Historia
SINCLAIR, HENRY (1507/8-1565)
Sinclair ocupó un asiento como lord y los siguientes diez años aparece en registros públicos teniendo varios beneficios. Es probablemente el Henry Sinclair que se encuentra brevemente hacia ese tiempo como oficial de la diócesis de Moray o el tesorero de la de Brenchin de ese nombre. Más probablemente es el maestro Henry Sinclair presentado a la casa parroquial de Polwarth en 1538. En diciembre de ese año, cuando fue presentado por el arzobispo a la propiedad de Gralsgow (Glasgow primo, que constituía una prebenda de la catedral), fue calificado clérigo de la diócesis de St. Andrews. Roma le permitió quedarse sin recibir las órdenes durante algunos años y en abril de 1539 el rey apoyó su decisión de una prórroga de otros siete años y permiso para tener tres beneficios incompatibles. Había una dificultad legal sobre la prebenda de Glasgow, ya que un titular anterior había dimitido en favor de un cardenal italiano que se negó a rehusar ese derecho. El rey, durante más de dos años, insistió ante Roma para que el nombramiento de Sinclair fuera aceptado. Finalmente, dimitió de la prebenda en 1550, pero retuvo la renta hasta su muerte.
En febrero de 1541 el rey propuso a Sinclair ante Roma como comendador perpetuo de la abadía de Kilwinning (repitiendo la propuesta en diciembre) y el 1 de mayo de 1542 se emitieron las bulas que sancionaban la propuesta, pero con el abad titular reteniendo su cargo y los ingresos correspondientes. Sinclair fue en términos prácticos su sucesor. Recibió un usufructo de cinco años de Kilwinning en 1545, siendo comendador en realidad a la muerte del abad en 1647 o 1548. En abril de 1550, al dimitir de Kilwinning a cambio del deanato de la diócesis de Glasgow, recibió una pensión vitalicia de los ingresos de Kilwinning. En agosto de 1550 fue enviado a Inglaterra y Flandes para acordar los términos de la paz y en 1554 ya estaba de regreso, aunque no se sabe cuánto tiempo estuvo fuera. Luego, tal vez en 1555 y ciertamente en mayo de 1559, fue uno de los autorizados para tratar con los comisionados ingleses los términos de la paz.
Habiendo sido durante algunos años vicepresidente del colegio de justicia, en 1558 sucedió al obispo Robert Reid como presidente. En noviembre de ese año, tras la muerte del obispo Panter de Ross, la corona entregó a Sinclair las temporalidades de la diócesis y le propuso a Roma como obispo, pero su nombramiento se retrasó al demandar Roma una garantía de ortodoxia. La bula del 2 de junio de 1561 le otorgaba la sede de Ross a condición de que dimitiera como deán de Glasgow. Tras el regreso de la reina María a Escocia tuvo un asiento en el consejo privado, quedándose en Edimburgo, donde estaba situado el colegio de justicia. En 1563 y principios de 1564 estuvo ocupado con la administración de justicia en todo el país. Sin embargo, ya en septiembre de 1562 su salud se estaba deteriorando y en julio de 1563 se marchó a Francia para tratamiento. Fue operado de una piedra en el riñón, pero no pudo superar la enfermedad y murió.
Sinclair estaba bien relacionado con la casa real y la nobleza. Sus tierras eran extensas y fue muy competente para sacar el mayor provecho de los ingresos eclesiásticos, quedando exento de una tercera parte de los impuestos de sus ganancias en la diócesis de Ross, del deanato de Glasgow y de su pensión de Kilwinning. En 1549, aunque era abad-comendador, no asistió al concilio provincial. Además de sus muchos años en la judicatura, Sinclair hizo permanentes contribuciones a la ley escocesa. En 1554 fue responsable de introducir mejoras en la carrea de justicia, mientras que los Sinclair's practicks, una compilación de juicios y jurisprudencia, demostró su valía (aunque el crédito se deba más bien a su hermano John Sinclair (c.1510–1566), cuya carrera fue paralela a la suya. Henry Sinclair fue también conocido por su erudición más allá del derecho y los restos de su impresionante biblioteca muestran la amplitud de sus intereses, abarcando el Renacimiento humanista y la teología escolástica. Junto a los textos de autores clásicos como Plutarco, Cicerón y Horacio, la colección contenía los escritos de contemporáneos como Erasmo, Paolo Giovio y Juan Luis Vives.
No hay duda que Sinclair siguió siendo católico tras la Reforma del parlamento en 1560, aunque ha sido calificado de indiferente en cuestiones de lealtad eclesiástica. Pero su apoyo a los católicos, sus relaciones con Francia, la hostilidad de Thomas Randolph (agente inglés en Escocia) y las condenas de John Knox, señalan en la misma dirección. Sin embargo, este compromiso con el catolicismo estuvo combinado con su respaldo a la ley y su notable integridad como juez, ejemplificada en su conducta personal. Esto explica su consejo de que las leyes contra las prácticas católicas debían ser observadas, su declaración de que Knox era inocente de un acto de traición, su rechazo en 1562 a verse con el jesuita Nicholas Goudanus en misión clandestina a Escocia y su aportación de pan y vino (en su puesto de la casa parroquial de Glasgow) para la comunión protestante. Un escritor contemporáneo declaró que nunca antes hubo dos hombres tan honestos y eruditos, como Henry y John Sinclair que procedieran de la misma familia.