Historia

STEELE, RICHARD (1629-1692)

Richard Steele o Steel, teólogo no conformista inglés, nació en Barthomley, Cheshire, el 10 de mayo de 1629 y murió el 16 de noviembre de 1692. Era hijo de Robert Steele, agricultor, y fue educado en la escuela primaria de Northwich, siendo admitido en St. John College, Cambridge, el 1 de abril de 1642, obteniendo la maestría en Oxford el 5 de julio de 1656. Sucedió a Thomas Porter como rector de Hanmer, Flintshire, probablemente en 1650. Henry Newcome lo visitó el 10 de junio de 1654. Fue miembro del cuarto presbiterio Shropshire (constituido por el parlamento en abril de 1647), y, como tal, fue uno de los que ordenaron a Philip Henry el 16 de septiembre de 1657. Treinta años después (9 de mayo de 1687) fue uno de los que ordenaron, en su propia casa en Londres, al hijo de Philip Henry, Matthew Henry. En septiembre de 1660 fue citado en Flint por no leer el Libro de Oración Común; pero la acusación fracasó, debido a la declaración de Carlos II en octubre. Fue citado nuevamente en la primavera el 28 de marzo de 1661 en Hawarden. Renunció a su beneficio a consecuencia del Acta de Uniformidad de 1662, predicando un sermón de despedida (17 de agosto), en el que dijo que fue expulsado por no suscribir su asentimiento al nuevo libro de oración, que aún no había visto. Continuó reuniéndose en Hanmer, donde recibió 'asiento' el 19 de abril de 1663. El 25 de julio fue citado por bautizar a sus propios hijos y en octubre fue arrestado bajo sospecha de traición. A principios de 1665 fue hecho cobrador para Hanmer de la 'ayuda real', siendo la idea tratarlo como a un laico. En abril de 1665 fue arrestado nuevamente, al partir para Londres; su diario de bolsillo le fue requisado y los pasajes fueron mal interpretados. Una entrada de una cita 'sobre un relato carnal' fue 'interpretado como algún plan de faldas.' Philip Henry recoge 'un gran ruido en el país por el almanaque del Sr. Steel.' La Five Miles Act, que se puso en vigor el 25 de marzo de 1666, lo obligó a dejar a Hanmer, fijando su residencia en Londres. Urwick conjetura (Nonconformity in Cheshire, 1864, p. xlix) que la suya fue la licencia otorgada el 10 de junio de 1672 para la predicación presbiteriana en 'la casa de Rob. Steele' en Barthomley, Cheshire; ciertamente contribuyó a la construcción de una escuela en Barthomley en 1675. Aunque pudo haber hecho visitas ocasionales al norte, el diario de Philip Henry muestra que estuvo ejerciendo constantemente su ministerio en Londres desde 1671. Reunió una congregación matinal en Armourers' Hall, Coleman Street; por la tarde predicaba en Hoxton. George Hamond, su colega y sucesor, predicó su sermón fúnebre. Tuvo diez hijos, cinco de los cuales murieron en 1672.

Steele publicó: An Antidote against Distractions... in the Worship of God, 1667; The Husbandman's Calling, 1668; A Plain Discourse upon Uprightness, 1670; The Tradesman's Calling, 1684, una revisión por Isaac Watts tuvo muchas edciciones con el título The Religious Tradesman; A Discourse concerning Old Age, 1688. También cuatro sermones en Morning Exercises, 1660-90, y un prefacio biográfico a los sermones póstumos (1678) de Thomas Froysell (1622-1672).

De The Character of the Upright Man de Richard Steele es el siguiente texto:

"Con el íntegro te mostrarás íntegro." Con el benigno te muestras benigno, con el íntegro te muestras íntegro.[…]Salmo 18:25.

1. El de corazón íntegro es de un solo sentir, no tiene divisiones. Para el hipócrita hay muchos dioses y muchos señores, y tiene que dar parte de su corazón a cada uno. Pero para el íntegro hay un solo Dios el Padre y un Señor Jesucristo, y con un solo corazón servirá a ambos. El hipócrita da su corazón a la criatura, y a cada criatura tiene que darle parte de su corazón, y dividir su corazón lo destruye (Su corazón es infiel; ahora serán hallados culpables; el Señor derribará sus altares y destruirá sus pilares sagrados .[…]Oseas 10:2). Las ganancias humanas llaman a su puerta, y tiene que darles una parte de su corazón. Se presentan los placeres carnales, y a ellos también tiene que darles parte de su corazón. Aparecen deseos pecaminosos, y les tiene que dar parte de su corazón. Son pocos los objetos necesarios, pero incontables las vanidades innecesarias. El hombre íntegro ha escogido a Dios y eso le es suficiente.
Un solo Cristo es suficiente para un solo corazón; de allí que el rey David oraba en el 1 Oración de David. Inclina, oh SEÑOR, tu oído y respóndeme, porque estoy afligido y necesitado. 2 Guarda mi alma, pues soy piadoso; tú eres mi Dios; salva a tu siervo que en ti confía. 3 Ten piedad de mí, oh Señor, porque a ti clamo todo el día. 4 A[…]Salmo 86:ll: "Afirma mi corazón para que tema tu nombre". Es decir: "Déjame tener un solo corazón y mente, y que sea tuyo".
Hay miles de haces y rayos de luz, pero todos se unen y centran en el sol. Lo mismo sucede con el hombre íntegro, aunque tiene mil pensamientos, todos (por su buena voluntad) se unen en Dios. El hombre tiene muchos fines subordinados -procurar su sustento, cuidar su crédito, mantener a sus hijos- pero no tiene más que un fin: ser de Dios. Por lo tanto, tiene firmeza en sus determinaciones, esa concentración en sus deberes, santos, esa constancia en sus acciones y esa serenidad en su corazón que los hipócritas miserables no pueden lograr.

