James Elimalet Smith, teólogo y ensayista escocés, conocido por el apodo 'Sepherd Smith', nació en Glasgow el 22 de noviembre de 1801 y murió en Escocia en junio de 1857. Era hijo de John Smith de Londres y de su esposa Janet, hija de James Thomson, siendo hermano del
doctor Robert Angus Smith. La familia era numerosa y el padre, que estaba en circunstancias estrechas, era un hombre ferviente, inmerso en una atmósfera teológica, aunque escasamente preparado, teniendo por ambición ver a todos sus hijos en el ministerio, lo cual hizo que se preocupara de su educación. Con la ayuda de la
universidad de Glasgow, James Smith adquirió un considerable nivel de conocimiento general y una graduación, convirtiéndose a la edad de 17 años en tutor privado y a prueba para la iglesia. Continuó enseñando en varias familias hasta 1829, pero, aunque ocasionalmente
predicaba, no hizo serios intentos de ingresar en la
Iglesia de Escocia. Ya alejado en simpatía de ella, hacia 1827 cayó bajo la influencia de John Wroe, el 'profeta'. Fijó su residencia con Wroe en Ashton-under-Lyne en 1829, donde permaneció hasta 1831, cuando regresó a Escocia. Pronto se cansó de Wroe, a quien no obstante describió posteriormente como un hombre notorio, estableciendo su propia doctrina, que puede ser descrita como un
universalismo místico. A su regreso a Escocia durante un tiempo practicó la pintura, para lo cual evidenció bastante talento, pero sólo con la idea de recaudar fondos para ir a Londres, adonde llegó en septiembre de 1832. Abrió una
capilla, cobrando un penique por entrar y diseminando tratados y conferencias. Al principio tuvo considerable éxito, pero a medida que pasó la novedad de sus ideas, se puso en contacto con
Robert Owen, enseñando en la institución socialista en Charlotte Street, donde editó al mismo tiempo varios diarios socialistas. Pronto surgió una brecha entre él y Owen y a finales de agosto de 1834 Smith creó su propio órgano,
The Sepherd, en el que discutía los temas que le interesaban a su propia manera. Examinó los fundamentos de sus propias opiniones y abandonó las que ahora reconocía excéntricas. Sin embargo, la sustancia de su pensamiento nunca fue igual, pudiendo describirse como un
panteísmo oriental adaptado a Escocia. La principal peculiaridad era su estilo, casero y conversacional, como no había igual. Puede parecer una ilustración de su doctrina de la indiferencia del bien y el mal que a la suspensión de
The Sepherd, tuvo que refugiarse en el
Penny Satirist, para el cual escribía sólo el editorial. Pudo regresar a su propio 'púlpito, que llamó periódico', por la generosidad de dos damas, Mrs. Chichester y Mrs. Welsh, que gastaban grandes sumas en promover el entusiasmo y la excentricidad de toda clase. Smith también asumió el fourierismo y escribió en su órgano
Phalanx, pero 'deseando salir' pronto se zambulló en una de las más destacadas aventuras en la historia de la literatura periodística barata,
The Family Herald, cuyo primer número apareció el 13 de mayo de 1843.
Esta famosa publicación, editada semanalmente al precio de un penique y dedicada principalmente a la ficción de tipo popular, fue 'el primer ejemplo de una publicación producida totalmente por máquinas, tipos, tinta, papel e imprenta.' Tuvo un éxito inmediato y proporcionó a su creador, hasta entonces uno de los divulgadores públicos menos conocidos, una plataforma desde la que dirigirse semanalmente a medio millón de lectores. La esfera de Smith era el ensayo editorial y las respuestas a cartas, frecuentemente imaginarias, tras las cuales exponía sus propias ideas ante un numeroso público. Mientras estuvo con el Herald, relación que duró toda su vida, nunca hubo un número sin algo interesante que leer. Sin embargo, ambicionó una audiencia más selecta, escribiendo para ello su único libro de importancia, The Divine Drama of History and Civilization, una sorprendente y grandiosa idea del desarrollo del destino humano de acuerdo a su deficiente pero fértil imaginación. Su póstumo Coming Man, no publicado hasta 1873, repite las ideas de su principal obra en forma de novela. Desde este punto de vista es ineficaz, pero valioso por sus retratos de algunos de los conferenciantes socialistas y entusiastas religiosos a quien el escritor conoció.
Aunque era un entusiasta, Smith no era un fanático y su entusiasmo estaba impregnado de una copiosa infusión de sagacidad escocesa. La tendencia general de su especulación está bien expresada por un crítico en Inquirer: 'En el gobierno divino del mundo, todas las edades, todas las naciones, todas las mitologías, todas las religiones, todos los fanatismos, todos los fenómenos sociales, morales o anormales, han tenido un lugar señalado y una función, un propósito breve o duradero que cumplir, y un significado espiritual que transmitir.'