Historia

SIMEÓN EL NUEVO TEÓLOGO (c. 965-1032/1041)

Simeón el Nuevo Teólogo, místico de la Iglesia oriental, nació en la población de Galate en Paflagonia hacia el año 965 y murió en un monasterio no lejos de Crisópolis, cerca de Calcedonia en Bitinia, Asia Menor, entre 1032 y 1041. Fue enviado a Constantinopla para su educación, pero no mostró interés en los estudios retóricos y filosóficos que le capacitarían para el servicio para el Estado, ni en la vida en la corte que probó como paje. Simeón el Estudita ya había confirmado su deseo de una vida religiosa y se convirtió en su guía espiritual una vez que entró al monasterio de Studion, donde se desarrolló su tendencia mística. Al ser expulsado por mantener una amistad exclusiva con su maestro, cosa prohibida por las normas, se fue al monasterio de Mamas, del que fue cabeza y donde recibió el sacerdocio. Levantó el monasterio de su deteriorada condición y estableció su fama como teólogo por su extensa actividad literaria. Durante este período Simeón no parece haber sido molestado a causa de sus ideas individuales. Fue sólo una vez que hubo establecido su oficio (c. 1017), para vivir retirado, que se vio envuelto en un conflicto con la autoridad espiritual más elevada. Stéfanos, el syncellus del patriarca, un canonista de fama y agudo dogmático, atacó a Simeón porque había permitido que su tocayo Simeón el Estudita fuera reverenciado tras su muerte en el monasterio de Mamas. El syncellus exigió la abolición de esa veneración, pero al rechazar Simeón persistentemente abandonar la veneración de su padre espiritual, fue desterrado de Constantinopla por un decreto sinodal a la vecina Crisópolis. Los seguidores de Simeón obligaron al patriarca a rehabilitarlo formalmente, pero permaneció en el exilio y construyó un nuevo monasterio, donde murió.

La teología de Simeón conecta con un desarrollo del misticismo práctico que puede trazarse hasta finales del siglo cuarto. Su elemento característico fue la creencia de que en ciertos momentos especialmente elevados era posible una visión de la divinidad como luz sobrenatural. Simeón fue guiado y enseñado por su confesor a considerar la visión de la luz como objetivo de la batalla religiosa. No hay nada novedoso en la experiencia religiosa sobre la que los pensamientos de Simeón se movieron, pero el poder con el que dotó a sus experiencias le ganó el título de "nuevo teólogo." Simeón entendió la visión de la luz que le fue otorgada como una revelación de Dios por la que se le garantizaba la gracia y tenía relación personal con Dios. Esta experiencia se convirtió en la clave para la interpretación del Nuevo Testamento, que leía con otros ojos al haber estado en contacto con la realidad de la que las Escrituras testifican. Al hacerse evidente para él la grandeza del ideal cristiano en el Nuevo Testamento, veía más claro que la relación personal con la divinidad es la condición indispensable para una vida cristiana auténtica, ya que sólo de una gracia personalmente experimentada fluye el poder para una vida en el Espíritu. Simeón reconocía que es la gracia lo único que eleva y renueva al hombre. Ningún griego ha repetido tanto y tan enfáticamente la antítesis paulina: Por gracia, no por obras. Tales principios suponían una polémica contra el espíritu de su Iglesia, lo que inevitablemente suscitó oposición contra él, pero la oposición no pudo impedir la formación de una escuela a su alrededor o la penetración de sus principios en el monasticismo. Los hesicastas se apoyaron sobre sus hombros. En la línea del misticismo griego que desde Clemente y Orígenes, pasando por Gregorio de Nisa y Dionisio el Areopagita, finalmente desemboca en los hesicastas, Simeón representa un punto culminante.