Historia
SIMEÓN METAFRASTES
Vida, fecha y escritos.
De su vida apenas se conoce un detalle; incluso el encomio del joven Psellus y el oficio para el día de Simeón, 28 de noviembre, proporcionan poca información. Sin embargo, parece que Simeón nació en Constantinopla, donde estudió filosofía y retórica y tuvo alto rango, aunque el único oficio que de él se dice expresamente haber ocupado fue el de logoteta. La concreta declaración de Psellus de que Simeón tomó parte en una expedición naval es incorrecta. Este error se debe al malentendido de un pasaje en la revisión de la vida de San Teoktiste de Simeón que hizo Nicetas Magister, que realmente declara que Nicetas, no Simeón, sirvió en la expedición de Himerios contra Creta en 902. A la información así obtenida Marcos Eugénico († 1443) añade que Simeón sostuvo una disputa con un persa (¿musulmán?) y que, hacia el final de su vida, se hizo monje y fue enterrado en la iglesia de la Madre de Dios en Hodigi. Comenzando con el tiempo de Psellus (siglo XI), los manuscritos de Simeón Metafrastes son numerosos, siendo mencionado con gran frecuencia. Un registro monástico de 1196 atribuye a Simeón la autoría de una vida de San Pablo del Monte Latros († 15 de diciembre de 956). Sin embargo, parece que esta vida fue escrita poco después del reinado de Nicéforo Focas, o, todavía más probablemente, hacia 991, pudiendo dudarse realmente si pertenece a Simeón, especialmente al faltar en su colección y siéndole asignada a él por un solo documento. Al mismo tiempo, debe recordarse que Simeón pudo haber escrito encomios que no incluyó en su hagiografía. Más aún, es evidente que la colección original incluye el sermón festivo del emperador Constantino sobre el traslado del cuadro de Cristo de Edesa, pronunciado el 16 de agosto de 944 e incorporado por Simeón casi sin cambio, situando definitivamente la compilación en la segunda mitad del siglo X. De nuevo, en la vida de San Sansón, escrita evidentemente por Simeón, se registra un milagro sucedido al protospatario Bardas, íntimo amigo de Romano II, aunque el suceso en cuestión puede tal vez ser mejor referido al reinado del hijo de Romano, Basilio (976-1025), mientras que la vida contiene otras alusiones al reinado de Juan Tzimiskes (969-976). La teoría de muchos eruditos de que el logoteta Simeón Magister a quien se le atribuye un Chronicon ha de ser identificado con Simeón Metafrastes probaría que el autor estuvo en estrecha asociación con Romano I (920-944), aunque escribió en el reinado de Nicéforo Focas (963-969); pero el problema de la autoría de la crónica no está bien resuelto para permitir su uso en la determinación de la fecha de Simeón Metafrastes. Al logoteta Simeón Magister se le atribuye también una colección de cánones que forman la base del comentario de Alexios Aristenos (hacia 1130) y no es imposible que este canonista fuera idéntico con el logoteta Simeón Magister quien, según la Practica de Eustacio Romanos (lxiv. 1), fue un anciano miembro del tribunal imperial de justicia hacia el año 1000, e incluso con el patricio y primer secretario Simeón, quien preparó dos novellæ de Nicéforo Focas en 964 y 967. El historiador árabe Yahya ibn Said de Antioquía, que continuó los anales de Eutiquio hasta 1026, establece la actividad de "Simeón, secretario y logoteta que ha escrito en los registros de los santos y sus festividades" en la primera parte del reinado de Basilio II (976-1025), una declaración surgida de la expresa declaración de Marcos Eugénico de que la carrera oficial de Simeón fue durante los reinados de Focas, Juan (Tzimiskes) y Basilio II. También se atribuyen nueve cartas a Simeón y algunas otras están preservadas en manuscrito, pero ninguna de ellas contiene ningún dato que establezca su autoría. Es igualmente el autor putativo de algunas oraciones, jámbicos sobre la eucaristía, versos sobre Cristo y los apóstoles, una serie de "alfabetos morales", (oraciones penitenciales en forma alfabética), 24 "Discursos éticos" extractados de los escritos de Basilio el Grande, 150 capítulos sobre los 50 discursos de Macario el Egipcio y posiblemente tres poemas necrológicos. Sólo un exhaustivo estudio estilístico, combinado con la resolución de la trasmisión de los manuscritos, puede terminar cuál de esos escritos pertenece a Simeón Metafrastes, cuyo nombre fue usado para dar prestigio a muchas obras de otras manos, no sólo de literatura edificante general, comenzando con el siglo XIII, sino también para un relato anónimo de la construcción de Santa Sofía. Otros eruditos le atribuyen un comentario sobre Lucas, basándose en citas de la catenæ de Nicetas, aunque esos pasajes están realmente citados de sus vidas de los santos, así como una obra De moribus ecclesiæ, de la que nada más se sabe.
Su hagiografía.
Simeón Metafrastes debe su fama a su colección de leyendas de santos, que le ha ganado la profunda admiración no sólo de su propia Iglesia, sino también de muchos teólogos católicos. La extensión, importancia y valor de la obra han sido objeto de muchos debates, siendo la causa la concentración en textos individuales más que en la colección en conjunto. León Allatius ya observó (en De Symeonum scriptis diatriba, París, 1624) que un cierto conjunto de vidas se repiten en muchos manuscritos, mientras que la trasmisión de las vidas restantes es extremadamente discrepante. Trabajando sobre esa línea, H. Delahaye y Erhard han llevado el problema a una solución más cercana, determinando el segundo que las vidas genuinas en la hagiografía de Simeón son 149. Estas vidas están preservadas con destacada uniformidad en los diversos manuscritos, mientras que el resto presentan las divergencias más amplias. Es cierto que Simeón no creó leyendas nuevas; él fue, como el epíteto que le fue dado implica, un metafrastes, un reproductor de antiguas leyendas en el estilo demandado por el gusto literario de su tiempo y realizando al mismo tiempo alteraciones ocasionales en el asunto y conectando las tradiciones que originalmente eran distintas. Las leyendas que incorporó en su colección y de cuya credibilidad no era en ninguna manera responsable, fueron ellas mismas posteriormente reformadas de las originales Actas de los mártires, debiendo atribuirse muchas ofensas al buen gusto a sus fuentes y a las exigencias de su época más que a Simeón mismo, quien fue evidentemente un hombre de cultura, sensibilidad y talento. Ha de hacerse notar, al mismo tiempo, que no permaneció enteramente solo. Varios de sus contemporáneos trabajaron en el mismo espíritu; hombres como Nicéforo Chumnos siguió su ejemplo en el estilo del siglo XIII y Konstantinos Akropolites en el XIV obtuvo el título de "nuevo Metafarastes". En comparación con esos imitadores, Simeón sobresale y fue, hasta donde un bizantino del siglo X podía serlo, natural y simple en la dicción.