Historia

SPURGEON, CHARLES HADDON (1834-1892)

Charles Haddon Spurgeon, predicador y pastor inglés, nació en Kelvedon, Essex, el 19 de junio de 1834 y murió en Mentone, Francia, el 31 de enero de 1892.

Charles Haddon Spurgeon
Charles Haddon Spurgeon
Preparación y ministerio.
Procedía de una familia de origen holandés que buscó refugio en Inglaterra durante la persecución del duque de Alba. Su abuelo, James Spurgeon (1776-1864), nacido en Halstead, Essex, fue ministro independiente del evangelio en Stambourne. El padre de Charles, John Spurgeon, nació en 1811 y fue sucesivamente ministro de las congregaciones independientes de Tollesbury, Essex, de Cranbrook, Kent, de Fetter Lane, y de Upper Street, Islington. La madre era la hermana menor de Charles Parker Jarvis de Colchester, nacida en Kelvedon, Essex, el 19 de junio de 1834. Charles pasó los primeros años de su vida con su abuelo, pero desde los siete a los quince años fue educado en la escuela en Colchester, dirigida por Henry Lewis; pasó algunos meses en un colegio rural en Maidstone en 1848 y en 1849 era profesor ayudante en una escuela en Newmarket, regentada por un bautista. Cuando era joven estuvo sujeto a una agitación y conflicto interior, fechando su conversión el 6 de diciembre de 1850, en la capilla de los metodistas en Colchester, siendo profundamente impresionado por un sermón predicado por un laico sobre Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro.[…]Isaías 45:22. Fue bautizado el 3 de mayo de 1851 en Lark, en Isleham, uniéndose a la denominación bautista. Ese mismo año era profesor ayudante en una escuela en Cambridge, asociándose con los predicadores laicos relacionados con la iglesia bautista en St. Andrews Street, Cambridge. Obligado por las circunstancias, predicó sin tenerlo preparado su primer sermón en una granja en Teversham, cerca de Cambridge, a la edad de dieciséis años. Sus dones fueron enseguida reconocidos, difundiéndose su fama. Predicaba en capillas, granjas o al aire libre hasta en trece puntos localizados en las inmediaciones de Cambridge, una vez que sus obligaciones en la escuela habían concluido. En 1852 era pastor de la pequeña iglesia bautista en Waterbeach y en abril de 1854, tras predicar tres meses a prueba, fue llamado a la labor pastoral de New Park Street Church, Southwark, Londres. Solo cien personas asistieron a su primer culto, pero antes de acabar el año la capilla tuvo que ser ampliada, predicando en Exeter Hall durante las obras. Cuando quedó terminada, la nueva capilla resultó ya ser pequeña, proyectándose un gran tabernáculo. Mientras tanto, en 1856, predicó en Surrey Gardens a una audiencia de diez mil personas, siendo a los veintidós años el predicador más popular de su tiempo. Hombres y mujeres de todas las clases sociales se congregaban para escucharle. Los periódicos, desde el Times para abajo, se hacían eco de su influencia, no faltando las caricaturas y la calumnia. El 19 de octubre de 1856 una maliciosa alarma de fuego, dada mientras Spurgeon estaba predicando en la sala Surrey Gardens, desató el pánico, que causó la muerte de siete personas y heridas a muchas otras, pero la posición del predicador no se vio amenazada. En 1861 se inauguró el Metropolitan Tabernacle en Newington Causeway, con capacidad para seis mil asientos y un costo de 31.000 libras, donde Spurgeon ministraría hasta el día de su muerte, reteniendo su popularidad y poder como predicador hasta el final. El Tabernacle se convirtió, bajo la poderosa personalidad de Spurgeon, en un centro de vida religiosa.

Otras tareas.
Además de predicar, otras empresas demandaron su energía. En 1855 aceptó a su primer estudiante para el ministerio, reuniéndose pronto una clase en su casa cada semana para instrucción en teología, deberes pastorales y otros asuntos prácticos. Esta tarea fue asignada principalmente a un tutor. Esta escuela de pastores situada primero en su casa, luego en el Tabernacle, 1861-74, finalmente fue llevada, tras 1874, a los edificios de New College. La misión local de esos estudiantes en los suburbios fue el núcleo de las nuevas escuelas dominicales e iglesias, un círculo agrupado en torno a la iglesia central. Sus necesidades internas fueron provistas por varias asociaciones auxiliares. Spurgeon fue presidente de una sociedad para la diseminación de Biblias y tratados, empleando el servicio de noventa colportores. El orfanato Stockwell se incorporó en 1867 con una donación de 20.000 libras dadas por Mrs. Hillyard. Creció hasta un conjunto de doce casas y acomodó a quinientos niños.