2. El corazón íntegro es recto y sin corrupción. "Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado" (Sea íntegro mi corazón en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.[…]Salmo 119:80). Cuando hay más sinceridad, hay menos vergüenza. La integridad es la gran autora de la confianza. Cada helada sacude al cuerpo enfermo, y cada prueba sacude al alma inicua. El íntegro quizá no siempre tenga un color tan atractivo como el hipócrita, pero su color es natural: es suyo; no está pintado; su estado es firme. La hermosura del hipócrita es prestada; el fuego de la prueba la derretirá.
El íntegro tiene sus enfermedades; pero su naturaleza nueva las remedia, porque en su interior es recto. La lepra domina al hipócrita, pero la esconde. "Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida" (Porque en sus propios ojos la transgresión le engaña en cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecer la.[…]Salmo 36:2). Procura esconderse de Dios, esconderse más de los hombres, y más aún de sí mismo. Con gusto podría seguir así para siempre creyendo que "su iniquidad no será hallada y aborrecida". En cambio el hombre íntegro siempre está examinándose y probándose: "Soy recto? ¿Estoy en lo correcto? ¿Estoy cumpliendo bien mis deberes? ¿Son mis debilidades según mi integridad?"
El santo íntegro es como una manzana que tiene manchitas en la cáscara, pero el hipócrita es como la manzana con el centro podrido. El cristiano sincero tiene aquí y allá manchitas de pasión, otras de mundanalidad y alguna de soberbia. Pero si lo cortamos y analizamos, lo encontramos recto de corazón. El hipócrita es como una manzana que es lisa y hermosa por fuera, pero podrida por dentro. Sus palabras son correctas, cumple sus deberes con devoción y su vida es intachable; pero véanlo por dentro: su corazón es una pocilga de pecado, la guarida de Satanás.

3. El corazón íntegro es puro, sin contaminación. No es absolutamente puro, porque esa feliz condición es reservada para el cielo; pero lo es en comparación con la contaminación y la vil mezcla que es el hipócrita. Aunque su mano no puede hacer todo lo que Dios manda, su corazón es sincero en todo lo que hace. Su alma se empeña en lograr una pureza perfecta, de manera que de eso deriva su nombre. "Bienaventurados los limpios de corazón" (Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.[…]Mateo 5:8). A veces falla con sus palabras, con sus pensamientos y acciones también. Pero al poner su corazón al descubierto, se ve un amor, un anhelo, un plan y un esfuerzo para llegar a tener una limpieza real y absoluta. No es legalmente limpio, o sea, libre de todo pecado; pero es limpio según el evangelio, o sea, libre del dominio de todo pecado, especialmente de la hipocresía, la cual es totalmente contraria al pacto de Gracia. En este sentido, el hombre íntegro es el puritano de las Escrituras, y por lo tanto está más lejos de la hipocresía que cualquier otro. Está realmente contento que Dios es el que escudriña los corazones, porque entonces sabe que encontrará su nombre y naturaleza en su propio pueblo escogido.
No obstante, aun el más íntegro de los hombres en el mundo tiene en él algo de hipocresía. "¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?" (¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?[…]Proverbios 20:9). Detecta, resiste y aborrece esta hipocresía de modo que no se le puede llamar hipócrita en este mundo, ni condenarlo como tal. Sus propósitos son generalmente puros para la gloria de Dios; el estado de su corazón y de sus pensamientos son generalmente mejor que su exterior; más se lo estudia, mejor es. Es limpio de deshonestidad en sus relaciones, más limpio aún de toda apariencia de iniquidad ante su familia, más limpio aún en su intimidad, y sobre todo, limpio en su corazón. Aunque hay allí pecado, hay también aversión hacia él, de modo que no se mezcla con él.
El hipócrita escoge el pecado, en cambio, si del íntegro dependiera, no tendría ningún pecado. El viajero puede encontrarse con lodo en su camino, pero hace todo lo que puede por quitárselo. Los cerdos lo disfrutan y no pueden estar sin él. Sucede lo mismo con el hombre íntegro y el hipócrita. Aun el santo más íntegro sobre la tierra a veces se ensucia de pecado, pero no lo programó en la mañana, ni se acuesta con él en la noche. En cambio el hipócrita lo programa y se deleita en él; nunca está tan contento como cuando está pecando. En una palabra, el hipócrita puede evitar el pecado, pero nadie aparte del hombre íntegro, aborrece el pecado.

