Historia
SPOTTISWOOD, JOHN (1565-1639)

Al ascender Jacobo al trono inglés en 1603, Spottiswood le acompañó en el viaje a Londres; pero al morir poco después el arzobispo Beaton, fue propuesto por el rey para la sede vacante, siendo enviado a Escocia para ayudar a la reina en su viaje al sur. Desde el momento en que se convirtió en rey de Inglaterra, Jacobo se sintió liberado de la atadura que desde su infancia le había impuesto la Iglesia de Escocia, resolviendo ahora actuar libremente. Su principal objetivo fue asimilar la Iglesia de Escocia a la de Inglaterra y especialmente aniquilar las pretensiones de los ministros para dictar a la nación en asuntos civiles. Al desarrollar esta política, el rey usó a Spottiswood, realizando éste sus difíciles deberes con gran discreción. El 30 de mayo de 1605 fue admitido como miembro del consejo privado escocés. En relación a los asuntos de la Iglesia hizo frecuentes visitas a Londres, haciendo buen uso de sus oportunidades para poner los ingresos de su sede en una condición satisfactoria. Durante sus viajes tuvo frecuentes encuentros con su antiguo profesor, James Melville, entonces confinado en Newcastle, pero no pudo cambiar su actitud; al referirse a su muerte en 1608, lo describe como 'un hombre de sólido saber, sobrio y modesto, pero tan adicto a la línea de Andrew Melville, su tío, que al seguirle perdió el favor del rey, que una vez disfrutó en gran medida, por lo que él mismo y sus trabajos fueron inaprovechables para la Iglesia.' La última parte de la frase contiene la suma y sustancia del propio credo eclesiástico de Spottiswood; era un erastiano del tipo más estricto y en asuntos eclesiásticos actuó simplemente como un siervo del rey. En 1610 fue moderador de la asamblea en la que quedó abolido el presbiterio y el 21 de octubre del mismo año él y otros dos obispos escoceses fueron, por deseo especial del rey, consagrados para el oficio episcopal por los obispos de Londres, Ely y Bath. El 15 de noviembre fue también nombrado uno de los comisionados del tesoro público. A la muerte del arzobispo Gledstanes en 1615, fue trasladado el 31 de mayo a la sede de St. Andrews. Poco después de su consagración los dos tribunales de la alta comisión para el juicio de delitos eclesiásticos fueron unificados. En junio del año siguiente, George Gordon, sexto conde y primer marqués de Huntly, fue citado ante esta comisión por su adhesión al papado, y, al negarse a suscribir la confesión de fe, fue encerrado durante un tiempo en el castillo de Edimburgo. Sin embargo, por autorización del rey fue liberado y enviado a Londres, donde fue absuelto por el arzobispo de Canterbury y recibido a la comunión en Lambeth. El 12 de julio Spottiswood, en un sermón en St. Giles, se propuso aquietar la excitación de la Iglesia escocesa por esa evidente usurpación de sus prerrogativas disciplinarias, al afirmar que el rey había prometido que 'el deseo no se modificaría en el futuro'; pero naturalmente él también se resintió del desaire impuesto sobre él, escribiendo una protesta al rey, que provocó de éste la explicación de que todo se había hecho 'con el debido reconocimiento de la autoridad independiente de la Iglesia de Escocia', en testimonio de lo cual el arzobispo de Canterbury había acordado que su protesta quedaría registrada. Además el arzobispo escribió una carta privada a Spottiswood dándole una explicación plena de su proceder y señalando que, ya que Huntley había expresado su disposición a dar la comunión cuando y donde al rey le agradara, se estimaba aconsejable darle una oportunidad de hacer buena su promesa.
