Historia
TEODORETO DE CIRO (c. 393 - c. 458)
Vida.
Los siguientes hechos de su vida están espigados principalmente de sus epístolas y su Historia religiosa (Philotheos historia). Su madre había sido estéril durante doce años, pero un ermitaño llamado Macedonio le anunció que tendría un hijo, a condición de que lo dedicara a Dios; de ahí el nombre Teodoreto ('don de Dios'). Fue criado bajo el cuidado de los ascetas, adquiriendo un extenso conocimiento, y según Focio tenía un estilo de pureza ática. Que fuera discípulo personal de Teodoro de Mopsuestia y escuchara a Crisóstomo es muy improbable. Pronto llegó a ser lector entre el clero de Antioquía, quedándose un tiempo en un monasterio y siendo clérigo en Ciro; en el año 423 fue hecho obispo de esa diócesis, que comprendía ochocientas parroquias, aunque la ciudad donde estaba la sede era minúscula. Teodoreto, apoyado solo por los ermitaños, guardó celosamente la pureza doctrinal, aun a riesgo de su vida. Más de mil marcionitas reclamaban su diócesis, además de muchos arrianos y macedonianos; retiró de las iglesias más de doscientas copias del Diatessaron de Taciano, construyendo iglesias y aprovisionándolas de reliquias. Su interés filantrópico y económico fue extenso y variado, encargándose de desahogar a la gente oprimida con los impuestos; repartió sus bienes entre los pobres y de sus ingresos episcopales erigió baños, puentes, salas y acueductos; exhortó a retóricos y médicos y recordó a los oficiales sus deberes. A los cristianos perseguidos de la Armenia persa envió cartas de ánimo y al cartaginense Celestiaco, que huía de los vándalos, dio refugio.
La controversia nestoriana.
La vida de Teodoreto destaca prominentemente en las controversias cristológicas que protagonizó Cirilo. Teodoreto compartía la petición de Juan de Antioquía a Nestorio para que aprobara el término theotokos ('madre de Dios') y a petición de Juan escribió contra los anatemas de Cirilo. Pudo haber preparado el símbolo antioqueno, que tenía como propósito que el emperador entendiera el significado del credo de Nicea, siendo miembro y portavoz de la diputación de ocho antioquenos llamados por el emperador a Calcedonia. No pudo consentir con la condenación de Nestorio. Juan, reconciliado con Cirilo por orden del emperador, quiso que Teodoreto se sometiera, lo que fortalecería su diócesis. Teodoreto estaba determinado a preservar la paz de la Iglesia, buscando la adopción de una fórmula que evitara la condenación incondicional de Nestorio y hacia finales de 434 luchó sinceramente por la reconciliación del este. Pero Cirilo se opuso a cualquier arreglo y cuando abrió su ataque (437) sobre Diodoro y Teodoreto, Juan se puso del lado de ellos, asumiendo Teodoreto la defensa del partido antioqueno (c. 439). Domno, el sucesor de Juan, fue su consejero. Tras la muerte de Cirilo, se nombró a los adherentes de la teología antioquena para los obispados. Ireneo, el amigo de Nestorio, con la colaboración de Teodoreto, fue metropolitano de Tiro, a pesar de las protestas de Dióscuro, sucesor de Cirilo, quien ahora se volvió especialmente contra Teodoreto, promoviendo la acusación de que enseñaba dos hijos en Cristo y consiguiendo que la corte confinara a Teodoreto a Ciro. Éste compuso su Eronistes. Sus esfuerzos para justificarse ante la corte fueron en vano contra las acusaciones de Dióscuro, así como las réplicas de Domno contra Eutiques de apolinarismo. La corte excluyó a Teodoreto del concilio en Éfeso (449) a causa de su antagonismo hacia Cirilo. En dicho concilio, por su Epist. cli contra Cirilo y su defensa de Diodoro y Teodoro, fue condenado y excomulgado sin ser escuchado y sus escritos quemados. Incluso Domno dio su aprobación. Teodoreto fue obligado a dejar Ciro y retirarse al monasterio de Apamea. Apeló a León Magno, pero no fue hasta la muerte de Teodosio II (450) que su apelación por una revocación de los juicios contra él le fue otorgada por un edicto imperial. Se le ordenó participar en el concilio de Calcedonia (451), lo que causó violenta oposición. Primero iba a tomar parte solo como acusador, aunque entre los obispos. Luego fue obligado (26 de octubre de 451) por los amigos de Dióscuro a pronunciar el anatema contra Nestorio. Su conducta muestra que lo hizo con previa reserva, es decir, sin comprometerse más allá de la enseñanza de los dos hijos en Cristo y de la negación del theotokos. Tras ello fue declarado ortodoxo y rehabilitado. Lo único conocido sobre él, posterior al concilio de Calcedonia, es la carta de León encargándole guardar la victoria calcedoniana Migne, Patrologiae cursus completus, lxxxiii. 1319 y sig.). Junto a Diodoro y Teodoro no fue menos odiado por los monofisitas que Nestorio mismo, siendo tenido por ellos como hereje. La controversia de los Tres Capítulos llevó a la condenación de sus escritos contra Cirilo, en el segundo concilio de Constantinopla (553).
