Historia

TEILHARD DE CHARDIN, PIERRE (1881-1955)

Pierre Teilhard de Chardin, filósofo y paleontólogo francés, nació en Sarcenta, el 1 de mayo de 1881 y murió en Nueva York el 10 de abril de 1955.

Teilhard de Chardin
Teilhard de Chardin
Vida.
Era hijo de un granjero cuyo interés estaba volcado en la geología, dedicándose Teilhard a ese tema a la vez que estudiaba en el colegio jesuita de Mongré, donde comenzó a los diez años. Cuando tenía dieciocho ingresó en el noviciado jesuita en Aix-en-Provence. A los veinticuatro comenzó un profesorado de tres años en el colegio jesuita en El Cairo. Aunque fue ordenado sacerdote en 1911, Teilhard escogió ser un arriesgado mensajero en lugar de capellán en la I Guerra mundial; su valor en las líneas de batalla le procuró una medalla y la Legión de Honor. En 1923, tras enseñar en el Instituto católico de París hizo sus primeras misiones geológicas y paleontológicas en China, donde estuvo implicado en el descubrimiento (1929) del hombre de Pekín. Posteriores viajes en los años treinta le llevaron al desierto de Gobi, Sinkiang, Cachemira, Java y Birmania. Teilhard amplió el campo de conocimiento sobre los depósitos sedimentarios y las correlaciones estratigráficas en Asia y sobre la fecha de sus fósiles. Pasó los años 1939-45 en Pekín, en estado de semi-cautividad por la Segunda Guerra Mundial. En 1946 regresó a Francia. Frustrado por no poder enseñar en el Colegio de Francia y publicar filosofía (todas su grandes obras fueron publicadas póstumamente), se marchó a Estados Unidos, pasando los últimos años de su vida en Wenner-Gren Foundation, Nueva York, haciendo varias expediciones paleontológicas y arqueológicas a Sudáfrica.

Escritos.
La mayoría de los escritos de Teilhard fueron de carácter científico, especialmente centrados en la paleontología de los mamíferos. Sus libros filosóficos fueron el producto de larga meditación. Teilhard escribió sus dos mayores obras, Le Milieu divin (1957) y Le Phénomène humain (1955), en este campo, en los años veinte y treinta, aunque su publicación fue prohibida por la orden jesuita durante su vida. Entre sus otros escritos hay ensayos filosóficos, como L'Apparition de l'homme (1956), La Vision du passé (1957) y Science et Christ (1965).

Pensamiento.
Los intentos de Teilhard para combinar el pensamiento cristiano con la ciencia moderna y la filosofía tradicional causaron amplio interés y controversias, cuando se publicaron sus escritos en los años cincuenta. Teilhard proponía una metafísica de la evolución, sosteniendo que se trata de un proceso que convergía en una unidad última a la que denominaba Punto Omega. Intentó mostrar que lo que es de valor permanente en el pensamiento filosófico tradicional puede ser mantenido, e incluso integrado, en una perspectiva científica moderna, si se acepta que las tendencias de las cosas materiales son dirigidas, ya sea en todo o en parte, más allá de las cosas mismas, hacia la producción de seres más elevados, más complejos y más perfectamente unificados. Teilhard contempló las tendencias básicas en gravitación de la materia, inercia, electromagnetismo y cuestiones semejantes, ordenadas hacia la producción de clases progresivamente más complejas de agregados. Este proceso desembocó en entidades cada vez más complejas de átomos, moléculas y organismos, hasta que finalmente el cuerpo humano evolucionó, con un sistema nervioso suficientemente sofisticado para permitir la reflexión racional, auto-conciencia y responsabilidad moral. Mientras que algunos evolucionistas contemplan al hombre simplemente como una prolongación de la fauna del plioceno, un animal con más éxito que la rata o el elefante, Teilhard, argumentó que la aparición del hombre trajo una dimensión añadida al mundo. Esto lo define como el nacimiento de la reflexión: el animal sabe, pero el hombre sabe que sabe; tiene 'conocimiento al cuadrado'. Otro gran avance en el marco evolutivo de Teilhard es la socialización de la humanidad. No se trata del triunfo del instinto de manada, sino una convergencia cultural de la humanidad en una sola sociedad. La evolución va adelante, hasta perfeccionar al ser humano físicamente; su próximo paso será social. Teilhard vio tal evolución ya en marcha; por la tecnología, urbanización y comunicaciones modernas, se establecerán más y más lazos entre las diferentes economías, políticas y hábitos de pensamiento de los pueblos, en una progresión geométrica. Teológicamente, Teilhard vio el proceso de evolución orgánica como una secuencia de síntesis progresiva, cuyo último punto de convergencia es Dios. Cuando la humanidad y el mundo material hayan alcanzando su estado final evolutivo y agotado todo potencial para un desarrollo superior, se iniciará una nueva convergencia con el orden sobrenatural, que será iniciada con la segunda venida de Cristo. Teilhard afirmó que la obra de Cristo es primordialmente dirigir al mundo material a su redención cósmica, mientras que la conquista del mal es solo secundaria a ese propósito. El mal es presentado por Teilhard meramente como los crecientes dolores de parto en el proceso cósmico: el desorden que está implicado en el orden en el proceso de realización.