Historia
TEODORO DE MOPSUESTIA (c. 350-428)
Vida.
Procedía de una distinguida familia, siendo hermano del obispo Policronio de Apamea. Pasó entre cuarenta y cinco o cincuenta años enseñando y fue obispo de Mopsuestia entre 392 y 428. La información más temprana sobre él se contiene en dos cartas, Ad Theodorum lapsum (Migne, Patrologiae cursus completus, lxvii. 277-316), sin duda de Crisóstomo, quien una generación después, cuando estaba en el exilio, le dio gracias a Teodoro por su probada y fiel amistad (Migne, Patrologiae cursus completus, lii. 669). En la segunda de esas cartas se queja de que Teodoro, que entonces tenía escasamente veinte años de edad, había dejado su vida ascética que había comenzado con tanto celo, ocupándose de asuntos domésticos y haciendo planes para casarse. Crisóstomo le invita a volver a la vida monástica. La primera carta dirigida hacia alguien no mencionado por nombre, lo presenta enamorado de una tal Hermione y hundido en la mancha de la sensualidad y el abismo de la desesperación. Que esta epístola sea de Crisóstomo y fuera dirigida a Teodoro ha sido puesto en disputa, aunque no de forma concluyente. Que Teodoro escuchara al retórico Libanio es más que probable, pero que lo hiciera contemporáneamente con Crisóstomo y renunciara al mundo al mismo tiempo que él parece muy improbable, considerando la diferencia de sus edades y el silencio por parte de Crisóstomo. Debe asumirse que la renuncia al mundo de Teodoro y su caída subsecuente, pertenecen al periodo cuando Crisóstomo vivía como monje en las montañas cerca de Antioquía. Es una antigua y creíble tradición que los consejos de Crisóstomo indujeron a Teodoro a volver a la vida monástica. Que Teodoro fue discípulo de Diodoro es evidente por su teología y exégesis, además del testimonio directo de los historiadores; el testimonio de Teodoreto, que en ese tiempo era compañero de Crisóstomo puede, durante al menos un periodo, ser acreditado. Después ambos serían discípulos de Flaviano, obispo de Antioquía, quien indudablemente consagró a Teodoro como presbítero en 383. En 394 Teodoro tomó parte en un sínodo en Constantinopla, ocasión en la que posiblemente el emperador Teodosio se quedara impresionado con su predicación. Durante ese periodo escribió una ingente masa de obras exegéticas y polémicas. Entró en la discusión pelagiana y en 420 recibió a Juliano de Eclana y sus seguidores. Su fama se extendió mas allá de los límites de su diócesis, muriendo en paz con la Iglesia, aunque no sin antes haber sufrido algunos antagonismos individuales.
Obras.
De sus numerosas obras solo se han preservado unos pocos comentarios más o menos intactos; del resto solo existen una pequeña porción de fragmentos. Una lista de las obras la da Ebed Jesu († 1318; comp. J. S. Assemani, Bibliotheca oriental III, i. 30-35, Roma 1719-28). Teodoro escribió comentarios a Génesis, Salmos, profetas mayores y menores, Job (dedicado a Cirilo de Alejandría), Samuel, Eclesiastés y todos los libros del Nuevo Testamento, menos Marcos, las epístolas universales y el Apocalipsis. Sobre las epístolas paulinas hay una antigua traducción latina que ha sido editada con fragmentos griegos por Swete. De todos los comentarios solo existen completos los de los profetas menores en el original y una versión siríaca del comentario sobre Juan fue editada por Chabot. De sacramentis fue probablemente idéntico con Liber arcanorum, mencionado por un contemporáneo de Ebed Jesu y junto con Sermones mystici (Hesiquio) y Codex mysticus (Facundo) y De fide fue probablemente idéntico con el Catechismus citado por Mario Mercator, Ad baptizandos citado por el concilio de 553 y Ad baptizatos citado por Facundo. La obra dogmática más frecuentemente citada es De incarnatione (Peri tes enanthropescos), en quince libros, contra los apolinaristas y anomianos, escrita mientras era presbítero (Genadio, De vir. ill., xv ), treinta años antes de De assumente et assumpto. Este era evidentemente también sobre la encarnación, hablando de 'dos hijos', como pretendían los antioquenos. Por tanto, esta obra es sin duda idéntica con De Apollinario et ejus hæresi, de cuya introducción, que trata con el reproche de los 'dos hijos', preservó Facundo un largo fragmento. Se conservan fragmentos en citas de los dos libros Adversus