Obras exegéticas.
Teodoreto se dedicó en literatura principalmente a la exégesis. La Escritura era su única autoridad y su presentación de la doctrina ortodoxa consiste de un arreglo de pasajes bíblicos. La autenticidad y relativa cronología de sus comentarios se demuestra por referencias en los últimos a los primeros. El comentario sobre Cantares, escrito mientras era joven obispo, aunque no antes de 430, precede al de los Salmos; los comentarios sobre los profetas fueron comenzados con Daniel, seguidos de Ezequiel y los profetas menores. Tras los Salmos, acabó, antes del año 436, los de Isaías, Jeremías y las epístolas paulinas (incluyendo Hebreos) antes de 448. Las últimas obras exegéticas de Teodoreto fueron interpretaciones de pasajes difíciles en el Octateuco y Quæstiones tratando con los libros de Samuel, Reyes y Crónicas, escritos hacia los años 452 y 453. Menos el comentario sobre Isaías (hay fragmentos preservados en las catenæ) y sobre 6 Y de aquellos que tenían reputación de ser algo (lo que eran, nada me importa; Dios no hace acepción de personas), pues bien, los que tenían reputación, nada me enseñaron. 7 Sino al contrario, al ver que se me había encomendado el evangelio a los d[…]Gálatas 2:6-13, los escritos de Teodoreto han llegado hasta nosotros. El material exegético sobre los evangelios bajo su nombre en las catenæ pude proceder de sus otras obras, habiendo interpolaciones extrañas en sus comentarios al Octateuco. Los autores bíblicos son, para Teodoreto, simplemente la boca del Espíritu Santo, aunque no pierden sus particularidades individuales. Por la inevitable imperfección de las traducciones, el entendimiento queda obstaculizado. Al no estar familiarizado con el hebreo, Teodoreto usa la traducción siríaca, las versiones griegas y la Septuaginta. En principio su exégesis es gramático-histórica, criticando la intrusión de las propias ideas del autor. Su objetivo es evitar la parcialidad del literalismo y de la alegoría. Por eso protesta contra la atribución de Cantares a Salomón, porque degrada al Espíritu Santo. Más bien, hay que decir que la Escritura a veces habla 'figuradamente y en enigmas'. En el Antiguo Testamento todo tiene significación típica y proféticamente incorpora ya la doctrina cristiana. La iluminación permite el recto entendimiento, según la sugerencia apostólica y el cumplimiento del Nuevo Testamento. Valiosa, aunque no vinculante, es la tradición exegética de los maestros eclesiásticos. A Teodoreto le gusta escoger la mejor entre varias interpretaciones, preferiblemente la de Teodoro, completándola con la suya propia. Es claro y sencillo en pensamiento y declaración y su mérito es haber rescatado la herencia exegética de la escuela de Alejandría en su conjunto para la Iglesia.
Obras apologéticas e históricas.
