Historia
SPRING, GARDINER (1785-1873)

Asumió este puesto, el trabajo de su vida, con una devoción concentrada que se mantuvo constante con él. Desde el principio, la predicación fue su preocupación principal. Al principio de su ministerio, como siempre, sus sermones surgieron de un estudio diligente y amplia lectura, pero definitivamente estaban destinados a producir conversiones. Creía firmemente en la enseñanza del nuevo nacimiento, que entonces dominaba en los Estados Unidos. Durante los veinte años anteriores a 1834 su iglesia experimentó repetidos despertamientos, resultando en una firme seriedad religiosa. A partir de entonces su predicación tuvo un elemento más amplio de instrucción. Claramente pastoral y ético, tenía un fuerte marco teológico. Era un calvinista completo, con considerable liberalidad de espíritu. Protestó enérgicamente contra la exclusión de varios sínodos de la Iglesia Presbiteriana en 1837 debido a diferencias teológicas, pero cuando la iglesia se dividió, él y su congregación se unieron a la rama conservadora. Su iglesia local había sufrido durante diez años debido a su ubicación en el centro de la ciudad, mientras tanto se había mantenido unida principalmente por la lealtad a su pastor. En 1858 se inauguró un nuevo edificio, donde se había formado una congregación notable por la fuerza de sus miembros, que incluía a muchas personas influyentes en la ciudad, y por sus abundantes actividades filantrópicas. Ocupó un puesto de mando en la vida de Nueva York y estuvo activo en todo tipo de actividades religiosas y empresas caritativas, locales y nacionales, especialmente en causas misioneras. La publicación de muchos de sus sermones y discursos aumentaron la influencia obtenida por su predicación. Sus libros de amplia circulación fueron Essays on the Distinguishing Traits of the Christian Character (1813), Obligations of the World to the Bible (1839) y The Power of the Pulpit (1848). En 1866 publicó dos volúmenes de Personal Reminiscences of the Life and Times of Gardiner Spring. Su esposa, madre de sus quince hijos, murió el 7 de agosto de 1860 y el 14 de agosto de 1861 se casó con Abba Grosvenor Williams.
La Guerra Civil lo impulsó a una intensa actividad. Había simpatizado fuertemente con el Sur, porque sostenía que la esclavitud estaba reconocida en la Constitución y se había opuesto a los abolicionistas. Pero cuando la secesión era inminente, se comprometió con la causa de la Unión. En la Asamblea General Presbiteriana que se reunió en mayo de 1861 propuso las "resoluciones Gardiner Spring." Al adoptarlas, en cierto modo enmendadas, tras un intenso debate, la Asamblea dio su lealtad al gobierno federal, una acción memorable en las relaciones de la Iglesia y el Estado. En la Asamblea General de 1869, en su propia iglesia, aunque tenía ochenta y cuatro años y casi ciego, suplicó poderosamente en un momento crítico por la reunión de las dos ramas del presbiterianismo, lo que vio cumplido. Cuatro años después murió en Nueva York.
Sus principales publicaciones fueron Essays on the Distinguishing Traits of Christian Character (Nueva York, 1813); Memoirs of the Rev. S. J. Mills, Late Missionary to the Southwestern Section of the United States (1820); An Appeal to the Citizens of New York, on Behalf of the Christian Sabbath (1823); The Attraction of the Cross; designed to illustrate the leading Truths, Obligations, and Hopes of Christianity (1846); The Bible not of Man; or, the Argument for the divine Origin of the sacred Scriptures, drawn from the Scriptures themselves (1847); First Things. A Series of Lectures on the great Facts and moral Lessons first revealed to Mankind (2ª edición, 2 volúmenes, 1851); The First Woman (1852); Pulpit Ministrations; or, Sabbath Readings. A Series of Discourses on Christian Doctrine and Duty (1864); Personal Reminiscences of the Life and Times of Gardiner Spring (2 volúmenes, 1866) y sermones ocasionales y colecciones de sermones.
