Historia

SPINOZA, BARUCH (1632-1677)

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677.

Baruch Spinoza, pintura anónima; en HerzoglicheBibliothekWolfenbuettel, Alemania
Baruch Spinoza, pintura anónima; en HerzoglicheBibliothek
Wolfenbuettel, Alemania
Sus padres eran judíos que fueron expulsados de Portugal por la persecución religiosa. Se dedicó al estudio de la Biblia y del Talmud, siendo instruido en latín por Franz van der Ende, un conocido médico de simpatías naturalistas. Tras volcarse en especulaciones filosóficas libres fue excomulgado de la sinagoga. Se entregó al estudio de la filosofía cartesiana y al desarrollo de la suya propia, morando en Ámsterdam entre 1656-60 o 61; en Rhynsburg cerca de Leiden hasta 1664, en Voorburg cerca de La Haya hasta 1670 y en La Haya desde entonces hasta su muerte, sosteniéndose económicamente mediante el pulimento de lentes. En 1673 declinó una oferta para el profesorado de filosofía en la universidad de Heidelberg, para no restringir su libertad de pensamiento. Sus obras escritas en La Haya, 1670-77, fueron Reni Descartes principiorum philosophiæ (2 partes, Ámsterdam, 1663); Tractatus theologico-politicus (Hamburgo, 1670) y, la más importante de todas, Ethica ordine geometrico demonstrata, que, junto a Tractatus politicus, Tractatus de intellectus emendatione y Epistolæ, fue publicada en Opera posthuma (Ámsterdam, 1677). De Deo homine, ejusque felicitate no fue conocida hasta que apareció en una traducción holandesa (Halle, 1852).

Como base de su método, Spinoza dependió de Descartes y para su idea en parte de la influencia de Giordano Bruno. Intentando alcanzar una certeza matemática, procede por un método de demostración exacta, análogo a la geometría de Euclides, con series de definiciones, axiomas, proposiciones y pruebas. Su noción fundamental es la de sustancia, que define como 'eso que está en sí mismo y es concebido por sí mismo, es decir, la concepción de lo que no necesita la concepción de ninguna otra cosa para ser formada.' No hay sino una sola sustancia, que es absoluta e infinita y es Dios. Nada se puede predicar de él, porque 'toda determinación es negación.' Solo puede ser entendida por atributos que pertenecen a la mente sola. No teniendo intelecto ni voluntad, no puede tener un fin último en perspectiva, sino que es la causa inmanente de todas las cosas. Nada puede limitarla, siendo absolutamente libre, actuando desde una auto-determinación interna o necesidad. Esta sustancia tiene dos atributos fundamentales conocibles por el hombre, que son pensamiento y extensión, aunque es posible un número infinito de atributos. No existe sustancia extendida separada de la sustancia pensante. Un atributo es 'eso que la mente percibe como constituyente de la esencia de la sustancia.' El movimiento, intelecto y voluntad, en conjunto, son modos infinitos o afecciones de la sustancia; todas las cosas individuales son modos finitos y cambiantes. Un 'modo es eso que está en algo más, por cuya ayuda es concebido.' Los modos del atributo de extensión son los objetos físicos; los modos de pensamiento son las ideas. No hay nexo casual entre atributo y modos de extensión por un lado, y atributo y modos de pensamiento por otro, en tanto ambos pertenecen a la misma sustancia; aunque en el atributo hay cadenas de causa y efecto y entre las dos series hay un completo paralelismo (ordo idearum idem est ac ordo rerum). Las cosas finitas incluyendo a los individuos son solo modos, pero Dios no es individual. De igual modo, la sucesión en tiempo o duración pertenece a las existencias o modos, pero la esencia o sustancia es no temporal y Dios es eterno. De su obra Tratado breve sobre Dios es el siguiente pasaje:

'Llamamos Dios a un ser del que todo puede afirmarse: esto es, un número infinito de atributos, de los que cada uno, en su especie, es infinitamente perfecto.
Para que nuestro pensamiento sea claramente expresado, propondremos cuatro proposiciones: 1) no existe una sustancia finita, sino que cada sustancia debe ser infinitamente perfecta en su género; es decir: en el intelecto infinito de Dios no puede haber ninguna sustancia más perfecta de la que ya existe en la naturaleza; 2) no existen dos sustancias iguales; 3) una sustancia no puede producir otra sustancia; 4) en el intelecto infinito de Dios, no hay ninguna sustancia que no exista formalmente en la naturaleza.
Por cuanto concierne a la primera proposición -esto es, que no hay sustancia finita-, si alguien quisiera defender lo contrario, nosotros le preguntaríamos: esta sustancia, ¿está limitada por sí misma, ha querido por sí misma ser limitada y no ilimitada? O mejor, ¿está limitada por su causa, que o no ha podido o no ha querido darle más?
La primera alternativa no es verdadera, porque es imposible que una sustancia haya querido limitarse a sí misma y, sobre todo, una sustancia que exista por sí misma. Entonces, yo digo: debe ser limitada por su causa, que necesariamente esDios. Ahora bien: si ha sido limitada por causa suya, ello es debido al hecho de que esta causa no ha podido o no ha querido darle más. Si no ha podido, esto contradice la potencia de Dios. Si no ha querido, esto más bien parece indicar celos: lo que es imposible en Dios, que es todo bondad y plenitud absoluta.
La segunda proposición -que no existen dos sustancias iguales- nosotros la demostramos diciendo que cada sustancia es perfecta en su género, ya que si hubiese dos sustancias iguales, necesariamente la una limitaría a la otra y, consecuentemente, aquélla no sería, en tal caso, infinita, como ya antes hemos demostrado.
Por cuanto concierne al tercer punto -esto es, que una sustancia no puede producir otra sustancia-, si alguien quisiera defender lo contrario, nosotros preguntaríamos: la causa que produciría esta sustancia, ¿tiene o no los mismos atributos que la producida? La segunda hipótesis es imposible, ya que nada viene de la nada. Queda, por lo tanto, la primera. Entonces preguntamos desde el principio: en el atributo, que sería la causa del producto, ¿la perfección es igual? ¿O bien es menor o mayor que en el producto? No puede ser menor por las razones ya aducidas. Ni mayor, porque el otro entonces sería limitado, lo que es contrario a todo lo que ya hemos demostrado. Por lo tanto, la perfección debería ser igual y, en consecuencia, las dos sustancias deberían ser iguales, lo que es claramente contrario a la demostración precedente.
Por otra parte, lo que ha sido creado no ha podido ser creado de la nada, sino que debe necesariamente haber sido creado de alguna cosa ya existente: pero no podemos comprender con nuestro intelecto que todo lo creado haya podido salir de algo, sin que éste algo no haya disminuido mínimamente.
Por último, si queremos referir a una causa la sustancia que es el principio de las cosas que nacen de su propiedad, deberemos buscar la causa de esta causa y de nuevo la causa de esta causa, y así hasta el infinito. De modo que, si al final es necésario detenerse y reposar en alguna parte, habrá sin duda que hacerlo en esta sustancia única.
El cuarto punto -esto es, que no hay sustancias o atributos en el intelecto infinito de Dios, más allá de los que formalmente existen en la naturaleza- nosotros lo demostramos: 1) con la potencia infinita de Dios, que hace que en él no pueda haber causa que lo determine a crear una cosa antes que otra; 2) con la simplicidad de su voluntad; 3) con el argumento de que Dios no puede omitir hacer todo aquello que es bueno; 4) con el argumento de que lo que todavía no es no podrá ser nunca, ya que una sustancia no puede crear otra sustancia.'
Baruch Spinoza, grabado de Karl Traugott Riedel
Baruch Spinoza, grabado de Karl Traugott Riedel
El hombre como individuo, siendo un modo, primero ve las cosas en relación a sí mismo distintivamente o al mundo de la cosas como natura naturata, de manera que tiene ideas inadecuadas por la opinio o imaginatio. La ratio brinda ideas adecuadas de la común armonía de las cosas. La intuición es la plena percepción sub specie æternitatis de Dios como sustancia infinita en causación inmanente o natura naturans. El criterio de la verdad es verdad en sí mismo, pues la mente humana, en tanto tiene una idea verdadera, es una parte del infinito intelecto divino. La volición es una forma de afirmación o disensión de la idea, siendo idéntica con ella, tal como la voluntad es idéntica con el intelecto. El hombre, como modo, estando condicionado por la multiplicidad de cosas sobre él, está en un estado de limitación, teniendo ideas inadecuadas (en la forma de duración) del ser complejo en tanto que está afectado de las cosas que le afectan y de las afecciones o pasiones producidas. Esto se ilustra comúnmente porque las mismas cosas parecen ser diferentes, a hombres diferentes, desde diferentes puntos de vista. Pero el hombre es activo cuando tiene ideas adecuadas o cuando algo surge de su esencia o naturaleza claramente entendida; es pasivo cuando tiene ideas inadecuadas. El deseo o apetito consciente, en tanto que afección, es la afirmación de la esencia del hombre hacia una mayor libertad. La transición armoniosa hacia un alto nivel de perfección es la ocasión para la pasión del gozo; lo opuesto de la tristeza. El gozo, acompañado por la idea de su causa externa, es la pasión del amor; el compañero de la tristeza es el odio. La impotencia para prevalecer sobre las pasiones personales es la atadura o lo opuesto a la libertad. El mal, que es relativo, es impedimento. El dominio de una pasión, una afección o estado de sufrimiento, es tener una clara idea de ella. Eso significa la necesidad de conocer todas las cosas como necesarias. El que tiene tal conocimiento de sí y sus pasiones se regocija y la idea de la causa externa de tal supremo gozo involucra el amor de Dios, y viceversa, el conocimiento de todas las cosas en tanto necesarias significa el conocimiento de Dios como causa inmanente.

Esto es lo que Spinoza llama el amor intelectual a Dios, concebido en la forma de eternidad. Como Dios sólo tiene ideas adecuadas y no está sometido a pasiones y progresión, no puede ser afectado por el amor ni por el odio. En Dios, en tanto puede ser explicado por la esencia o concebido por el hombre 'en la forma de eternidad', el sujeto amante y el objeto amado son una y la misma cosa. El amor intelectual de la mente a Dios es parte de ese amor, basado en el intelecto que es parte del intelecto infinito divino y por tanto inmortal, es decir, no temporal. La virtud, que es el poder de producir lo que es acorde con la esencia de uno, o naturaleza, no es la recompensa de la felicidad sino su propia recompensa.

En Theologico-politicus Spinoza defiende la libertad religiosa, hasta donde es satisfecho el interés del Estado en las buenas obras. Mantiene que la teología y la filosofía no tienen nada en común y repudia la autoridad demandada por la primera sobre la última, sobre la base de que la teología trata con los atributos antropomórficos y las relaciones de Dios y la filosofía con nociones claras. En denuedo, imaginación y fidelidad al método, Spinoza es uno de los más grandes filósofos. Las lecciones prácticas que su sistema enseña, las de necesidad y resignación estoica, quedaron ilustradas en su propia vida. Minado por la tuberculosis, asediado por sus perseguidores y abrumado por su trabajo, fue un modelo de paciencia y dulce mansedumbre.