Spurgeon predicando en Crystal Palace
Spurgeon predicando en Crystal Palace
Controversias.
La figura de Spurgeon era compleja. Por conversión fue metodista, por profesión bautista y doctrinalmente calvinista, siendo llamado 'el último de los puritanos'. Fue capaz de sostener sus convicciones hasta el punto de desunir a ciertas iglesias. En 1864 promovió una controversia con el sector evangélico de la Iglesia anglicana por un poderoso sermón, Baptismal Regeneration, sobre dicha doctrina, a la que él se oponía, reprochando a los eclesiásticos anglicanos evangélicos, que en principio eran igualmente antagonistas de la doctrina, que se adhirieran a una organización que la enseñaba. Se vendieron 300.000 copias, escribiéndose numerosos folletos en réplica, siendo el más importante de todos el de un bautista, B. W. Noel, Evangelical Clergy Defended (1864), en el que Spurgeon era censurado por introducir divisiones innecesarias entre hombres de fe similar. Sin embargo, él optó por retirarse de la Alianza Evangélica, que era en buena medida sostenida por la facción de la Baja Iglesia anglicana.

Su vigorosa e indomable fe en el calvinismo debilitó con el paso del tiempo los lazos de simpatía que tenía con un gran sector de su propia denominación. Contempló con recelo el crecimiento entre los bautistas de lo que a él le parecía una indiferencia hacia la ortodoxia, doliéndole que no se subrayara suficientemente la naturaleza divina de Cristo y que las ideas arminianas que se estaban difundiendo entre ellos tendían al arrianismo. Se opuso al movimiento de la crítica bíblica, deplorando que la fe estaba decayendo en todos los sectores del cristianismo. Al no poder atraer a la Unión Bautista a esa postura se retiró de ella el 26 de octubre de 1887, permaneciendo independiente hasta el fin de sus días, aunque siempre siendo un tenaz bautista. La oposición a la tendencia racionalista de la moderna crítica bíblica le acercó en sus últimos días a muchos eclesiásticos. Por ese motivo se retiró de Liberation Society, tras haber sido previamente un vigoroso impulsor. Durante la última parte de su vida vivió en Norwood con cierta comodidad, siendo enterrado en el cementerio de ese barrio de Londres. Spurgeon se casó, en 1856, con Susannah, hija de Robert Thompson de Falcon Square, Londres, con quien tuvo gemelos, Charles y Thomas.

Valoración.
No tenía ambiciones personales, era constante en su agotador trabajo pastoral e incansable en el estudio bíblico, profundamente humano en afectos, sano en cuestiones sociales, democrático en temperamento, siempre celoso del evangelio de la gracia y la redención y valiente para denunciar el mal y sostener lo que estimaba verdadero y recto. Como predicador su primer éxito se debió al impacto de su juventud, su humor espontáneo, el fervor de sus apelaciones a la conciencia, pero especialmente a su don natural de oratoria. Con su voz y su gesto sabía cómo presentar eficazmente la oferta de salvación, proyectada mediante agudos comentarios sobre la vida contemporánea y sostenida por su tratamiento característico de la exposición bíblica, derivada de los antiguos teólogos puritanos. En los últimos años de su vida sufrió de gota, teniendo que retirarse en ocasiones del púlpito.