De The Cross the Preservation from Final Apostasy es el siguiente pasaje:
Tal es la atracción de la Cruz que lo que una vez asegura, lo mantiene para siempre. Los que una vez se interesan en ella, nunca pierden ese interés. Una vez atraídos a ella por una fe auténtica e impartida por el cielo, nunca rompen ese vínculo como para ser finalmente separados de Cristo y, al final, perecer... Nuestra posición es que no existe tal cosa como caer definitivamente de la Cruz al final. Una vez en Cristo, siempre en Cristo; una vez justificado, siempre justificado'. La perseverancia final de todo creyente verdadero es segura. Presentaré las razones de esta posición, lo más breve y simplemente que pueda.Encontramos en la Cruz, uno de los hijos caídos de Adán -penitente, humillado y creyendo al pie de la Cruz-. Fue allí, no porque estaba naturalmente en su corazón hacerlo. Había sido un ser totalmente depravado y no aborrecía nada, tanto como a la santa salvación procurada por el hijo crucificado de Dios. La salvación le fue [declarada] gratuitamente a través de la Cruz, pero no quería aceptarla, ni la aceptó hasta que Dios, por su propio poder omnipotente, creó en él un nuevo corazón y un nuevo espíritu, transformando su carácter, muerto en delitos y pecados, en una vida espiritual. Él es obra de la mano de Dios, hecho nueva criatura en Cristo Jesús: "Conforme a la imagen del que lo creó" (y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó;[…]Colosenses 3:10). Ahora, ¿hay alguna razón para creer que Dios se hubiera ocupado de avivar, convencer y renovar a esta criatura, anteriormente depravada, y conducirla a la Cruz de su Hijo, dándole el gozo y la paz que viene de creer, sólo para que, en algún momento en el futuro, se apartara de la Cruz y muriera?...
Leo en las Escrituras declaraciones como éstas: "Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.[…]Juan 13:1). "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios" (porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.[…]Romanos 11:29). "Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados" (Porque el SEÑOR ama la justicia, y no abandona a sus santos; ellos son preservados para siempre, pero la descendencia de los impíos será exterminada.[…]Salmo 37:28). "Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" (13 En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras[…]Efesios 1:13-14). "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.[…]Filipenses 1:6).
¿Y qué nos enseñan estas escrituras, sino que el Dios de amor nunca deja su propia obra sin terminar y que lo que comienza con gracia, acaba en gloria? Sería una nueva visión de Dios, creer que alguna vez, abandona a los que una vez unió a su Hijo. Estoy convencido de que éste es un concepto no avalado por las Escrituras... Veamos otro punto de vista de este mismo pensamiento general. Este pecador regenerado y creyente, acercado tan tardíamente a la Cruz, es perdonado y justificado. Por la fe en la Cruz de Cristo, no sólo posee un carácter distinto del que una vez tuvo, sino que es conducido a nuevas relaciones. Ya no está más bajo la Ley, sino bajo la gracia. Está en un estado de gracia -un estado justificado-. Desde el momento en que cree, la sentencia de condenación que pesaba sobre él por sus transgresiones, fue anulada. Fue legalmente absuelto de castigo. Su deuda con la justicia divina fue pagada y se le ha imputado una justicia que responde a cada demanda de la Ley de Dios. Ha sido restaurado al favor de, una vez, su ofendido Soberano y se ha hecho acreedor de todas las inmunidades de su Reino. Está unido al Salvador por una fe viva y ha llegado a ser uno con Él, igual como los pámpanos están unidos a la vid y los miembros del cuerpo a su cabeza. Obtuvo esa valiosa fe por la que está unido a la Vid Viva "por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo" (Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que han recibido una fe como la nuestra, mediante la justicia de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo:[…]2 Pedro 1:1).
Ahora, ¿cómo concuerda la creencia de caer definitivamente de la Cruz con este estado justificado de todo creyente? Pablo, al referirse a esta condición de todos los creyentes auténticos, usa el siguiente lenguaje: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (1 Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza[…]Romanos 5:1-2). Considera la justificación del creyente como una restauración permanente del favor de Dios, y continúa con una fuerte y concluyente razón para respaldar su posición.
