Historia
SÓCRATES ESCOLÁSTICO (c. 380 - c. 450)
Vida.
Incluso en tiempos antiguos nada se supo de la vida de Sócrates salvo lo que se desprende de noticias en su Historia de la Iglesia. Su nacimiento y educación se relatan en V, xxiv. 9; sus maestros fueron los gramáticos Eladio y Ammonio, que vinieron de Alejandría a Constantinopla, donde habían sido sacerdotes paganos (V, xvi. 9). Una revuelta (año 390) acompañada de un ataque a los templos paganos les obligó a huir. Que Sócrates más tarde recibió la enseñanza del sofista Troilo no está probado ni existe certeza sobre lo preciso de su vocación, aunque puede inferirse de su obra que era laico. En el título de su historia es designado como scholasticus (abogado). En los últimos años Sócrates viajó y visitó entre otros lugares Paflagonia y Chipre (comp. Hist. eccl. t I, xii. 8, II, xxxviii. 30).
Su Historia de la Iglesia.
La Historia de la Iglesia de Sócrates fue editada primero en griego por R. Stephen, sobre la base del Codex Regius 1443 (París, 1544); una traducción al latín por Johannes Christophorson (1612) es importante por sus lecturas alternativas. Pero la edición fundamental fue producida por Valesius (París, 1668), quien usó el Codex Regius, el Codex Vaticanus y el Codex Florentinus, empleando también la traducción indirecta de Teodoro Lector (Codex Leonis Allatii). La historia cubre los años 305-439, siendo acabada hacia el 439 y en cualquier caso durante la vida del emperador Teodosio, es decir, antes de 450 (comp. VII, xxii. 1; mayores detalles en Jeep, Quellenuntersuchungen zu den griechischen Kirchenhistorikern en Neue Jahrbücher für Philologie und Pädagogik, xiv. 137 sqq). El propósito de la obra es proporcionar una continuidad a la de Eusebio (I, i). Relata en lenguaje simple y sin panegíricos lo que la Iglesia ha experimentado, desde los días de Constantino hasta los tiempos del autor. Las disensiones eclesiásticas ocupan el trasfondo, pues cuando la Iglesia está en paz no hay nada que el historiador recoja (VII, xlviii. 7). El hecho de que, además de tratar de la Iglesia, la obra también trate con el arrianismo y con sucesos políticos se defiende en el prefacio al libro V. Parece que Sócrates debió el impulso a escribir su obra a un cierto Teodoro, a quien se alude en el proemio del libro II como 'hombre santo de Dios', lo que parece una indicación de que era un monje o uno del alto clero.
La historia en su forma actual no es una primera edición, lo cual se muestra en el comienzo del segundo libro, donde Sócrates dice que había revisado completamente los libros I y II. Hizo eso porque había seguido en los mismos originalmente a Rufino y en los libros III al VII había extraído parcialmente de Rufino y parcialmente de otras fuentes. Luego, de las obras de Atanasio y de las cartas de hombres prominentes, había aprendido que Rufino no era digno de confianza, lo que le indujo a revisar su obra, añadiendo los numerosos documentos esparcidos por los dos primeros libros. Que la revisión no quedó confinada a esos dos libros, sino que se extendió a los siguientes se muestra por la desaparición de la repetición al final del sexto libro en el segundo manuscrito florentino. Este pasaje muestra también que la primera edición no sólo estuvo preparada, sino que se publicó. Un intento de establecer las fuentes usadas por Sócrates lo hizo Jeep en manera exhaustiva. Muestra que usualmente Sócrates menciona la fuente de su información. Geppert presenta un sistemático análisis de esas fuentes, como sigue: (1) Rufino es a veces trascrito (I, xii, xv, II, i; etc.), a veces citado sin reconocimiento de la traducción griega por Gelasio de Cesarea; (2) Eusebio, De vita Constantini, citado en I, i, viii, xvi; etc.; (3) Atanasio, De synodis, citado II, xxxvii y sobre todo la Apologia contra Arianos (comp. el prefacio al libro II); (4) las colecciones de las cartas de los concilios por el macedonio Sabino, citado I, viii, II, xv; etc.; (5) Eutropio, que no es citado en ninguna parte, pero la comparación de Sócrates II, xv con Eutropio X, ix muestra el uso de este autor; (6) los Fasti a quien Sócrates es deudor por sus datos políticos y