En la apertura del parlamento durante la visita del rey a Escocia en 1617, Spottiswood, en su sermón, aprovechó para alabar 'al rey por su gran celo y cuidado para asentar el estado de la Iglesia y exhortó a los Estados a ayudarle'; y aunque, junto con los otros prelados, se opuso a la imposición de que 'lo que su majestad determine en el gobierno externo de la Iglesia con el consejo de los arzobispos, obispos y un número competente del ministerio, debe tener fuerza de ley', él parece haber inducido al rey a llevar a cabo la medida, pero haciéndolo de tal manera que las reformas ceremoniales especiales que deseaba introducir recibirían el imprimatur de la asamblea general de la Iglesia de Escocia. En esa asamblea, celebrada en Perth en agosto de 1618, Spottiswood se puso a sí mismo en el puesto de moderador, y, sobre el fundamento de que la asamblea estaba 'convocada dentro de las competencias de su cargo' tomó el oficio de moderador sin que hubiera elección. De este modo tuvo la oportunidad en el sermón de apertura de exponer las propuestas del rey, de explicar su propia actitud hacia ellas y de usar todos sus poderes de persuasión, que eran grandes, en su favor. Con auténtica o afectada franqueza, y en cualquier caso con admirable tacto, admitió que al someterse a los deseos del rey estaba en un sentido actuando contra su mejor juicio y que si hubiera estado en su 'poder haberlos desaconsejado o declinado' lo habría hecho. Sin embargo, argumentó que 'en cosas indiferentes debemos siempre estimar lo que es mejor y que es apropiado que así parezca a los ojos de la autoridad pública.' (Sermón citado en Life of the Author) y que el mal que podía resultar de la 'innovación' no era tan grande que pudiera resultar de la 'desobediencia'. La apelación no tuvo éxito. Los cinco artículos, a partir de entonces conocidos como los Cinco Artículos de Perth, ordenaban (1) que la comunión debía tomarse de rodillas; (2) que en caso de enfermedad la comunión se podía administrar privadamente; (3) que el bautismo debía ser, bajo circunstancias similares, administrado de la misma manera; (4) que los niños debían ser llevados ante el obispo para ser bendecidos y (5) que las festividades debían ser recuperadas. El 25 de octubre los artículos fueron sancionados por un acta del consejo privado y el 26 se publicó la proclamación del rey ratificándolos y confirmándolos, siendo publicados en la cruz de Edimburgo. Y ahora que habían sido sancionados, Spottiswood resolvió que no se quedarían en letra muerta. Predicando en St. Giles en Edimburgo el 14 de mayo de 1619, antes los oficiales del Estado, exhortó a los consejeros y magistrados no sólo a dar buen ejemplo al pueblo al cumplir los artículos, sino a imponerlos a los demás. En un sínodo diocesano celebrado en Edimburgo el 26 de octubre amenazó con los más severos castigos a los ministros que se negaran a conformarse a los nuevos artículos. No obstante, una conferencia de obispos celebrada a su instancia en St. Andrews el 23 de noviembre para ordenar su implantación fracasó en su propósito y cuando en otro sínodo diocesano celebrado en St. Andrews el 25 de abril de 1620 se hizo una propuesta para censurar a quienes no se hubieran conformado, la mayoría abandonó la reunión. Finalmente, en junio de 1621 los artículos fueron ratificados por el parlamento. Cuando el comisionado se levantó para realizar el acta de ratificación, sonó un trueno imponente, suceso que una facción interpretó como una manifestación especial de la ira de Dios y la otra como un testimonio de su especial aprobación, como cuando la ley fue dada en Sinaí.
Tras la muerte del rey Jacobo, Spottiswood gozó del mismo favor ante Carlos I. Por una carta del consejo privado, del 12 de julio de 1626, Carlos mandó que Spottiswood debía tener el lugar de precedencia ante el lord canciller de Escocia; pero según Sir James Balfour, el lord canciller (Sir George Hay, primer conde de Kinnoull), 'un hombre gallardo y corpulento, nunca 'aguantaría que fuera puesto en su lugar ni que hiciera lo que quisiera.' Pero a la muerte de Kinnoull, el arzobispo, en enero de 1635, fue hecho canciller.

Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Spottiswood fue el autor de Refutatio Libelli de Regimine Ecclesiæ Scoticanæ (1620), pero es mejor conocido por History of the Church and State of Scotland from the year of our Lord 203 to the end of the reign of King James VI, 1625, publicada póstumamente en Londres en 1655, con una biografía del autor supuestamente por el obispo Duppa. Emprendida por solicitud del rey Jacobo, por cuyo mandato Spottiswood tuvo acceso a los documentos necesarios, su obra tiene los defectos habituales de una historia oficial. Pero especialmente en lo tocante a los sucesos de su propio tiempo es de valor, como equilibrio a la History de Calderwoood, y aunque es la obra de un partidista, está en su conjunto escrita con franqueza e imparcialidad.