Historia
TERESA DE CALCUTA (1910-1997)

En 1963 el gobierno indio le otorgó el título de Radmashari (Señor del loto) por los servicios al pueblo de la India. El papa Pablo VI le concedió su limusina ceremonial, que ella inmediatamente rifó para ayudar a financiar su colonia de leprosos. En 1968 fue citada a Roma para fundar una casa allí, dirigida por monjas indias. En reconocimiento a su apostolado, fue galardonada el 6 de enero de 1971, por Pablo VI con el primer premio de la Paz papa Juan XXIII. En 1979 recibió el premio Nobel de la paz por su obra humanitaria. En sus últimos años habló contra el divorcio, los anticonceptivos y el aborto. En 1989 tuvo un ataque al corazón. En 1990 dimitió como cabeza de la orden, pero fue obligada a tomar de nuevo el puesto casi por unanimidad, siendo el único voto en contra el suyo propio. Pero un empeoramiento de su salud la obligó a retirarse, escogiendo la orden a la india nativa Nirmala, como su sucesora en 1997. En el momento de la muerte de Teresa su orden tenía cientos de centros en más de noventa países, con unas cuatro mil monjas y cientos de miles de voluntarios laicos. A los dos años de su muerte, el proceso de canonización había empezado y el papa Juan Pablo II publicó una dispensa especial para impulsarlo. Fue beatificada el 19 de octubre de 2003, alcanzando el rango de beata en el tiempo más corto nunca establecido en la Iglesia católica. Aunque la madre Teresa mostró gozo y profundo compromiso con Dios en su trabajo diario, sus cartas (que fueron publicadas en 2007) muestran que no sintió la presencia de Dios en su alma durante los últimos cincuenta años de su vida. En esas cartas relata el sufrimiento que soportó y el sentimiento de que Jesús la había abandonado al comienzo de su misión. En su experiencia de oscuridad espiritual, llegó a creer que estaba compartiendo la pasión de Cristo, particularmente en el momento en que Cristo dice: 'Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?' A pesar de esta dificultad, integró el sentimiento de ausencia en su vida diaria, permaneciendo comprometida con su fe y su obra por Cristo.