Historia
TAULER, JOHANN (c. 1300-1361)

Se conocería más de su vida si el 'maestro de las Sagradas Escrituras' que apareció en el 'Meisterbuch de los grandes Amigos de Dios en las tierra altas' (editado por C. Schmidt bajo el título, Nicolaus von Basel Bericht von der Bekehrung Taulers, Estrasburgo, 1875) de Rulman Merswin pudiera ser identificado con Tauler. Durante mucho tiempo tal presuposición fue asumida, pero definitivamente desaprobada por Denifle (Taulers Bekehrung, Estrasburgo, 1879). Atraído por la vida ascética de los dominicos, Tauler se unió a esa orden en Estrasburgo a edad temprana. No es imposible que durante sus ocho años de estudio escuchara predicar a Meister Eckhart, cuya estancia en Estrasburgo está corroborada al menos durante el año 1314. También debe haber sido influenciado por el místico Johann Sterngasser, lector en el monasterio dominico en Estrasburgo (1317-24). Si se asume, con W. Preger, que el sermón 1 fue predicado en Colonia (lo que no está certificado), Tauler pudo haber estado en el studium generale de la orden en esa ciudad mientras Eckhart era lector allí (1326-27). Posiblemente fue testigo, al mismo tiempo, de la etapa final de la vida de éste, conociendo en ese caso a Enrique de Suso. En cualquier caso conoció a Suso, recibiendo de él como regalo su Horologium sapientiæ. Fuera de duda, Nicolás de Estrasburgo, a quien pudo conocer en su ciudad natal, fue uno de sus maestros en Colonia. Probablemente regresó a Estrasburgo al terminar sus estudios, reapareciendo hacia el final de la cuarta década en la correspondencia de Enrique de Nördlingen con Margareta Ebner. Durante la Cuaresma de 1339 estuvo en Basilea, siendo expulsado de Estrasburgo, junto con los otros dominicos, por suspender las misas obedeciendo el entredicho de Juan XXII. Se sabe que estuvo allí a principios de 1346, siendo con Enrique de Nördlingen el centro de un numeroso grupo de Amigos de Dios. En 1347, o 1348 como muy tarde, estaba predicando en Estrasburgo, refiriéndose Christina Ebner a su 'fiera lengua que ha encendido el horizonte'. Rulman Merswin le escogió como su confesor. A esta actividad en Estrasburgo debió petenecer su abierta oposición al papa y al entredicho mencionado por el cronista Daniel Speckle (Specklin), relato que ha sido diversamente disputado. Una coincidencia de un sermón (102d) predicado en el vigésimo domingo después de Trinidad en honor de San Cordula (22 de octubre), hizo que W. Preger llegara a la conclusión de que hacia 1357 Tauler se quedó durante un considerable periodo de tiempo en Colonia y que sus sermones existentes pertenecen a dicho periodo. Que fueron predicados en Colonia se muestra por las referencias internas y por la mención a los antiguos manuscritos de Colonia, localizados en Santa Gertrudis, en esa ciudad; sin embargo, el arreglo según el año eclesiástico señala a una fecha posterior. Los sermones pueden presuponer una larga estancia en Colonia, pudiendo ser la sexta década.
Obras.
Con referencia a las obras atribuidas a Tauler se pueden citar las siguientes: (1) Nachfolgung des armen Lebens Christi (Francfort, 1621), publicada por Denifle con el título más seguro de Das Buch von der geistlichen Armut (Munich, 1877) que aunque anteriormente atribuida a Tauler ha sido demostrado por Denifle que no es genuina, por la diferencia de doctrina de los sermones, mostrando por su parte, A. Ritschl que se trata de una compilación; 2) Medulla animæ (Francfort, 1644) contiene el material añadido en setenta y siete capítulos a 'Sermones' (Colonia 1543); (3) Betrachtüg und erklerung des leidens und sterbens Jhesu Christi (Colonia, 1567) que C. Schmidt demostró no ser genuino; (4) Varios himnos que han sido atribuidos a Tauler (comp. P. Wackernagcl, Das deutsche Kirchenlied, nº 457-67, ii. 302 y sig., Leipzig, 1863-77), e incluso el considerado generalmente más genuino, Es kumt ein schif geladen, Preger ha declarado que no son suyos; (5) Los Sermones, cuya primera redacción, Sermon des gross gelarten in gnade erlauchte doctoris Johannis Tauleri (Leipzig, 1498; reimpresos, Sermones von latein in teutsch gewendt, Augsburgo, 1508), consistía de ochenta y cuatros sermones. La segunda, Predige, (Basilea, 1521) añade cuarenta y dos a la primera, de la que varios en opinión del editor no eran de Tauler. Posteriormente se añadieron sesenta y un sermones y piezas literarias de otros maestros, en particular de Meister Eckhart. La tercera redacción (Colonia, 1543) dejó la última y en su lugar añadió veinticinco sermones, genuinos a juicio del editor, aunque ciertamente no son todos de Tauler. A duras penas puede asumirse que la mayoría de los sermones fueran predicados en Santa Gertrudis. En su forma son más bien disertaciones que sermones, procediendo en una manera tranquila, ordenada, aunque a veces irrumpen en una energía dramática. La Escritura se utiliza en manera alegórica imaginaria. Los sermones, contrariamente al mal entendido de los títulos de la primera redacción, fueron pronunciados en alemán.