Eunomium y de dos Adversus asserentem peccatum in natura insitum esse; de los cinco libros de Adversus allegoricos un fragmento está preservado, probablemente idéntico con De allegoria et historia contra Origenem dedicado a Cerdón; tal vez quedan dos fragmentos del Liber margaritarum, 'en el que están coleccionadas sus cartas'. Ebed Jesu menciona también un libro Pro Basilio, que otros han estimado como parte de Adversus Eunomium (ut sup.), estando la obra posiblemente desmembrada en su forma siríaca. En su original la obra se tituló A favor de Basilio, contra Eunomio, consistiendo de veinticinco libros (Focio, códice 4) o incluso veintiocho (Focio, cod. 177 comp. Leoncio, Adversus Eutychianos et Nestorianos, iii; Migne, Patrologiae cursus completus, lxxxvi. 1384). Obras completamente perdidas son De spiritu sancto; De sacerdotio; dos libros Adversus magiam, cuyo contenido es discutido por Focio; Ad monachos; De obscura locutione; De perfectione operum y Sermo de legislatione. Ebed Jesu afirmó que su catálogo era completo y lo que está preservado en cualquier parte puede estar contenido en las obras nombradas en su lista. Tales restos son un fragmento de Éxodo, cuatro de Cantares, cuatro de Marcos, catenæ sobre Levítico, Números, Deuteronomio, Jueces, Rut, Reyes y las epístolas universales. Algunos fragmentos genuinos de Cantares pueden proceder de una carta, pero es improbable que hayan de ser considerados de un comentario, pues Teodoro estimaba Cantares como un poema profano amoroso y por lo tanto de poco valor (Leoncio, iii. 16). No comentó las epístolas universales y que escribiera un comentario sobre Marcos no es probable en vista de la lista de Ebed Jesu y sus propias referencias exclusivas a la interpretación de los otros evangelios. El fragmento de De interpretatione symboli 318 patrum (Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi. 1016; Swete, ii. 327) puede indudablemente relacionarse con De fide. Solo quedan tres fragmentos sin asignar a las obras mencionadas por Ebed Jesu: el himno, Liturgia Theodori (E. Renaudot, Liturgiarum orientalium collectio, ii. 616-621, Roma, 1716) y la cita de una obra Sobre los milagros (Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi. 1004; Swete, ii. 339). El himno es de Efrén, la cita puede no ser genuina y la liturgia, aunque aceptada por Leoncio (iii. 19) y Swete como genuina a causa de su lenguaje y pensamiento, puede ser de origen nestoriano y referida a Teodoro incluso ya en el tiempo de Leoncio.
Importancia.
Teodoro fue el representante clásico de la escuela de Antioquía. Su cristología era la de Nestorio y, salvo el incipiente antagonismo hacia el theotokos ('madre de Dios'), Nestorio es más prudente que Teodoro. Sin embargo, el método exegético de los antioquenos está mejor representado por Teodoro, aunque su obra hermenéutica más importante se ha perdido (Adversus allegoricos). Focio señala de él que 'evitando la tendencia a la alegoría, hizo su interpretación según la historia' códice 38; Migne, Patrologiae cursus completus, ciii. 72) y esta declaración está corroborada por las discusiones teóricas por parte de Teodoro mismo. El Antiguo Testamento lo trata en la forma que Pablo siguió, no despojándolo de su historicidad, sino exponiendo la afinidad con los materiales del Nuevo Testamento, a fin de hacerlo provechoso para el presente. Reconoce pocas profecías mesiánicas. Los profetas y Salmos son explicados en referencia a sus propios tiempos; pero convencido del carácter preparatorio de la economía del Antiguo Testamento, afirma frecuentemente que lo que se recoge en el Antiguo alcanza su plenitud en el Nuevo. La queja de Leoncio (iii. 15) de que Teodoro rechazó ciertas lecturas de los Salmos, en interés de la historia, es poco exagerada. Su desprecio hacia Cantares, como himno amoroso profano (Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi. 699-700), se debió a su aversión a la alegorización y su incapacidad para apreciar la poesía de Job a su prosaico interés histórico (Leoncio xiii, 1365). Su actitud hacia el canon no excluye el relativo valor de los libros (comp. Migne, Patrologiae cursus completus, lvi. 697); es probable que rechazara Ester y los apócrifos, pero es apenas creíble que excluyera Crónicas, Esdras y Nehemías (Leoncio, xvii. 