Historia

SMYTHIES, CHARLES ALAN (1844-1894)

Charles Alan Smythies, obispo anglicano de Zanzíbar y obispo misionero de África oriental, nació en Londres el 7 de agosto de 1844 y murió en el Océano Índico, entre Zanzíbar y Adén, el 6 de mayo de 1894.

Charles Alan Smythies
Charles Alan Smythies
Era el segundo hijo de Charles Norfolk Smythies, vicario de St. Mary the Walls, Colchester, e Isabella, hija del almirante Sir Eaton Travers. Cuando tenía tres años de edad su padre murió de tuberculosis y en 1858 su madre se casó con el reverendo George Alston, rector de Studland, Dorset. Tras asistir a las escuelas en Milton Abbas y Felsted, a la que entró en 1854 y salió en diciembre de 1857, ingresó en Trinity College, Cambridge, en 1862, graduándose en humanidades en 1866. En 1868 fue a Cuddesddon Theological College, Oxford, en ese momento bajo la presidencia del doctor King, posterior obispo de Lincoln. En 1869 fue ordenado para la coadjuditoría de Great Marlow y en 1872 comenzó obra en Roath, un suburbio de Cardiff, bajo el reverendo F. W. Puller, tras cuya dimisión en 1880 Smythies fue nombrado para sucederle como vicario. En 1882, a la muerte del obispo Edward Steere, Smythies declinó el ofrecimiento del obispado en la misión a África Central, pero tras un año de infructuosa búsqueda y muchos rechazos, el comité de la misión le renovó la oferta, aceptando el peligroso cargo. Fue consagrado obispo en la catedral de San Pablo el día 30 de noviembre de 1883 y en enero del año siguiente zarpó para Zanzíbar, sede de la misión.

La diócesis cubría unas 30.000 millas cuadradas y, aparte del carácter del país y su clima, Smythies tuvo que enfrentar dificultades debido a la nueva política colonial de Alemania, dentro de cuya esfera de influencia estaban casi todas las estaciones misioneras. Desde el principio Smythies se dedicó a la selección y preparación de nativos para ser clérigos, empleándose a fondo para descubrir su vocación y darles educación mental y espiritual que pudiera calificarles para ser evangelistas de su propio pueblo. Fue muy cuidadoso para mantenerse distante de ese barniz inglés que tantas veces estropea la obra del clero nativo en las misiones extranjeras. Visitó todas las estaciones misioneras más cercanas cada año y las más remotas cada dos. Esto suponía cinco días de viaje a pie, realizado en su mayor parte sin compañeros blancos, al lago Nyasa.

En 1888, con la idea de suprimir el tráfico de esclavos, la costa de África oriental quedó bloqueada por las armadas combinadas de Inglaterra y Alemania, lo que desembocó en tensión y perturbación entre los nativos en el interior. La situación se deterioró tanto que el gobierno inglés pidió al obispo que retirara a sus misioneros de la escena de peligro. No sólo se negó a hacerlo, sino que se adentró en el interior de los distritos turbulentos para fortalecer a su clero y sus convertidos. El viaje casi le costó la vida. El navío, sin aproximarse a la orilla, fue tiroteado y una amenazante multitud rodeó la casa en la que recibió protección. Se salvó de la violencia por los buenos oficios y valentía del jefe insurgente, Bushiri.

En 1889 Smythies se convenció de que era imposible para un hombre supervisar la obra de su vasta diócesis y en 1890 fue a Inglaterra para procurar recursos para la subdivisión del territorio. Mediante numerosos viajes, conferencias y predicación, recolectó la suma de 11.000 libras, recaudadas en seis meses, completándose las formalidades y siendo consagrado el reverendo Wilfrid B. Hornby, primer obispo de Nyasa, título que luego fue cambiado por el de Likoma. En la división de la diócesis el título de Smythies fue alterado por el de obispo de Zanzíbar y obispo misionero de África oriental. Durante su visita a Inglaterra fue hecho doctor honorario de teología por Oxford.

Tras su regreso a Zanzíbar, la salud de Smythies se quebrantó, pero a pesar de su debilidad física, partió en octubre de 1893 para un largo recorrido por las localidades del interior más remoto, acompañado sólo por un diácono nativo y unos pocos cristianos nativos. Aceptaba la hospitalidad de los aborígenes, viviendo en sus chozas y compartiendo su comida. El resultado, desde el punto de vista espiritual, fue fructífero, pero desastroso físicamente para el obispo, quedando postrado por un grave ataque de malaria. Aunque pudo regresar a Zanzíbar y siguió con su obra allí, no pudo recuperarse y tras una breve estancia en el hospital de la misión, fue enviado a Inglaterra con la esperanza de salvar su vida. El 5 de mayo de 1894 fue llevado a bordo del buque francés Peiho, pero dos días después murió, siendo su cuerpo depositado en el océano.