Enseñanzas prácticas.
Los sermones forman la única base sobre la cual determinar las doctrinas de Tauler. Como discípulo de Eckhart fue más práctico, de ahí que a sus sermones les falte consistencia real. Este lado práctico, que despertó la atención de Lutero y quien en su día le alabó frecuentemente, le procuró fama entre los protestantes como precursor de la Reforma. Sin embargo, se puede mostrar que su tono evangélico aparece prominentemente en las partes populares de su predicación, pero cuando se desplaza a sus elementos especulativos, esas impresiones desaparecen. Que la experiencia inmediata y personal de lo divino en lugar del formalismo muerto era evangélica, no puede negarse. Eso no significa que él pasara por alto las ideas tradicionales; reverenció a los santos, pero la comunión directa con Dios permaneció primero (sermón xxxiii). Algunas veces esta comunión parece estar mediatizada por la obra de Cristo (muerte en la cruz) y la aceptación de la misma por la fe (lxv, lxxxiii). Mientras que se sostiene el concepto de fe o asentimiento a la verdad de la promesa del perdón, la otra idea, de confianza, es esencial. El significado fundamental de la Escritura recibe su énfasis supremo, como sucede en el sentido evangélico, como última fuente de verdad. Tauler también avisa contra la vida contemplativa y el quietismo impráctico, valorando, aunque en su grado más bajo, las obras de vocación terrenal, atribuyendo dignidad a los hechos de servicio amoroso (lxxxvii). Aconseja a sus oyentes evitar las especulaciones elevadas, tales como el misterio de Dios, conociéndose a sí mismos en espíritu y naturaleza, manteniendo una fe pura y sencilla (liv).
Doctrinas especulativas.
Sin embargo, el interés en lo práctico aparece siempre de forma secundaria y a veces forzada, mientras que su tendencia es siempre regresar a las profundidades misteriosas de las cosas, un campo que considera reservado solo para los especuladores selectos. Deplora que las masas pasen su vida con la ayuda de la gracia de Dios y sin embargo, como ciegas aves, permanezcan ignorantes de lo que esconde dentro (cxix). Hace referencia, con Eckhart, a la esencia fundamental especulativa del alma, que es esencialmente el núcleo de su doctrina y se apoya en sus ideas de lo divino y lo humano. Lo primero es la oscuridad divina, impenetrable para el entendimiento del hombre y del ángel. Pero Dios Padre, en su auto-conocimiento engendró a su amado Hijo, o hablando por su eterna Palabra, salió de sí mismo, en tal manera que Padre e Hijo permanecen uno, juntándose en una nueva unidad y produciendo ambos al Espíritu Santo, en un indescriptible círculo de amor mutuo, que se derrama hacia las criaturas (lxxx). Lo que el hombre creado es en sí mismo fue increado desde la eternidad en Dios (cxix). Al dejar a un lado toda apetencia hacia lo bajo, animal y alienado de toda sensación y tristeza, el hombre vuelve no sólo a una visión de la esencia del alma como imagen racional de su fuente (xciii), sino que también contempla el abismo de Dios, que ahora surge de la oscuridad. Esta imagen no es una descripción o semejanza de lo divino, sino que es eso que Dios ama, conoce y goza de sí mismo y actúa dentro de él. En esta unidad, Dios y el alma son uno. Es difícil absolver a Tauler de panteísmo en este punto. En la estimación final de sus pensamientos especulativos la gradual unión de lo divino y humano se ilustra (xxvi) por la uva y el sol. En la primera etapa debe ser vencido el hombre que se emplea en metas sensuales y en obras de ayuno, vigilancia y oración, pero que es incapaz de realizar su esencia puramente, contemplándose con satisfacción sensual, de agrado y desagrado. En la segunda etapa, hay que desechar al hombre que ha despreciado todas las cosas temporales y vencido los instintos groseros. Al eliminar las malas hierbas, el sol divino comienza a brillar sobre la tierra. En la tercera etapa, igual que los rayos del sol envuelven a la uva cuando se cortan las hojas, así caen todas las imágenes de santos, conocimiento, obras y oración; el hombre es absorbido en Dios, como una gota de agua en un barril de vino, desapareciendo todas las diferencias.