Obras.
El resultado de la actividad literaria de Spurgeon tuvo una amplia difusión. Dirigió The Sword and the Trowel, una revista mensual y publicó más de mil novecientos sermones, incluyendo, desde 1855, un sermón cada semana, contenido en The Metropolitan Tabernacle Pulpit, continuando tras su muerte (49 volúmenes, Londres, 1856-1904). Otras obras fueron The Saint and his Savior (Londres, 1857); Morning by Morning; or Daily Readings for the Family or the Closet (1866); Evening by Evening (1868); John Ploughman's Talk (1869) y John Ploughman's Pictures (1880). Es famoso también Our Own Hymn Book, como paráfrasis de los Salmos (1866). Su obra más importante es The Treasury of David, una exposición del libro de los Salmos (7 volúmenes, 1870-1885). Ante su propia falta de preparación académica más especializada, tuvo que depender de la investigación de sus ayudantes para el material científico y de la guía y método de los teólogos puritanos, siendo sus comentarios más prácticos y homiléticos que científicos. Poco antes de su muerte terminó The Gospel of the Kingdom, una exposición popular de Mateo (1893).

El siguiente pasaje está extraído de su obra Discursos a mis estudiantes:

'Una vez fijado el primer punto de la verdadera religión, sigue en importancia para el ministro el de que su piedad sea vigorosa. No debe conformarse con caminar al mismo paso que las filas del común de los cristianos; es preciso que sea un creyente maduro y avanzado, porque los ministros de Cristo han sido llamados con toda propiedad "lo más escogido de su escogimiento, lo selecto de su elección, la iglesia entresacada de la iglesia." Si fuera llamado a ocupar una posición ordinaria y a desempeñar un trabajo común, quizá con una gracia común podría satisfacerse, no obstante que ni aun así pasaría de indolente su satisfacción; pero con el hecho de haber sido electo para trabajos extraordinarios, y llamado a un lugar rodeado de peligros nada comunes, debe sentirse ansioso de poseer aquella fuerza superior, única, adecuada a su posición. El pulso de su piedad vital debe latir de un modo fuerte y regular; el ojo de su fe debe ser perspicaz; el pie de su resolución debe ser firme; la mano de su actividad debe ser pronta; todo su hombre interior, en fin, debe hallarse en el más alto grado de salud. Se dice que los egipcios escogían sus sacerdotes de entre los más instruidos de sus filósofos, y luego estimaban tanto a sus sacerdotes, que de entre éstos escogían sus reyes. Nosotros necesitamos que se tenga por ministro de Dios a la flor y nata de las huestes cristianas, a hombres tales que si la nación necesitara reyes, no pudiera hacer cosa mejor que elevarlos al trono. Nuestros hombres de espíritu más débil, más tímidos, más carnales y peor contrabalanceados, no son candidatos a propósito para el púlpito. Hay algunos trabajos que nunca podríamos encomendar a los inválidos o deformes. Un hombre puede no tener las cualidades necesarias para trepar por altos edificios; su cerebro quizá sea demasiado débil, y su trabajo en un lugar elevado lo expondría a grandes peligros; si eso es así, dejadlo permanecer en el suelo y que busque una ocupación útil en donde su cerebro fuerte es menos esencial. Hay hermanos que tienen defectos análogos en lo espiritual, y no pueden ser llamados al desempeño de un servicio conspicuo y elevado por ser sus cabezas demasiado débiles. Si por casualidad obtuviesen buen éxito, se henchirían de vanidad, defecto demasiado común entre los ministros, y que es de todos el que menos cuadra con su carácter y el que con más seguridad los hará caer. Si nosotros como nación fuésemos llamados a la defensa de nuestros hogares, no haríamos sin duda salir al encuentro del enemigo a nuestros muchachos y muchachas, armados de espadas y fusiles; pues tampoco la Iglesia debe enviar a combatir por la fe a cualquier novicio charlatán, o entusiasta falto de experiencia. El temor de Dios debe enseñar al joven la sabiduría, si no quiere tener cerrada la puerta de la labor pastoral. La gracia de Dios debe madurar su espíritu, pues de lo contrario haría mejor en esperar hasta que el poder le fuese dado de lo alto. El carácter moral más elevado, debe conservarse diligentemente. Hay muchos que no son a propósito para desempeñar un cargo en la Iglesia, y que sin embargo, son bastante buenos como simples miembros de ella. Tengo formada una opinión severa con respecto a los cristianos que han incurrido en pecados graves; me complazco en creer que pueden convertirse sinceramente, y con esta esperanza y las precauciones debidas, ser recibidos de nuevo en la Iglesia; pero tengo duda, grande duda, acerca de si un hombre caído en pecados groseros puede ser fácilmente restituido al púlpito.'