Historia

TEODORA († 548)

Teodora, emperatriz de oriente, nació en Constantinopla a principios del siglo VI y murió en 548.

La emperatriz Teodora
La emperatriz Teodora, detalle de un mosaico del siglo VI. Iglesia de san Vital, Rávena.
Su padre era un simple guardián de las fieras del anfiteatro, lo que influyó probablemente para que ella se dedicara a la carrera artística. Por lo que dice Procopio en su Historia secreta, admiró a Bizancio por su gracia y belleza y la escandalizó por sus increíbles orgías. Esto no es muy seguro, o por lo menos debe de ser exagerado; pero lo cierto es que, después de diversas aventuras, llegó a ser la amante de Justiniano, heredero del trono, al que subió con él en 527. Inteligente y ambiciosa, no tardó en desempeñar un papel considerable en el gobierno, y en 532, cuando la sublevación de Nika hizo peligrar a Justiniano, le infundió valor con su sangre fría y decisión. En lo sucesivo Justiniano hizo de ella su principal consejero y recibió juramento de los principales funcionarios del imperio, dejando sentir su rigor sobre aquellos que no se plegaban a su voluntad. Ejerció también su influencia en la legislación, en la diplomacia y en los asuntos religiosos. Comprendiendo la necesidad de atraer a Siria y a Egipto, se esforzó en orientar en este sentido la política de Justiniano, y al efecto hizo cesar las persecuciones y recomendó diversas medidas de conciliación. En 537 hizo destituir al papa Silverio y colocar en su lugar a Vigilio, por creerle más favorable a sus planes, ya que deseaba proteger a los monofisitas, y aun cuando pronto comprendió que se había equivocado, continuó su política en oriente, recogiendo a los monofisitas proscritos y contribuyendo en 543 a la reconstitución de su iglesia.

Teodora ha sido diversamente juzgada y muy censurada en sus costumbres, pero todos los historiadores están conformes en que poseía un talento político de primer orden, y que, más que Justiniano, fue ella la que estuvo al frente del gobierno y la que comprendió con claridad la política que convenía al imperio, como lo demuestra el que la decadencia de éste comenzó después de su muerte. En cambio, parece demostrado también que era sumamente ambiciosa, intrigante y desprovista de escrúpulos para aumentar su autoridad, inflexible y cruel cuando se creía amenazada, pero capaz de perdonar las ofensas personales. Llevó a cabo importantes construcciones, entre ellas la iglesia de los Santos Apóstoles, y reunió una fortuna enorme. La figura de Teodora ha interesado siempre a los historiadores, y, en general, la crítica moderna considera exagerado el retrato que de ella da Procopio.