Su argumento es éste: Si Dios dio a su Hijo para morir por los hombres, mientras todavía eran sus enemigos, ¡cuánto más ahora que son sus amigos, los salvará por medio de su muerte! "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira" (8 Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El. […]Romanos 5:8-9). Todas las demás representaciones de la justificación dadas en la Biblia, coinciden perfectamente con ésta. Dios nunca perdona uno de los pecados de su pueblo sin perdonarlos todos. Una vez perdonados, ya no hay más condenación: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones" (Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES.[…]Hebreos 10:17). La justificación es representada siendo como para vida, vida eterna. "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (1 Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.[…]Romanos 8:1-2). ¿Puede admitirse la hipótesis de que los que gozan de una relación tan cercana con Jesucristo como para ser miembros de su propio cuerpo, perecerán algún día?
¿O está más de acuerdo con lo que sabemos de Él, creer en la garantía de seguridad: "Porque yo vivo, vosotros también viviréis" (Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.[…]Juan 14:19)?
La fe que fue al principio por su justificación, por su justificación será perpetuada hasta el final. Y la unión que una vez se forma con Él, nunca será disuelta. Esa es la enseñanza evidente de las Escrituras. "El que creyere..., será salvo" (El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.[…]Marcos 16:16). Si... nadie será salvo sin perseverar en santidad y si todos los que creen serán salvos, entonces, todos los que creen perseverarán en santidad. Dios le ha dado a esta promesa la forma solemne y enfática de un pacto -un pacto "ordenado en todas las cosas, y será guardado" (En verdad, ¿no es así mi casa para con Dios? Pues El ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todo y seguro. Porque toda mi salvación y todo mi deseo, ¿no los hará ciertamente germinar?[…]2 Samuel 23:5), prometiendo a su pueblo "las misericordias firmes a David" (Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David.[…]Isaías 55:3)-. Leamos su interesante y propia descripción de aquel pacto: "He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.. .Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí" (31 He aquí, vienen días--declara el SEÑOR--en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32 no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rom[…]Jeremías 31:31-33; 32:40).
Escribiendo a los hebreos, Pablo habla de este pacto, no sólo como un nuevo pacto, sino un "mejor pacto" y establecido sobre "mejores promesas" que el pacto del Sinaí (Pero ahora El ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.[…]Hebreos 8:6). El pacto del Sinaí era una promesa de favor divino, mientras los israelitas perseveraran en ser obedientes, pero no prometía una obediencia perseverante en sí misma. En cambio, este nuevo pacto contiene esta "mejor promesa" y esta promesa constituye su gran preeminencia.
Una de las promesas de este pacto es la de un estado justificado -promesa hecha a la fe como la condición revelada de sus bendiciones-. La gran y principal condición de ese pacto, fueron los sufrimientos de la Cruz. Ha sido cumplida y "con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Porque por una ofrenda El ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.[…]Hebreos 10:14). Pero existe también, una condición subordinada cumplida por los mismos creyentes en esas transacciones en las que la fe entra con su gran Fiador' y esto, también se ha cumplido. Nada puede servir mejor a nuestro propósito que las declaraciones del Apóstol argumentando los estímulos de este pacto de gracia, cuando dice: "Mas el justo vivirá por fe-, y si rctrocedicrc, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma" (38 MAS MI JUSTO VIVIRA POR LA FE; Y SI RETROCEDE, MI ALMA NO SE COMPLACERA EN EL. 39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma. […]Hebreos 10:38-39). Si hay tal caída definitiva final de este estado de justificación, ¿qué significan declaraciones como las siguientes? "EI que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendra a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.[…]Juan 5:24). "Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" (Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.[…]Juan 6:40). "Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó” (y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó.[…]Romanos 8:30). "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará" (Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.[…]1 Tesalonicenses 5:24).
Pero tenemos también, la creencia de la unión permanente del creyente con la Cruz, la cual se relaciona con el gran Sufriente mismo y que da evidencias, ciertamente no menos satisfactorias de la verdad que las que estamos considerando. I?I Salvador mismo tiene el derecho garantizado a la perseverancia final en la santidad y a la salvación final de cada pecador que una vez creyó verdadera mente en Él. Es un derecho que le fue garantizado en las edades de la eternidad, y comprado y sellado por su sangre expiatoria. "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, vera linaje... Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho- (10 Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndo le a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará. 11 Debido a la angustia de su a[…]Isaías 53:10-11). Pablo habla de los que tienen "la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio (le los siglos" (con la esperanza de vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde los tiempos eternos,[…]Tito 1:2).
