Historia

TEODORO EL ESTUDITA (759-826)

Teodoro el Estudita, monje de la Iglesia oriental y abad de Studium, nació en la costa oriental del Mar de Mármara, cerca de la actual Brusa, a 91 kilómetros al sudeste de Estambul, en el año 759 y murió en el exilio, en la isla de Calcis el 11 de noviembre de 826. Fue instruido por su tío Platón, abad de Saccudium, siendo sacerdote en 784 o 787 y cabeza del monasterio en 794. Una incursión de los árabes desplazó a los monjes a la ciudad de Constantinopla, donde entraron al studium, que bajo la dirección de Teodoro obtuvo gran celebridad y el pináculo de su grandeza. Sin embargo, Teodoro pasó sólo la mitad de los veintiocho años de su abadía en el monasterio, estando en frecuente exilio a causa de su participación en las controversias de su tiempo.

El genio de Teodoro fue más bien práctico que especulativo; tuvo una buena educación y escribió de manera excelente. Los más importantes de sus escritos son alocuciones y cartas monásticas. Una obra es dogmática, sobre la controversia de los iconos (Migne, Patrologiae cursus completus, xcix. 327-426), marcada no tanto por la riqueza de conocimiento, sino por su clara argumentación. La importancia de Teodoro yace en su labor de estadista eclesiástico, siendo un digno campeón de la libertad eclesiástica; de hecho, es uno de los teólogos griegos que luchó por la separación de la Iglesia y el Estado.

El siguiente pasaje es una alocución al emperador sobre el papel de los patriarcas en cuestiones espirituales:

'Nuestra discusión no versa sobre cuestiones mundanas. Al emperador y a los tribunales seculares les compete juzgarlas. Ahora estamos hablando de cuestiones divinas que no incumben más que a aquel a quien dijo el Verbo divino: «Todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desatares sobre la tierra quedará desatado en el cielo».
¿Quiénes han recibido este mandato? Han sido los apóstoles y sus sucesores. ¿Quiénes son estos últimos? El que se sienta en el trono de Roma y que es el primero; el segundo es quien se sienta en el trono de Constantinopla. Tras de éstos están los que se sientan en los tronos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén. He aquí la autoridad pentárquica de la Iglesia. Ellos son los que tienen autoridad para fallar sobre los dogmas divinos. El emperador y las autoridades civiles están obligados a prestarles su apoyo y a confirmar aquello que decidan.'
Los cánones tenían que reforzarse, incluso contra la voluntad del emperador. Este es el tono fundamental en la denominada lucha del divorcio y nuevo matrimonio del emperador. Renovó la controversia tras la muerte de Constantino, cuando el emperador Nicéforo elevó a un laico al trono patriarcal; él se consideraba un mero abad, defensor de la Iglesia, no refrenándose ni siquiera ante el patriarca. Mientras que los católicos pretenden que fue un defensor de la primacía papal, sus cartas muestran que en realidad consideraba al papa sólo como patriarca de Occidente. Su oposición le llevó a problemas posteriormente, cuando los monjes, tras el año 843, quedaron atrapados en el cisma bajo el patriarca Metodio, pero fueron sometidos al principio de que estaban sujetos a los sacerdotes.

Teodoro fue esencialmente un abad y como tal un reformador del monasticismo. Las controversias iconoclastas habían impedido la disciplina monástica y Teodoro volvió a la regla de Basilio, asociando de tal manera las regulaciones a los monasterios griegos, que las reglas modernas prácticamente perpetúan la suya, que hasta ahora son la base del monasticismo ruso. Los dos catecismos, todavía en uso en los monasterios, dan testimonio de su cuidado pastoral por los monjes, conteniendo el menor una selección de alocuciones atemporales y el mayor tres series de sermones. Incluso en el exilio mantuvo la disciplina, a través de cartas, instruyendo al administrador, mostrando una auténtica disposición y autoridad apostólica. Sus ministraciones se extendieron más allá del claustro, como cuando organizó una asociación para el entierro de los pobres. Otra actividad de Teodoro fue la himnodia, siéndole atribuidos un gran número de himnos, de gran calidad emotiva e intelectual. También revivió el arte del epigrama, que usó con abundancia de riqueza. Su reputación en la Iglesia griega no ha igualado su capacidad o su mérito. Tuvo una mente maestra, pero trabajó principalmente en el claustro.


Bibliografía:
E. von Dobschütz, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; las obras de Tedoro se pueden consultar en Migne, Patrologiae cursus completus, xcix; 277 cartas y un gran número de alocuciones las proprciona A. Mai, Nova patrum bibliotheca, viii.-ix., Roma, 1871-88; Parva Catechesis, ed. Zacharias, apareció en Hermupolis, 1887, y ed. E. Auvray y A. Tougnrd, en París, 1891; Magna Catechesis, ed. A. Papadopoulos-Kerameus, en St. Petersburgo, 1904. Fuentes tempranas están en Migne, Patrologiae cursus completus, xcix. 49-328, 803-850, 883-1870, 1813-49. Consultar: Krumbacher, Geschichte, pp. 147-151, 712-715 et passim; J. J. Mailer y J. V. Beumelling, De studio cænobio Constantinopolitano, Leipzig, 1721; Fabricius-Harles, Bibliotheca Græca, x. 434-474, Hamburgo, 1807; J. Richter, en Katholik, liv. 2 (1874), 385-414; K. Schwarzlose, Der Bilderstreit, pp. 123 ss. Gotha, 1890; A. Tougard, La Persécution iconoclaste d'après la correspondance de St. Théodore Studite, París, 1891; C. Thomas, Theodor von Studion und sein Zeitalter, Osnabruck, 1892; Schievitz, De S. Theodoro, Breslau, 1896; L. Vigneron, L'Image sainte. Hist. byzantine du viii. siècle, París, 1896; K. Holl, en Preussische Jahrbücher, 1898, pp. 107 ss.; A. Ferradou, Des Biens des monastères à Byzance, París, 1896; P. J. Pargoire, en Byzantinische Zeitschrift, viii (1899), 98-101; G. A, Schneider, Der heilige Theodor von Studion, sein Leben und Wirken, Münster, 1900; Alice Gardner, Theodore of Studium, His Life and Times, Londres, 1905; C. Diehl, Fiyures byzantines, París, 1906; Harnack, Dogma, iv. 328 ss.; Ceillier, Auteurs sacrés, xii. 298-320; DCB, iv. 955-956.