas, los persas y los armenios, que les están sometidos, los iberos, los homeritas, y los pueblos que incluso se encuentran más al interior que éstos. Acuden también muchos habitantes del extremo occidente, españoles, bretones (británicos) y los galos que viven entre ambos. En cuanto a Italia es innecesario comentarlo, puesto que en la gran Roma es tan célebre [famoso] que a la entrada de todas las tiendas [comercios] existen pequeños retratos de él sobre una columna para asegurarse la salvación y la protección.'
(Teodoreto de Ciro, Historia de los monjes de Siria XXVI,11).