Historia
SIMEÓN EL NUEVO TEÓLOGO (c. 965-1032/1041)
La teología de Simeón conecta con un desarrollo del misticismo práctico que puede trazarse hasta finales del siglo cuarto. Su elemento característico fue la creencia de que en ciertos momentos especialmente elevados era posible una visión de la divinidad como luz sobrenatural. Simeón fue guiado y enseñado por su confesor a considerar la visión de la luz como objetivo de la batalla religiosa. No hay nada novedoso en la experiencia religiosa sobre la que los pensamientos de Simeón se movieron, pero el poder con el que dotó a sus experiencias le ganó el título de "nuevo teólogo." Simeón entendió la visión de la luz que le fue otorgada como una revelación de Dios por la que se le garantizaba la gracia y tenía relación personal con Dios. Esta experiencia se convirtió en la clave para la interpretación del Nuevo Testamento, que leía con otros ojos al haber estado en contacto con la realidad de la que las Escrituras testifican. Al hacerse evidente para él la grandeza del ideal cristiano en el Nuevo Testamento, veía más claro que la relación personal con la divinidad es la condición indispensable para una vida cristiana auténtica, ya que sólo de una gracia personalmente experimentada fluye el poder para una vida en el Espíritu. Simeón reconocía que es la gracia lo único que eleva y renueva al hombre. Ningún griego ha repetido tanto y tan enfáticamente la antítesis paulina: Por gracia, no por obras. Tales principios suponían una polémica contra el espíritu de su Iglesia, lo que inevitablemente suscitó oposición contra él, pero la oposición no pudo impedir la formación de una escuela a su alrededor o la penetración de sus principios en el monasticismo. Los hesicastas se apoyaron sobre sus hombros. En la línea del misticismo griego que desde Clemente y Orígenes, pasando por Gregorio de Nisa y Dionisio el Areopagita, finalmente desemboca en los hesicastas, Simeón representa un punto culminante.