¿Para quién era la promesa de vida eterna hecha antes del principio de los siglos? Ciertamente no a los hombres porque no existían, sino a Jesucristo, para lodos los que, desde entonces en adelante, creyeran en El y quienes, de esta manera anticipada, le fueron dados como recompensa por sus sufrimientos y su muerte. No entregó su vida por nada ni por una recompensa que era indefinida. Lo hizo para que fuera "dad[o) a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales" (a fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,[…]Efesios 3:10) y su victoria triunfante sobre el príncipe de las tinieblas.
Si el éxito de su gran obra hubiera dependido tic la ingobernable voluntad del hombre, nadie hubiera aceptado su salvación. O si hubiera dependido de sus mentes inconstantes, e infieles, una vez aceptada, ¡no hubiera existido ninguna garantía de que los que acudieran a Él, no serían echados fuera al final. ¿Y descendió del cielo y entregó su alma hasta la muerte en una empresa tan incierta y dudosa? ¿O, antes de dejar el seno de su Padre, contó con la promesa de la convicción, la conversión, la fe y la perseverancia, y salvación final de una "gran multitud, la cual nadie podía contar", ni uno de los cuales sería culpable de una apostasía definitiva...?
El Hijo del Hombre nunca perdió de vista esta gran promesa, sino que la mencionó a menudo, mientras estaba sobre la tierra. Él dijo: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera (Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.[…]Juan 6:37). "Le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste" (por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano para que dé vida eterna a todos los que tú le has dado.[…]Juan 17:2). "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (28 y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. […]Juan 10:28-29). "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo" (Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.[…]Juan 17:24).
Aquí está la seguridad contra su caída definitiva. El Salvador sufriente tiene un derecho sobre ellos que es respetado en el cielo y que Él puede hacer cumplir. Decimos de la Cruz, lo que dijo cierta vez un renombrado hombre, acerca de sus doctrinas afines: "Entiendo, señor", dijo un amigo al difunto Sir Rowland Hill, "que sostiene usted esta terrible doctrina de la elección". "Está equivocado", respondió Sir Rowland, "yo no sostengo la elección, la elección me sostiene a mí". Los creyentes sostienen la Cruz porque la Cruz los sostiene a ellos. No veo que el Salvador tendría ninguna seguridad para la salvación de aquellos que le fueron dados, si se admitiera la doctrina de que es posible perder la salvación. Si uno pudiera perderla, todos podrían perderla. Podría violarse el acuerdo y podría El perder su recompensa, a menos que la gracia de su Cruz los mantenga firmes y para siempre. Hay desviaciones morales en el camino, pero su fidelidad promete rectificarlas. Hay pecados a los cuales están expuestos y que cometerán, pero la misma fidelidad los purificará. "Hice pacto con mi escogido" (Yo he hecho un pacto con mi escogido, he jurado a David mi siervo:[…]Salmo 89:3), dice el Santo de Israel. "He puesto el socorro sobre uno que es poderoso; he exaltado a un escogido de mi pueblo... Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad" (Salmo 89:19,29-33).
El compromiso del Padre con el Hijo fue un compromiso de buena fe. Mientras Dios esté sobre el trono, y pueda controlar sus corazones y gobernar su condición y destino, la infidelidad de ellos nunca puede hacer "nula la fidelidad de Dios" (Entonces ¿qué? Si algunos fueron infieles, ¿acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios?[…]Romanos 3:3). Los peligros pueden abundar alrededor del camino por el que andan y ellos pueden, a menudo, temblar por temor a caer por mano del enemigo, pero desde el altar de la intercesión, el que derramó su sangre en el Calvario, los ve y les dice: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.[…]Lucas 12:32). Ni podría existir la plena seguridad de esperanza en este pacto y promesas, si los creyentes pudieran perder su salvación al final. Ninguna evidencia presente de un cambio de corazón, por más evidente que sea; ninguna conciencia de amor a Dios y de le en su HIJO, por más fuerte e infalible que sea; ninguna indicación de un estado perdonado y justificado, por más concluyente que sea, podría garantizar esa seguridad completa de esperanza poseída por los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento, expresada por Abraham, cantada con tanta frecuencia y devoción por David, y glorificada por Pablo, sería posible, si hubiera algo de incertidumbre sobre su permanencia hasta el final. Ningún ser humano viviente puede saber si al final no terminará en el infierno, si admite la hipótesis de que puede perder su salvación. La seguridad y la certeza de la salvación, tan a menudo disfrutada y tan uniformemente requerida en las Escrituras, sería absolutamente imposible, si la atracción a la Cruz no litera suficientemente poderosa para guardar a todos los que una vez atrajo.
