Historia

TEÓFILO DE ALEJANDRÍA († 412)

Teófilo de Alejandría fue patriarca de esa ciudad entre los años 385 y 412, muriendo allí el 15 de octubre de ese último año. De los sucesos de su vida, antes de su elevación al arzobispado, nada se sabe con certeza, pero poco después de su ascenso, fue consultado por el emperador Teodosio respecto a las diferencias entre los cómputos alejandrino y romano de la Pascua de 387, un asunto que Teófilo pudo solucionar a satisfacción del emperador, especialmente al preparar un ciclo pascual de cuatrocientos dieciocho años, además de computar los días en los que la Pascua caería durante el periodo entre los años 380 y 480. Hacia el año 389 Teófilo también obtuvo permiso de Teodosio para destruir los templos paganos en Alejandría, o, según otros relatos, se le otorgó el privilegio de construir una iglesia sobre el lugar de un templo a Dionisio. El patriarca incurrió en la hostilidad de los paganos por ofensas públicas a sus emblemas sagrados, y, tras tomarse la venganza de los cristianos, se atrincheraron en el famoso Serapeum de la ciudad. Cuando los paganos quedaron inmovilizados por el terror, a causa de los gritos que saludaban la llegada de un edicto imperial para la destrucción de todos los santuarios paganos, Teófilo y sus seguidores pudieron entrar en el Serapeum, donde hizo que la imagen de Serapis fuera derribada, a lo que siguió una demolición de templos de la antigua creencia, siendo preservada sólo la imagen de un mono, por obvias razones peyorativas.

En 391 o 392 Teófilo fue nombrado por el concilio de Capua para arbitrar en la controversia entre Flaviano de Antioquía y Evagrio, que decidió en favor de Flaviano. En el año 394 fue a Constantinopla, asistiendo a un concilio en el que exhortó a que las deposiciones del episcopado fueran pronunciadas no meramente por tres obispos (número exigido por los cánones de Nicea para una consagración) sino, si fuera posible, por todos los obispos de una provincia.

En el año 395 el carácter de Teófilo, bajo la siniestra influencia de las controversias origenistas, sufrió un lamentable cambio. Había estado en simpatía con el rechazo de Orígenes hacia el antropomorfismo y en su carta pascual de 399 había insistido firmemente en que la naturaleza divina no debe ser interpretada en manera antropomórfica, lo que causó el antagonismo violento de los monjes escetios, por lo que el patriarca usó ambiguas frases, más políticas que honorables. Este cambio de actitud podría estar relacionado con su antipatía personal hacia ciertos antiguos amigos, especialmente Isidoro, a quien había propuesto para la sede de Constantinopla en 398 y algunos de lo 'hermanos largos', los cuales tenían todos simpatía por Orígenes. Hacia finales de 399 o principios de 400 convocó un sínodo en Alejandría en el que el origenismo fue condenado, tras lo cual escribió su carta pascual de 401 atacándolo. En ese mismo año, fortalecido por un edicto imperial prohibiendo a cualquier monje leer a Orígenes, Teófilo la emprendió contra Nitria, procurando la expulsión de todos los monjes que no suscribieran el antropomorfismo. Los relatos de este procedimiento son, desafortunadamente, tan variados que es difícil decir si fue ejecutado con violencia, como el enemigo acérrimo de Teófilo, Paladio, afirma, o como Teófilo mismo declara en una carta sinodal, traducida por Jerónimo (Epist. xcii), tras sopesar los odiosos principios de Orígenes. Posteriormente ese año algunos de los monjes fueron a Crisóstomo en Constantinopla, suplicándole sus buenos oficios a su favor para poder regresar a Egipto. Crisóstomo escribió a Teófilo, pero el resultado de la correspondencia, complicada aún más por la indiscreta actividad de los monjes, fue que el patriarca de Alejandría se convirtió en feroz enemigo del de Constantinopla. Teófilo encomendó a Epifanio una condenación sinodal del origenismo, siendo prohibida la lectura de cualquier escrito de Orígenes en Chipre. Mientras tanto, los monjes exiliados en Constantinopla no se habían quedado cruzados de brazos, sino que indujeron al emperador Arcadio, a citar a Teófilo para ser juzgado ante el patriarca de Constantinopla, mientras que los cargos lanzados contra los monjes fueron declarados sin fundamento. Tras un deliberado retraso en la comparecencia, Teófilo finalmente llegó a Constantinopla a finales de junio de 403 y tras burlarse abiertamente de Crisóstomo, logró que fuera depuesto y desterrado en el sínodo ad Quercum, aceptando después una disculpa formal de los 'hermanos largos', una vez que el más importante de ellos había muerto. Pero el pueblo llamó enseguida a Crisóstomo, teniendo Teófilo que embarcarse rápidamente para Egipto. A los dos meses, el patriarca de Constantinopla se había ganado de nuevo el disgusto imperial, atacándole de nuevo su antiguo enemigo. Aunque no quiso acudir en persona, sus esbirros hicieron su trabajo y Crisóstomo fue enviado de nuevo al destierro, del que nunca volvería.

En su carta pascual de 404, Teófilo, sin mencionar el nombre de Crisóstomo, volvió a su ataque contra el origenismo. Informó al papa Inocencio de que había depuesto a Crisóstomo, pero el pontífice ignoró la sentencia y ordenó que un nuevo sínodo fuera convocado para tratar el caso con justicia. Pero los intentos del papa y la petición del emperador Honorio a su hermano Arcadio, fueron en vano, al apoyar éste obstinadamente a Teófilo.

Del resto de su vida se sabe poco y de sus escritos solo una porción relativamente pequeña han sobrevivido Migne, Patrologiae cursus completus, (lxv. 33-68). A los mismos pertenecen sus cartas pascuales de 401, 402 y 404, preservadas solo en la traducción latina de Jerónimo, donde critica acerbamente el origenismo, así como diez 'cánones' que regulaban la ordenación y relaciones sexuales del clero. Pero sus obras más importantes, los tratados Contra Orígenes y Contra los antropomorfistas (mencionados por Genadio De vir. ill., xxxiv) han desaparecido.

El siguiente pasaje procede de su obra A los obispos de Egipto, epistolario de San Jerónimo, 98, 8:

'Nosotros, siguiendo la regla de las Escrituras, prediquemos con toda la valentía de nuestro corazón que ni su carne ni su alma existieron antes de que él naciera de María; y que su alma no moró en el cielo antes de que él la uniera a sí mismo; porque el Señor, viniendo del cielo, no trajo nada consigo que perteneciera a nuestra condición. Por eso, cortando con la hoz evangélica todo lo que es contrario a la verdad, dice: Toda planta no plantada por mi Padre será arrancada de raíz (Pero El contestó y dijo: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada.[…]Mateo 15:13). Dando cumplimiento a su palabra con sus obras, y a su amenaza con el castigo, demostró la fuerza de sus dichos, de suerte que lo que su palabra predijo se ha hecho verdad en los acontecimientos.'


Bibliografía:
The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; DCB, iv. 999-1006; A. Gallandi, Bibliotheca veterum patrum, vii. 601-602, 14 volúmenes, Venecia, 1765-81; Fabricius-Harles, Bibliotheca Græa, vii. 108 ss., Hamburgo, 1801; B. Czapla, Gennadius als Littrarhistoriker, p. 73. Münster, 1898; Ceillier, Auteurs sacrés, vii. 438-447; Migne, Patrologiae cursus completus, lxv. 33-68; KL, xi. 1579-81.