Entre los escritos apologéticos estaba Ad quæstiones magorum (429-436), que se ha perdido, en el que justificaba los sacrificios del Antiguo Testamento como alternativa a la idolatría egipcia (cuestión 1, Lev., Migne, Patrologiae cursus completus, lxxx. 297 y sig.) y pone en evidencia las fábulas de los magos que adoraban los elementos (Hist. eccl. v. 38). De providentia consiste de discursos apologéticos, demostrando la divina providencia del orden físico (cap. i-iv) y del orden social y moral (cap. vi-x). La Cura de las enfermedades griegas o conocimiento de la verdad del evangelio desde la filosofía griega, de doce discursos, fue un intento para demostrar la verdad del cristianismo desde la filosofía griega, en contraste con las ideas y prácticas paganas. La verdad es auto-consistente donde no está oscurecida por el error y se sostiene a sí misma, como el poder de la vida; la filosofía es solo un presentimiento de ello. Esta obra se distingue por la claridad de arreglo y estilo. La Historia de la Iglesia de Teodoreto, que comienza con el surgimiento del arrianismo y acaba con la muerte de Teodoro (429), queda muy atrás de las de Sócrates y Sozomeno. Contiene muchas fuentes que se habrían perdido, especialmente cartas de la controversia arriana, pero es defectuosa en el sentido histórico y seguridad cronológica, además de la inclinación del autor al adorno y a la narrativa milagrosa, así como a la preferencia personal. El material original de información antioquena aparece principalmente en los últimos libros. Las fuentes de Teodoreto están en disputa. Según Valesio fueron principalmente Sócrates y Sozomeno; la completa investigación de A. Güldenpenning puso a Rufino primero y luego a Eusebio, Atanasio, Sabino, Filostorgio, Gregorio de Nacianzo y, al final de todos, Sócrates. N. Glubokovskij menciona a Eusebio, Rufino, Filostorgio y, tal vez, Sabino. La Historia religiosa, con un apéndice sobre el amor divino, contiene las biografías de treinta (diez todavía vivos) ascetas, tenidos como ejemplos. A solicitud de un alto oficial llamado Sporacio, Teodoreto compiló un Compendio de relatos heréticos (Hæreticarum fabularum compendium), incluyendo una heresiología (libros i-iv) y 'un compendio de dogmas divinos' (v) que, aparte del De principiis de Orígenes y la obra teológica de Juan de Damasco, es la única presentación sistemática de la teología de los Padres griegos.
Obras dogmáticas.
Entre los tratados dogmáticos Teodoreto menciona (Epist. cxiii, cxvi) haber escrito contra Arrio y Eunomio probablemente una obra, a la que adjuntó los tres tratados contra los macedonianos. Además hubo dos obras contra los apolinaristas, no habiéndose preservado nada de Opus adversus Marcionem. Los tratados Sobre la Trinidad y Sobre la dispensación divina (comp. Peri theologias kai tes theias enanthropeseos; Epist., cxiii), asignados por A. Ehrhard a la obra Sobre la santa y dadora de vida Trinidad y Sobre la encarnación del Señor de Cirilo de Alejandría, pertenecen ciertamente a la escuela antioquena y a Teodoreto. A la misma pertenecen los capítulos xiii-xv, xvii y breves partes de otros capítulos de los fragmentos que J. Garnier (Auctarium) incluyó bajo el título Pentología de Teodoreto sobre la encarnación, así como tres de los cinco fragmentos referidos por Mario Mercator al quinto libro de algunos escritos de Teodoreto. Se trata de polémicas contra el arrianismo y el apolinarismo. La Refutación de los doce anatemas de Cirilo está preservada en la antipolémica de Cirilo (Migne, Patrologiae cursus completus, lxxvi. 392 y sig.). Él detecta apolinarismo en las enseñanzas de Cirilo y rehúsa 'una contracción en una' de las dos naturalezas del Unigénito, así como la separación en dos hijos (Epist. cxliii). En lugar de una 'unión según la hipóstasis' él aceptaría una que 'manifestara las propiedades esenciales o modos de las naturalezas'. El hombre unido a Dios nació de María; entre el Logos y la forma de siervo hay que trazar una distinción. Solo pequeños fragmentos (comp. Epist. xvi) de la defensa de Teodoreto de Diodoro y Teodoro (438-444) se han preservado (Glubokovskij ii. 142). Su principal obra cristológica es Eranistes etoi polymorphos (Mendigo o multiforme), en tres diálogos, presentando a los monofisitas como mendigos que venden su chatarra doctrinal desde diversas fuentes y a él mismo como ortodoxo. Dios permanece inmutable también al hacerse hombre, estando las dos naturalezas separadas en Cristo y siendo siempre el Logos inmortal e impasible. Cada naturaleza permanece 'pura' tras la unión, reteniendo sus propiedades, con exclusión de toda transmutación y mezcla. De las veintisiete alocuciones en defensa de varias proposiciones las primeras seis concuerdan en contenido con Teodoreto. Unos pocos extractos de las cinco sobre Crisóstomo fueron preservadas por Focio (códice 273). Las más valiosas son las numerosas cartas.
