Historia
STANLEY, ARTHUR PENRHYN (1815-1881)

Mediante el aula de clase, el púlpito y la vida social ejerció una destacada influencia sobre los jóvenes en la universidad, pero no fue un dirigente intelectual entre sus colegas mayores. Evitó el espíritu partidista y su sentido de la justicia y de la libertad le llevaron a defender a J. W. Colenso, aunque lamentó su obra (The Pentateuch, Londres, 1862 y sig.); igualmente en la controversia originada por Essays and Reviews (1860), aunque desaprobaba algunos de los ensayos, contendió contra la injusticia de la censura indiscriminada. Su coraje para pelear contra el eclesiasticismo inerte y su moderada consideración de todos los lados de un problema le procuraron, como campeón de las ideas liberales, un apoyo creciente de la prensa, la ciencia y la sociedad en conjunto.
En 1864 fue instalado como deán de Westminster, una posición que hizo conspicua hasta su muerte. Un año antes se había casado con Lady Augusta Bruce, hija del quinto conde de Elgin y amiga de la reina, siendo su matrimonio feliz, por lo que cuando su esposa murió en 1876 él quedó profundamente afligido y no la sobrevivió mucho tiempo. En 1862 acompañó al príncipe de Gales al oriente. Esos sucesos desembocaron en oportunidades extraordinarias, por lo que mediante la extensión añadida de las relaciones políticas, literarias, científicas y eclesiásticas, facilitadas por su característico savoir-faire y sus brillantes relaciones sociales, obtuvo una extraordinaria influencia que, durante más de una década, hizo de él una de las más prominentes figuras en la capital inglesa. La abadía de Westminster le proporcionó el material de su ideal católico de una Iglesia nacional, reconciliado bajo el encanto de su vasta y silenciosa perspectiva histórica de cada variedad de credo y actividad. Presentó atractivamente sus memorias históricas y lecciones al pueblo mediante la obra Memorials of Westminster Abbey (Londres, 1868); afianzó el atractivo de su adoración para multitudes representantes de todas clases, poniendo su púlpito a disposición de los clérigos de toda variedad de opinión y de laicos, admitiendo incluso a unitarios a la comunión. A ciertas horas dirigía a las facciones por las salas del edificio sagrado, comunicando sus ricos tesoros de información así como su entusiasmo. Manifestó el encanto de su personalidad a los de arriba y a los de abajo, convocando incluso a los pobres, enfermos y desconsolados de las partes más desdichadas de la ciudad en las festividades del deanato.
Publicó alocuciones y folletos sobre las cuestiones religiosas y sociales más importantes de su día; mostró interés en los Antiguos Católicos (1872); favoreció un movimiento para la reunión de las iglesias anglicana y oriental, usando su influencia para el retorno de los disidentes a la Iglesia estatal. En sus métodos bíblicos e históricos Stanley fue el alumno más agradecido de Arnold, a quien erigió un glorioso monumento de lealtad, The Life and Correspondence of Thomas Arnold (Londres, 1844), una obra que le procuró su posición en Oxford y en el mundo de las letras. Sus amigos admitían que su obra bíblica no era ni profunda ni exacta, pero se ganó el alma de la gente como intérprete del gran rector de Rugby. Sin embargo, en el desprecio del dogma se opuso a Arnold y estuvo también gobernado por ello en sus principios eclesiásticos. La Iglesia, al ser nacional, no debe cerrar sus puertas a ningún miembro de la nación y debe representar todas las ideas y aspiraciones de la nación. Estimó que su tiempo era un periodo de transición. El primer objetivo del teólogo moderno es el estudio de la Biblia por causa de su contenido. El erudito bíblico debe subordinar todo lo inmaterial, temporal y secundario a los elementos esenciales y sobrenaturales. Manifestó como eclesiástico una amplia tolerancia, subrayando que el carácter de la fórmula de la Iglesia anglicana era universal y mediador. Fue entusiasta en el reconocimiento de la verdad que vincula a todos los cuerpos cristianos. Defendió la unión de la Iglesia y el Estado más y más positivamente. Entendía que debía consistir en el reconocimiento y promoción de la fe religiosa en la comunidad por parte del Estado y en la sujeción de la religión así formulada al control y conducta de la Iglesia en conjunto mediante la autoridad de la ley. Con tales ideas difirió de las dos grandes facciones eclesiásticas. Para los evangélicos era un extraño por su desdén del dogma, por sus ideas sobre la crítica bíblica, la inspiración, la justificación y el castigo del infierno y por su cercanía al catolicismo. De los eclesiásticos de la Alta Iglesia difería sobre principios fundamentales, disintiendo esencialmente incluso donde había acuerdo formal sobre doctrina y práctica externa. La extravagancia del ritual, tales como vestiduras, incienso y la postura de la cabeza y las manos, las trató con desprecio. Visitó Estados Unidos en 1878 y como resultado publicó allí Addresses and Sermons Delivered in the United States and Canada (Nueva York, 1879). Otras obras son comentarios sobre las epístolas a los Corintios (2 volúmenes, Londres, 1855); Questions of Church and State (1870); Lectures on the History of the Church of Scotland (1872); Addresses Delivered at St. Andrews (1877) y Christian Institutions (1881).