1368) y es improbable que rechazara del canon Cantares y Job (iii. 16, xiii. 1365), porque escribió un comentario a Job. Teodoro parece haber tenido el antiguo canon siríaco, que contenía sólo los evangelios, los Hechos y las epístolas paulinas. El gran reconocimiento de que gozó Teodoro no disminuyó tras su muerte mientras prevaleció la tradición antioquena, teniendo adherentes entusiastas incluso tras la condenación de Nestorio y no remitiendo su reputación como exégeta en la Iglesia ortodoxa del siglo siguiente, como demuestran Focio y las catenæ. Poco después del concilio de Éfeso (431), que condenó su credo sin mencionarlo o censurarlo, fue incluido en las condenaciones de Nestorio. Independientemente de la actitud de cada uno, Mario Mercator, incitado por la actitud de Teodoro en la controversia pelagiana, y Rábula de Edesa, el apóstata de los antioquenos, abrieron fuego contra él. Éste último llamó la atención de Cirilo de Alejandría con la acusación de que Teodoro fue el padre de la herejía nestoriana. De hecho, Cirilo había contraído antes del año 435 animosidad contra Teodoro, como se muestra en sus cartas lxvii-lxviii, lxxi-lxxii; más aún, escribió Adversus Diodorum et Theodorum, del que se han preservado algunos fragmentos (Liberato, Breviarium, x, MPL, lxviii. 991; comp. Migne, Patrologiae cursus completus, lxxvi. 1437-1452). El nombre de Teodoro quedó envuelto en la lucha partidista del periodo, resultando en la trágica transacción final, instigada por la polémica de los monjes escitios (Majencio, Migne, Patrologiae cursus completus, lxxxvi. 85; Leoncio iii. 7 y sig., Migne, Patrologiae cursus completus, lxxxvi. 1364 y sig.); Justiniano condenó en los Tres Capítulos su persona y su obra y a pesar de la resistencia del oeste, llevó este anatema hasta el concilio del año 553.

Bibliografía:
F. Loofs, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; la colección completa de las obras de Teodoro está en Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi. 1-1020; Fragmenta patrum Græcorum, ed. F. Munter, vol. i., Copenhague, 1788; Scriptorum veterum nova collectio, ed A. Mai, volúmenes, i, vi., vii., Roma, 1825-35, y del mismo autor Nova patrum bibliotheca, vol. vii. ib. 1854; Theodori Antiocheni, Mopsustini episcopi quæ supersunt, ed. A. F. V. von Wegnern, vol. i., Berlín, 1834; Theodori episcopi Mopsuestini in Novum Testamentum, ed. O. F. Fritzche, Zurich, 1847, idem De incarnatione Filii Dei, ib. 1847-48; J. B. Pitra, Spicilegium Solesmense, vol. i., París, 1852; Theodori... commentarii nuper detecti, ed. J. L. Jacobi, Halle, 1855-58; P. de Lagarde, Analecta syriaca, Leipzig, 1858; Theodori Mopsuestini fragmenta Syriaca... ed. E. Sachau, ib. 1869; Theodori in epistolas... Pauli commentarii, ed. H. B. Swete, 2 volúmenes, Cambridge, 1880-82; F. Baethgen, en ZATW, 1885, pp. 53-101; su comentario sobre Juan, ed. J. B. Chabot, París, 1807: Prólogo a un posible comentario sobre Hechos por E. von Dobschütz, en AJT, ii (1898), 353-387; J. Lietzmann, en SBA, 1902, pp. 334-344; G. Dittrich, ZATW, Beihefte, vi (1902).
Sobre su vida los relatos antiguos son de Crisóstomo, Epist. ad Theodorum lapsum; Teodoreto, Hist. eccl., V. xxxix; Sócrates, Hist. eccl., VI., iii.; Genadio, De vir. ill., xil. Consultar: DCB, iv. 934-948; Leo Allatius, en Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi. 77-104; Tillemont, Mémoires, xi. xii. 433-453, 673-674; Fabricius-Harles, Bibliotheca Græca, x. 346-362, Hamburgo, 1807; A. Mai, Nova collectio, i., pp. xviii-xxx., y vi., pp. v.-xxii.; idem, en Migne, Patrologiae cursus completus, lxvi., 120-123; R. E. Klener, Symbols litteraria ad Theodorum... pertinentes, Gotinga, 1836; O. F. Fritzsche, De Theodori Mopsuesteni vita et scriptis commentatio, Halle, 1836; W. C. H. toe Water, Specimen observationum de Theodoro... XII. prophetarum minorum interprete, Ámsterdam, 1837; F. A. Specht, Der exegetische Standpunkt des Theodor von Mopsuestia..., Munich, 1871; H. Kihn, Theodor von Mopsuestia und Junilius Afrikanus als Exegeten, Friburgo, 1880; W. Sanday, en Expositor, June, 1880; T. K. Cheyne, en The Thinker, iii. (1893), 496-498; J. Fessler, Institutiones patrologie, ed. B. Jungmann, vol. ii. parte 2, Innsbruck, 1896; T. Zahn, en NKZ, xi (1900), 788-806; Bardenhewer, Patrologie, pp. 279-282.