El siguiente pasaje procede de su obra La providencia divina, 2:
'¿Quién hace correr lo ríos? ¿Quién hace brotar las fuentes? Fíjate en que algunas de éstas manan en las cumbres de los montes y hacen correr sus aguas desde lo alto hacia abajo; otras, por el contrario, no aparecen en las laderas de los montes, sino que desde lo profundo de los pozos proveen de agua al hombre. Efectivamente, a fin de que tú no te imagines que el agua por su naturaleza suba espontáneamente hacia lo alto, el Creador, mediante estas realidades, te enseña que ésta ocupa la cima de los montes porque obedece a la palabra de Dios y que, si no es obligada por tus artificios, no riega por propio impulso la superficie de los campos. Tú, en cambio, te ves obligado a excavar profundos pozos y te aprovechas del agua sacándola desde lo hondo. No eres, en efecto, el creador de los elementos, sino compañero de servidumbre con ellos. Para el Creador es muy fácil el hacer no sólo que el agua brote sobre las cimas de los montes, sino también hacerla subir y dejarla suspendida en la atmósfera, convertir en dulce el agua amarga, evaporar la que halla en estado líquido, disolver la que está helada, dividir la que forma un solo conjunto, detener aquella que corre, introducir una corriente que sube en otra que desciende hacia abajo, calentar sin la intervención del fuego la que está fría.
Todo esto lo realiza el Señor en favor tuyo, sin tener en cuenta tu enorme ingratitud, a fin de que puedas bañarte en aguas que están calientes sin intervención humana, a fin de que te cures de tus enfermedades corporales.'
Bibliografía:
N. Bonwetsch, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; las ediciones de las obras de Teodoreto que ha de ser tenidas en cuenta son: P. Manutius (en latín), Roma, 1656; J. Birckman, Colonia, 1573 (también latín); J. Sirmondi, 4 volúmenes, París, 1642 (griego y latín), vol. v. por J. Garnier, 1684, reeditado con correcciones y adiciones por L. Schulte y J. A. Nösselt, 5 volúmenes, Halle, 1760-74, reproducido en Migne, Patrologiae cursus completus, lxxx.-lxxxiv.; Eugenius Diaconus, 5 volúmenes, Halle, 1708-78 (solo griego). Su "Historia Eclesiástica" fue editada primero por Frobenius, Basilea, 15.36; posterior por R. Stephens, París, 1544, Ginebra, 1612; po H. Valesius, París, 1673-74; por Reading, Cambridge, 1720; y por T. Gaisford, Oxford, 1854; la traducción inglesa fue editada en Londres, 1612, 1843, en Bohn's Ecclesiastical Library, 1854, y en NPNF, 2 ser. vol. iii. Su Sermones de providentia también aparecieron en inglés como The Mirror of Divine Providence, Londres, 1602.
Consultar: DCB, iv. 904-919; Tillemont, Mémoires, xv. 207-340; J. G. Walch, Hutoire der Ketzereien, volúmnenes, v.-vii, Leipzig, 1770 ss.; Fabricius-Harles, Bibliotheca Græca, vii. 277 ss. Hamburgo, 1802; F. A. Holshausen, De fontibus quibus Socrates... ac Theodoretus... usi sunt, Gotinga, 1825; J. G. Dowling, Introduction to the Critical Study of Ecclesiastical Hist., pp. 34 ss., Londres, 1838, F. C. Baur, Die Epochen der kirchlichen Geschichtsschreibung, pp. 7-32, Tubinga, 1852; F. A. Spocht, Der exegetische Standpunkt des... Theodor von Kyros, Munich, 1871; J. H. Newman, Historical Sketches, iii. 307-362, Londres, 1873; A Bertram, Theodoreti... doctrina christologica, Hildesheim, 1883; C. Roos, De Theodoreto Clementis et Eusebii compilatore, Halle, 1883; A. Ehrhard, en TQS, 1888; A. Guldenpenning, Die Kirchengeschichte des Theodor von Kyrrhos, Halle, 1889; N. Glubukovskij, en ruso, Moscú, 1890; G. Rauschen, Jahrbucher der christlichen Kirche untes... Theodorus, pp. 559 ss., Friburgo, 1897; J. Raeder, en Rheinisches Museum, lvii (1902), 449 ss.; F. Loofs, Nestoriana, Halle, 1905; Harnack, Dogma, volúmenes iii.-iv. passim; Neander, Christian Church, vol. ii. passim; Schaff, Christian Church, iii. 881-883 et passim; Hefele, Concillengeschichte, ii. passim.