Historia

TAYLOR, JEREMY (1613-1667)

Jeremy Taylor, obispo, teólogo y escritor devocional inglés, nació en Cambridge el 15 de agosto de 1613 y murió en Lisburn, a 13 kilómetros al sudoeste de Belfast, Irlanda del Norte, el 13 de agosto de 1667.

Jeremy Taylor
Jeremy Taylor
Estudió en Gonville y Gaius College, Cambridge (licenciatura en humanidades, 1630-31; máster en humanidades, 1633-34; doctor en teología, Oxford, 1642); al desempeñar deberes ocasionales para Thomas Risden, profesor de teología en San Pablo, Londres, atrajo la atención del arzobispo Laud, quien lo envió a Oxford en 1635 y procuró para él una beca, 1636, haciéndole su capellán e intentando probablemente que fuera nombrado capellán real; fue nombrado rector de Uppingham, Rutland, en 1638; probablemente en 1642 acompañó al rey a Oxford y es verosímil que fuera entonces (aunque formalmente no lo fue hasta 1644) privado de su beneficio; en 1643 fue nombrado rector de Overstone, Northamptonshire; en 1644 fue hecho prisionero del ejército parlamentario. En 1645 fue uno de los rectores en la escuela en Newton Hall, Carmarthenshire, también capellán de Richard Vaughan, conde de Carbery.

Este periodo fue uno de los más fructíferos en su vida, publicando Theologia eklektike; a Discourse of the Liberty of Prophesying (1646), una defensa de los clérigos episcopales destituidos; Great Exemplar... Life and Death of... Jesus Christ (1649); Rule and Exercises of Holy Living (1650) y Rule and Exercises of Holy Dying (1651). Las dos últimas obras citadas junto con Worthy Communicant (no publicada hasta 1660) están entre los libros devocionales más valiosos en lengua inglesa. Luego siguieron varios sermones, incluyendo Discourse on Baptism (1652); a este periodo es atribuible también The Real Presence and Spirituall of Christ in the Blessed Sacrament Proved... against Transubstantiation (1654) y Polemical and Moral Discourses (1657).

Mientras tanto había reanudado sus relaciones con Londres en 1653, predicando allí ocasionalmente en 1654 y por razones desconocidas fue hecho prisionero en Chepstow en 1654 y de nuevo en 1655; en 1657-1658 Taylor ministró a una pequeña iglesia episcopal en Londres. Al año siguiente aceptó un puesto semanal en Lisburn, condado de Antrim, Irlanda, que aceptó tras alguna vacilación, recibiendo de Cromwell garantías de protección, pero en 1660 fue de nuevo a Londres, donde publicó Doctor dubitantium or the Rule of Conscience, favorablemente resaltada por Hallam como 'extensa y entendida obra sobre casuística'; la obra iba dedicada a Carlos II. Cuando el episcopado fue restaurado, Taylor fue promovido en 1660-61 al obispado de Down y Connor, al que se añadió después el de Dromore; pero encontró estos menesteres difíciles como obispo, pues los presbiterianos especialmente crearon problemas a los que él replicó con la destitución de quienes rechazaran reconocer la jurisdicción episcopal. Quiso ser trasladado a una sede inglesa, pero su solicitud no fue atendida, quedando hasta el fin de sus días en un entorno poco propicio. Además de las obras ya citadas merece especial mención Discourse of Friendship (1657); también publicó un gran número de sermones. Sus Whole Works fueron editadas por Reginald Heber (15 volúmenes, Londres, 1822).

Taylor fue llamado "el Crisóstomo de Inglaterra", sobrepasando en brillantez de imaginación a su antitipo griego. Para las generaciones posteriores su fama descansa en las tres obras devocionales citadas.

Un ejemplo de su predicación se aprecia en el siguiente pasaje de uno de sus dos sermones sobre The Marriage Ring:

"En él está contenida toda la dulzura, y toda la sociedad, y toda la felicidad, y toda prudencia, y toda sabiduría. Porque no hay nada que pueda alegrar a un hombre, sin el amor; y si un hombre estuviera cansado del discurso sabio de los apóstoles, y de la inocencia de una fortuna privada y bien equilibrada, o si odia la paz o el año fructífero, si ha recogido espinas y cardos de las flores más escogidas del paraíso; porque nada puede endulzar a la felicidad misma, si no es el amor... Ningún hombre, sino el que ama a sus hijos, puede decir cuántos acentos deliciosos hacen saltar el corazón en la encantadora conversación de estas queridas prendas; su espíritu infantil, sus balbuceos, sus pequeños enojos, su inocencia, sus imperfecciones, sus necesidades, son otras tantas pequeñas emanaciones de gozo y de bienestar para él, que se deleita en sus personitas y en su sociedad; pero el que no ama a su mujer y a sus hijos, nutre a una leona en su casa y se labra un nido de tristezas, y ni la misma bienaventuranza puede hacerlo feliz; por lo cual todos los mandamientos de Dios que prescriben al hombre amar a su mujer, no son más que otras tantas necesidades y capacidades para su propio gozo. La que se siente amada, se siente segura, y el que ama, está gozoso. El amor es una unión sobre todas las cosas, excelente; en él están contenidos proporción, satisfacción, reposo y confianza; y mi deseo sería que tanto se procediera así, que ni los mismos paganos pudieran sobrepasarnos en esta virtud y en la verdadera felicidad que le pertenece. Tiberio Graco prefirió morir para salvar a su esposa; y me parece que a un cristiano no debería serle difícil hacerlo; porque muchos siervos están dispuestos a morir por sus amos, y muchos caballeros dan su vida por un amigo; pero no hay muchos ejemplos de quienes quieran morir por sus más allegados y queridos parientes y, sin embargo, ha habido algunos. Bautista Fregosa cuenta de un napolitano que se entregó como esclavo a los moros, para poder seguir a su mujer. Y Dominicus Catalusius, el príncipe de Lesbos, se quedó acompañando a su dama cuando ella contrajo la lepra; y éstas son cosas más grandes que la misma muerte."