Dejemos que esta gran doctrina de la Cruz sea pues como su Autor designó que fuera, para consuelo y edificación de todos los que realmente temen a Dios y aman a su Hijo. Aquí, cristiano, está la promesa de tu seguridad. "Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (Así dice el SEÑOR: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del SEÑOR se aparta su corazón.[…]Jeremías 17:5). Sigue tu camino y regocíjate al avanzar. ¡A la cruz de tu Redentor no le falta poder para guardarte de caer y presentarte sin mancha ante la presencia de su gloria con gran gozo! El cordero más débil está seguro, una vez que es parte del redil del Gran Pastor… Recibir a Cristo es iniciar el camino al cielo. El que es el Autor, es también el Consumador de tu fe. ¡Echa fuera tus desalientos y confía en Jesús! ¡Echa fuera tus tinieblas y confía en Jesús como la luz de la vida! ¡Mira hacia atrás y contémplalo en la Cruz! ¡Mira hacia las alturas y contémplalo en el trono! ¡Mira hacia adelante y contémplalo en su segunda venida! Tu Salvador, tu Consejero, tu justicia, tu Fortaleza, el Capitán de tu salvación, tu Porción, quien una vez estuvo colgado en aquella Cruz, está sentado ahora en ese trono desde donde vendrá pronto para juzgar al mundo en su justicia. ¡Si tienes a Cristo, lo tienes todo! ¡El cielo mismo no es tan gran regalo como lo es el propio Hijo de Dios! ¿Qué diremos de estas cosas? "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (31 Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas? […]Romanos 8:31-32)...
Mis queridos amigos, si todos los verdaderos creyentes han de perseverar hasta el final para ser salvos, ¿qué será de ustedes? Si "los justos", aunque salvos, salvos infaliblemente y para siempre, son salvos con tanto esfuerzo, "¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?" (Y SI EL JUSTO CON DIFICULTAD SE SALVA, ¿QUE SERA DEL IMPIO Y DEL PECADOR?[…]1 Pedro 4:18). has llegado a la vista de la Cruz y te has alejado de ella. Tienes que comenzar y perseverar hasta el final, y aun, ni has entrado en el camino que lleva a la vida. Tienes que pelear la buena batalla de la fe y, no sólo estás sin armadura, sino también dormido en el campo. ¿Puedes esperar alcanzar la meta para obtener la victoria y usar la corona? Con tanto que hay por hacer, ¿puedes estar a salvo sin hacer nada? Oh, ¿cuándo recibirás a Cristo Jesús, el Señor, y tomarás ese rumbo en el cual tienes algo más que la garantía humana de que permanecerás hasta el final? Una vez en Cristo, siempre en Cristo -¡qué motivo es éste para buscarlo e interesarte por El! Nada de caer definitivamente de la Cruz-. ¡Qué motivo es éste para huir a la fortaleza como prisionero de la esperanza!
Bibliografía:
William H. Allison, Dictionary of American Biography, [J. O. Murray, A Discourse Commemorating the Ministerial Character and Services of Gardiner Spring (1873); F. B. Dexter, Biog. Sketches of the Grads. of Yale College, vol. V (191 1); Shepherd Knapp, A Hist. of the Brick Presbyterian Church in the City of New York (1909); L. G. VanderVelde, The Presbyterian Churches and the Federal Union, 1861-1869 (1932); New York Observer, Aug. 28, 1873.]; Portavoz de la Gracia.