semi-políticos. Formalmente, Sócrates está de acuerdo en ocasiones con Idacio, algunas veces con el Chronicon Paschale y ocasionalmente con Marcelino Comes. Es sorprendente que todas las olimpiadas están incorrectamente fechadas por dos años; (7) la lista de los obispos de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y probablemente también de Roma y Jerusalén. Para Constantinopla se listan también los obispos de las facciones arriana y novaciana. Jeep creyó que hubo otras fuentes usadas, como Filostorgio, Eunapio, Auxanon y las cartas de Constantino. Harnack y Geppert conjeturan sobre el uso de biografías de los emperadores, lo cual no está probado y parece especialmente improbable para el tiempo de Constantino, ya que Sócrates expresamente declara en el prefacio del libro V que no pudo obtener datos sobre los sucesos políticos de ese tiempo y observa que escribe lo que él mismo vio o lo que ha sido capaz de aprender de testigos oculares. La composición de la Historia no es mecánica. Sócrates a veces cita a Eusebio y Atanasio literalmente (ii. 37) y con no poca frecuencia copia sus fuentes casi palabra por palabra. Sin embargo, no falta la crítica de las fuentes, lo que le indujo a reescribir su obra por la poca fiabilidad de Rufino.
Limitaciones y relaciones del autor.
Sócrates fue uno de los más celebrados hombres de su tiempo y pudo apreciar plenamente la disciplina helenística, de la que dice que Cristo y sus discípulos no la estimaron ni dañina ni divina, por lo que cada individuo puede tomar la posición que le plazca, sea a favor o en contra de ella. Más aún, aunque las Sagradas Escrituras nos revelan dogmas divinos y renuevan nuestra piedad, vida y fe, sin embargo, no proporcionan preparación en lógica, por cuya ayuda debemos enfrentar a los adversarios de la verdad; ayuda que es esencial, ya que el enemigo es mejor combatido con sus propias armas. Sócrates no posee entendimiento verdadero, se limita a relatar, cortando raramente el desarrollo de sus descripciones con reflexiones, como en III, vii, xvi. También tuvo poco interés en la mera teología. Para él, el principal factor del cristianismo era la doctrina de la Trinidad, pero no sintió la necesidad de meditarla y formularla. Esencialmente concuerda con la afirmación del Monachicum (III, vii. 23) de Evagrio: 'Debemos inclinarnos en silencio ante lo inefable.' Esta indiferencia de Sócrates hacia la teología, y tal vez también por una inclinación de temperamento, determinó su actitud hacia las disputas eclesiásticas de su tiempo, oponiéndose al uso de la fuerza contra los herejes (VII, xli, comp. xxix). No juzga duramente ni siquiera a los arrianos, aunque los valora como herejes notorios (I, viii. 1-2). Su actitud hacia los novacianos fue especialmente amistosa; reprocha a Celestino por haber perseguido a los novacianos romanos (VII, xi) y considera seriamente si el duro destino que tuvo Juan Crisóstomo no fue un castigo por haber destruido las iglesias novacianas (VI, xix. 7). A veces alude a los novacianos específicamente (I, x, II, xxx viii; etc.) y es destacable su buena información sobre su historia. Estos hechos han sido explicados por la afirmación de que Sócrates mismo era novaciano, pero eso es erróneo, al menos cuando escribió su Historia. En V, xx. 1, habla de los novacianos del mismo modo que de los arrianos, macedonianos y eunomianos. Las relaciones personales de Sócrates con Auxanon, que había estado presente en el concilio de Nicea y vivió hasta el tiempo de Teodosio el joven (i. 13; comp. i. 10; Auxanon fuera o no de la misma fe podía dar información valiosa) y, por otro lado, la importancia de las comunidades novacianas en Constantinopla, explican ese interés en esa secta. Es evidente, a pesar de su buena voluntad, que ninguna gran obra podría esperarse de un escritor como Sócrates. Estaba bien calificado para contar experiencias personales, pero no para escribir historia. Este fue el juicio de Valesio y está confirmado por comentaristas posteriores. Sus informes no son fiables y en no pocos casos son erróneos. Sin embargo, los libros posteriores, especialmente el sexto y el séptimo, contienen mucha información valiosa.