Historia

SIXTO V (1520-1590)

Sixto V (Felice Peretti) fue papa entre los años 1585 y 1590. Nació en Grottammare, Ancona, el 13 de diciembre de 1520 y murió en Roma el 27 de agosto de 1590.

Sixto V, de un grabado de la época existente en el R. Gabinete de láminas de Berlín
Sixto V, de un grabado de la época existente
en el R. Gabinete de láminas de Berlín
Recibió su educación en el convento franciscano en Montalto, convirtiéndose pronto en un predicador de renombre. Durante el pontificado de Julio III estuvo en Roma, ganándose la amistad de Felipe Neri y Michele Ghislieri, posterior papa Pío V. Tras haber dirigido los conventos de su orden en Siena, Nápoles y Venecia, donde también representó al Santo Oficio ante el senado, fue vuelto a llamar a Roma como procurador general de la orden. Pío V le hizo obispo de Fermo y le nombró cardenal en 1570, pero el papa siguiente, Gregorio XIII, le mantuvo alejado. Durante este periodo, el incremento de su colección de libros absorbió su energía, en la hermosa villa en el Esquilino, que en 1585 cambió por el palacio papal. Cuando fue elegido, sorprendió a todos mostrándose un gobernante nato.

En primer lugar, restauró la seguridad y el orden en los Estados papales. En el plazo de dos años exterminó el bandolerismo, suprimiéndolo con mano dura y frecuentes ejecuciones. También prestó atención al ordenamiento de la administración civil y financiera, acabando con la especulación derrochadora, depositando tres millones de coronas en el castillo de Santángelo como fondo para posibles eventualidades. Sin embargo, en última instancia gastó las sumas acumuladas en edificaciones públicas, como las grandes creaciones realizadas por el ingenioso arquitecto Domenico Fontana, por quien el estilo rococó dominó en Roma durante más de cien años. Su principal logro en este sentido fue la Via Sixtina y la plaza de Letrán. Más aún, Roma debe a este papa la restauración de uno de los más grandes acueductos (llamado por su nombre, Aqua Felice).

Sixto V, medalla por Caqué.Museo Lázaro Galdiano, Madrid
Sixto V, medalla por Caqué.
Museo Lázaro Galdiano, Madrid
Sixto también dejó su huella en la esfera de la organización y administración eclesiástica; halló ya funcionando la todavía efectiva división de las juntas gobernantes como 'congregaciones', cuyo número él incrementó a quince. Dado que la designación de los cardenales como miembros o presidentes de las congregaciones tenía que emanar exclusivamente del papa, no había opiniones o decisiones que pudieran contradecir la línea general de la política papal. Sixto concentró la administración de la ciudad de Roma en sus propias manos, salvo algunos pequeños remanentes de independencia comunal. Lo mismo ocurrió en el resto de las ciudades de los Estados papales, cuidándose que todos los cargos de importancia estuvieran en manos de eclesiásticos. Es notorio cómo Sixto, que era inflexible en su política interna, mostró flexibilidad diplomática, incluso hasta el extremo de vacilar, en el trato con otros Estados. Por ejemplo, Venecia pudo reforzar la recolección de diezmos de las órdenes y del clero regular. Con España, a pesar del sometimiento del papa en la cuestión de sus pretensiones feudales sobre Sicilia, la situación fue de ruptura abierta, al negarse Sixto a pagar las setecientas mil coronas prometidas para el equipamiento de la Armada Invencible, basándose en que no había desembarcado en las costas inglesas. Con Enrique IV los continuos cambios del papa enojaron al rey, hasta el punto que amenazó abiertamente con retirar su obediencia, aunque antes de llegar a este extremo, Sixto murió.