Historia
SOZOMENO, SALAMANIO HERMIAS (c. 380 - c. 450)
Vida.
Era de familia cristiana, habiéndose su abuelo convertido al cristianismo con toda su casa al haber sido testigo de la expulsión por Hilarión de un demonio de un vecino suyo llamado Alafrión. Tales fueron los comienzos del cristianismo en el lugar, construyendo Alafrión iglesias y conventos, siendo el abuelo de Sozomeno conocido como exégeta. Bajo Juliano, a causa de su fe, se vio obligado a escapar (Hist. eccl., V, xv), entrando Sozomeno en contacto con Alafrión con quien reconoce una deuda de gratitud a la orden monástica (I, i. 19). Parece familiarizado con la región alrededor de Gaza, mencionando que había visto al obispo Zenón de Majuma, puerto de Gaza (VII, xxviii. 6). Es probable que visitara Jerusalén (II, xxvi. 3). Más tarde adoptó la vocación de abogado, en cuya capacidad ejerció en Constantinopla, en el tiempo en que compuso su historia.
Dos obras; ediciones.
Sozomeno escribió dos obras sobre la historia de la Iglesia; la primera (comp. Hist. eccl., I, i. 12), que ha desaparecido completamente, comprende en doce libros la historia de la Iglesia desde la Ascensión hasta Licinio. Eusebio, las homilías clementinas, Hegesipo y Julio Africano hacen uso de la misma. La segunda y más larga obra fue una continuación de la anterior, dedicándola al emperador Teodosio el Joven (edición príncipe de R. Stephens, París, 1544, basada en el Codex Regius, 1444). El texto fue primero fundamentado por Valesio (Cambridge, 1729) quien usó, además, el texto de Stephens, el Codex Fucetianus (actualmente en París, 1445), la lectura de Savilio y las tradiciones indirectas de Teodoro Lector y Casiodoro-Epifanio. La Historia de la Iglesia no ha sido preservada en su totalidad, como lo demuestra el hecho de que IX, xvi. 4 promete material que luego no aparece. Cuánto falta de la historia se puede estimar por el prefacio, donde se dice que la obra se extendería hasta el decimoséptimo consulado de Teodosio, esto es, el año 439, mientras que la historia existente acaba en el 425, por lo que debe faltar medio libro. Güldenpenning supuso que Sozomeno mismo suprimió el final de su obra, porque en el mismo mencionó a la emperatriz Eudoxia, quien más tarde cayó en desgracia por su supuesto adulterio. Pero esta suposición a duras penas es correcta, ya que Nicéforo y Teodoro Lector parecen haber conocido el final de la obra de Sozomeno.
Fuentes de la Historia de la Iglesia.
Por lo que ha sido dicho, la obra debió escribirse entre los años 439 y 450, siendo este último el de la muerte de Teodosio. Sozomeno ciertamente escribió después de Sócrates (comp. Sócrates, Hist. eccl., I, xxxviii. 9 con Sozomeno, Hist. eccl., II, xxx. 6-7). La relación literaria de estos dos escritores aparece por todas partes. Valesio afirmó que Sozomeno leyó a Sócrates y Hussey y Güldenpenning lo han demostrado. Por ejemplo, Sócrates, en I, x, cuenta una anécdota que él había escuchado y dice que ni Eusebio ni otro autor la recoge, aunque la misma se halla en Sozomeno, I, xxii, mostrando la similitud de dicción que el texto de Sócrates fue la fuente. Se han expresado dudas sobre la pretensión de Sozomeno, en su prefacio, de que usó en su obra informes de los concilios, cartas imperiales y otros documentos; pero investigación más cercana muestra que efectivamente fue así. También parece haber consultado la legislación (comp. XVI, i. 3, sobre la instalación de patriarcas en las cinco diócesis del imperio oriental, donde cita con más corrección que Sócrates). Los registros eclesiásticos usados por Sozomeno los ha tomado principalmente de Sabino, a quien continuamente hace referencia. De esa manera utiliza informes de los sínodos de Tiro (335) y de Antioquía en Caria (367). Como ejemplo, en II, xxvii. 14, menciona el concilio de Jerusalén y dice: 'Cuando hubieron hecho esto, escribieron al emperador y a la iglesia de Alejandría y a los obispos y clero en Egipto, Tebaida y Libia.' Sócrates habla de la carta al emperador y a los alejandrinos, pero nada sabe de las otras cartas. Sozomeno parece que consultó la Historia Athanasii y también las obras de Atanasio, por lo acabado de las frases de Sócrates de la Apología contra Arrianos, lix. y sig., y copias de Adv. episcopos Ægypti, xviii-xix de Atanasio. También consultó los escritos de Eusebio y Rufino. La Vita Constantini de Eusebio es expresamente citada en la descripción de la visión de Constantino así como Rufino, siendo especialmente instructiva, en este aspecto, una comparación de Sozomeno II, xvii. 6 y sig. con Sócrates, I, xv. y Rufino X, xiv. Para la anécdota de la infancia de Atanasio, Rufino es el original, señalando Sócrates expresamente que sigue a Rufino, mientras que Sozomeno conoce la versión de Sócrates, aunque no está satisfecho con la misma y sigue a Rufino. De los historiadores seculares, Sozomeno probablemente usó solo a Olimpiodoro. Una comparación con Zósimo, que también hizo uso de este escritor, parece mostrar que todo el libro noveno de Sozomeno, salvo las reflexiones del autor, no es más que un extracto resumido de Olimpiodoro. Usa ocasionalmente la tradición oral, así como la Vita Antonii de Atanasio, listas de mártires persas (II, xiv. 5), logoi de Eustacio de Antioquía (II, xix. 7), la carta de Cirilo de Jerusalén a Constancio sobre la visión milagrosa de la cruz (IV, v. 4), cartas de Juliano (V, iii. 4) y otras fuentes.
Carácter de la Historia.
El espíritu e interés de la obra de Sozomeno es manifiesto; sigue el hilo de la narrativa de Sócrates, pero quiere mejorar y superar su original por la elegancia de dicción y por el uso de fuentes excelentes de las que hace hábil uso. Generalmente sigue a sus autoridades estrechamente, algunas veces casi literalmente; cuando difiere, ocasionalmente, da las versiones dispares. La exposición histórica es totalmente impersonal; Sozomeno asume (III, xv.) que el objetivo de la historia es reunir hechos sin añadir nada a los mismos, de ahí que emite poca crítica y usualmente adopta las ideas de sus fuentes, hasta el punto de haber sido acusado de arrianismo y nestorianismo. En realidad, de acuerdo con su trasfondo legal, no tiene opinión en cuestiones teológicas. Pero a la vez era totalmente piadoso y un gran admirador del monasticismo. El intento de Sozomeno de componer una mejor historia de la Iglesia que la de Sócrates lo logró sólo parcialmente. Frecuentemente ofrece material adicional, pero raramente mejora a su prototipo. Los errores en los que Sócrates cayó en su tratamiento de la Iglesia oriental y especialmente tocante a la primera fase de la controversia arriana, son tranquilamente copiados por Sozomeno. En cuanto a la Iglesia occidental estaba mejor informado e hizo valiosas correcciones.