Pero ¿dónde ha dejado atrás, en este proceso de deificación que alcanza la 'aniquilación' hasta la 'pasividad inactiva' (xlix), la vocación terrenal, práctica, el servicio del amor y, por encima de todo, la obra redentora de Cristo? Aunque se subraya la renovación de la gracia por la aceptación de Cristo en el sacramento, teniendo en cuenta su sufrimiento y muerte, y la unión con el Padre mediante él como prototipo (cxxviii, lxxii), sin embargo, la base de la gracia no está en la relación restaurada del amor entre el hombre y Dios, sino en la esencia del alma. Para Tauler no es sino una figura decir que el hombre es nacido en Cristo del Padre y con el Hijo vuelve de nuevo al Padre para ser uno con él (lxix). Si se eliminara a Cristo y su obra de las ideas de Tauler, no se alterarían sus conceptos fundamentales. En el fondo, toda la interpolación de pensamientos cristianos puede ser designada como una acomodación al lenguaje eclesiástico y cristiano. Que no vio claramente cómo, aunque con la mejor intención, vestía sus ideas místicas con ropaje cristiano es cierto; que también sintió la necesidad de distinguirse como predicador cristiano de los seguidores de un falso misticismo, también lo es (xxxi). En ese aspecto censura severamente a aquellos Hermanos del Libre Espíritu que confunden la inercia ociosa con la unidad con Dios; pues esto último no es posible y nadie es libre de guardar los mandamientos, buenas obras y amor divino. La diferencia no radicaba en las doctrinas, sino en la actitud hacia la enseñanza de la Iglesia y el espíritu diferente en el que Tauler las proclama. En el fondo, él estaba de acuerdo con la línea libertaria. Igualmente en su actitud hacia la Palabra revelada, no merece el nombre de precursor de la Reforma. En ejemplos particulares insistió en la importancia fundamental de las Escrituras (lxxxviii, xci), pero al mismo tiempo puso la Palabra interior, o Cristo entronizado dentro del hombre obediente, como la suprema autoridad (lxxxii). En cuanto a la Iglesia, está tan predispuesto por su estimación de la relación personal con Dios que pierde toda apreciación de las ordenanzas, a pesar del reconocimiento incidental de las mismas (cxxxi). Para él, los Amigos de Dios, que están en inmediato contacto con Dios, toman el lugar de la Iglesia (cxiii, cxxvii, cxxxi). La Iglesia visible tiene solo un valor pedagógico, que ha de ser abandonado tan pronto como la Palabra interior es percibida.
De su obra Meditaciones sobre la vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo es el siguiente pasaje:
'¡Oh precioso Jesús, mi amor, salvación y consuelo! ¡Oh el más fiel amante de los hombres, mi hacedor y redentor! ¡Luz de mi corazón, solaz de mi espíritu y medicina de mi alma, cuánto te debo, oh mi Dios! ¿De qué valor me has estimado, oh mi creador, que me formaste de la nada a tu propia imagen y semejanza? Por un precio que está más allá de todo lo entendible me has comprado; con creces de grandes trabajos me has redimido; durante muchos años en benevolencia me has soportado; mientras yo todavía perseveraba en mis iniquidades me has tolerado. Muchos son los dones buenos, y grande es la bondad con la que tú me has atraído y has seguido tras mí. E incontables son las veces cuando, en tu misericordia y por tu divina gracia, has venido a ayudarme, aunque tantas veces te di la espalda y no obedecí tus santas inspiraciones, despreciando tu santa voluntad. Cuando incluso me entregué a mi propia corrupta y perversa voluntad.'