4. El íntegro es perfecto y recto sin reservas. "Considera al íntegro, y mira al justo" (Observa al que es íntegro, mira al que es recto; porque el hombre de paz tendrá descendencia.[…]Salmo 37:37). Ver al uno es ver al otro. Su corazón está enteramente sujeto a la voluntad y los caminos de Dios. El hipócrita siempre busca algunas excepciones y pone las cosas en tela de juicio. "Tal pecado no puedo abandonar, tal gracia no puedo amar, tal deber no cumpliré." Y muestra su hipocresía agregando: "Hasta aquí cederé, pero no más, hasta aquí llegaré. Es consecuente con mis fines carnales, pero todo el mundo no me persuadirá a ir más allá" A veces, el razonamiento del hipócrita lo llevará más allá de su voluntad, su conciencia más allá de sus afectos; no es de un solo sentir, su corazón está dividido, así que fluctúa constantemente.
El íntegro tiene solo una felicidad, y esta es disfrutar de Dios; tiene solo una regla, y esta es su santa voluntad; tiene una sola obra, y esta es complacer a su Hacedor. Por lo tanto, es de un solo sentir y resuelto en sus decisiones, en sus anhelos, en sus caminos y su planes. Aunque puede haber alguna tardanza en el cumplimiento de su misión principal, no titubea ni vacila entre dos objetos, porque está enteramente decidido, de modo que de él puede decirse que es "perfecto e íntegro, sin falta alguna".
Hay en todo hipócrita algún tipo de baluarte que nunca ha sido entregado a la soberanía v el imperio de la voluntad de Dios. Alguna lascivia se fortifica en la voluntad; en cambio, donde entra la integridad ésta lleva cada pensamiento cautivo a la obediencia de Dios. Dice: "Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre" (Oh SEÑOR, Dios nuestro, otros señores fuera de ti nos han gobernado; pero en ti solo confesamos tu nombre.[…]Isaías 26:13). Aquí está el íntegro.

5. El corazón íntegro es cándido y no tiene malicia. "Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño" (¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el SEÑOR no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño![…]Salmo 32:2). He aquí ciertamente un mensaje bendito. ¡Ay! Tenemos grandes y muchas iniquidades; ¿no es mejor para nosotros ser como si nunca hubiéramos pecado? Por cierto que una falta de culpa es tan buena para nosotros como si nunca hubiera sucedido una falta; que los pecados remitidos son como si nunca se hubieran cometido; que en el libro de deudas pendientes éstas estuvieran tachadas como si nunca hubiera existido la deuda. Pero, ¿quién es ese hombre bendito? Aquel "en cuyo espíritu no hay engaño", es decir no hay engaño fundamental. Él es el hombre que sin engaño ha pactado con Dios. No tiene ningún engaño que lo lleve a ceder a alguna forma de iniquidad. No hace tretas con Dios ni con los hombres ni con su propia conciencia. No esconde sus ídolos cuando Dios está revisando su tienda (cuando vi entre el botín un hermoso manto de Sinar y doscientos siclos de plata y una barra de oro del peso de cincuenta siclos, los codicié y los tomé; y he aquí, están escondidos en la tierra dentro de mi tienda con la plata debajo.[…]Josué 7:21). En cambio, como sigue diciendo el Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR; y tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah)[…]Salmo 32:5, reconoce, aborrece y deja su pecado.
Cuando el hombre íntegro confiesa su pecado, le duele el corazón y está profundamente perturbado por él; no finge para disimularlo.
Aquel que le finge a Dios, le fingirá a cualquier hombre en el mundo. Vean la gran diferencia entre Saúl y David. Saúl es acusado de una falta en Pero Samuel dijo: ¿Qué es este balido de ovejas en mis oídos y el mugido de bueyes que oigo?[…]1 Samuel 15:14. Él la niega, y vuelve a ser acusado en el versículo 17. Sigue restándole importancia al asunto y busca hojas de higuera para tapar todo. Pero David, de corazón honesto, es distinto: se le acusa, y cede; una pequeña punción abre una vena de sufrimiento en su corazón. Lo cuenta todo, lo vuelca en un salmo que concluye diciendo "He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo" (He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría.[…]Salmo 51:6). El hombre sincero dice: "En cuanto a mí, con el íntegro me mostraré íntegro".