Historia

TRAJANO, MARCO ULPIO (52-117)

Marco Ulpio Trajano, emperador romano desde el año 98 al 117, nació en Itálica, a 9 kilómetros al noroeste de Sevilla, España, el 18 de septiembre del año 52 y murió en Selinus, en la costa accidental de Cilicia, Asia Menor, hacia el 7 de agosto del año 117.

Trajano
Trajano
Su padre era un alto oficial provincial de origen latino y el hijo adoptó la carrera militar de su padre, siendo destinado en varios puntos ocupados por el ejército romano tanto del este como del oeste. En el año 91 obtuvo el consulado, pero la primera vez que su nombre suena públicamente de forma importante es en el 97, cuando Nerva le puso al mando en la Alemania superior y le adoptó ese mismo año. Trajano ascendió al trono el 27 de enero de 98. Demostró estar a la altura de los inminentes peligros militares que amenazaban al imperio y centró su energía en la construcción de defensas seguras. Se distinguió por su sobrio juicio y acción sopesada. Aunque veló el fuerte sentido de su soberanía imperial bajo un rostro de libertad, su firmeza y fortaleza de voluntad dejaron amplio espacio a la afabilidad personal en el ejercicio práctico de los modos contemporáneos de benevolencia. Este rasgo halló particular expresión en la provisión para niños huérfanos (comp. G. Uhlhorn, Die christliche Liebestätigkeit in der alten Kirche, i. 16 y ss. Stuttgart, 1882). Su educación fue de tipo medio, apreciando grandemente la relación con poetas y eruditos. El bienestar del reino en equidad y buen orden fue la meta de su política. Bajo él permaneció el clásico Imperio romano, por última vez, en la plenitud total de su magnitud política. Las ideas religiosas de Trajano estaban en armonía con la piedad popular convencional. Pero la piedad formal estaba limitada por los límites generales de sus ideales personales e imperiales; por tanto no fue su religión, sino su juicio político la raíz de esa decisión imperial que inmediatamente relaciona su nombre con la Iglesia.

Una vez que Trajano hubo sometido la provincia de Bitinia bajo el control del gobierno imperial, envío a restaurar el orden a Plinio el Joven, un hombre estimulado, como su jefe, por las ideas filantrópicas de su época. Durante un viaje por la provincia, y fechadas hasta principios del año 113, escribió 60 cartas a Trajano en las que le comunica sus observaciones y le solicita consejo sobre toda posible cuestión que se presente en su camino. Esas cartas,junto con la respuestas de Trajano, existen en orden cronológico. Esta provincia tenía una fuerte población judía. El apóstol Pablo en una ocasión se propuso visitarla, pero fue impedido por el Espíritu Santo (y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.[…]Hechos 16:7 y sig.); los cristianos de esa región están incluidos entre aquellos a quienes se dirige Pedro, apóstol de Jesucristo: A los expatriados, de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos[…]1 Pedro 1:1, al referirse al Ponto y Bitinia. Sólo en los distritos orientales, tal vez en Amisus, fue confrontado Plinio con la cuestión cristiana, describiendo la situación en su famosa carta número 96. Trajano incisivamente adoptó la política de supervisar la vida corporativa tal como hizo Julio César, especialmente los distritos turbulentos e implantó una rigurosa ejecución de la prohibición de los collegia. En este sentido Plinio recibió un estricto mandato con respecto a la provincia a su cargo.

Plinio se dio cuenta de que el cristianismo tenía amplia extensión tanto en las ciudades como en el campo. La nueva fe contaba con personas de ambos sexos y todas las edades y rangos, por lo que la adoración de los dioses había decaído. Plinio sintió que sus responsabilidades abarcaban el mantenimiento de la religión estatal e intervino en virtud de su oficio. La sentencia capital se ejecutó sobre personas que confesaban cuando eran debidamente llevadas a juicio y halladas culpables, salvo los ciudadanos romanos que eran trasladados a la metrópolis. Pero la situación se hizo más compleja y las dudas se apoderaron de Plinio sobre la conveniencia o la justicia de los actos de represión. En vista de las dificultades, de las que Plinio no veía salida, apeló al emperador para una decisión. La respuesta imperial reconocía lo correcto fundamentalmente de la actitud seguida por Plinio. Trajano estimaba que la confesión cristiana era merecedora de sentencia capital. El asunto de proporcionar reglas de procedimiento para tratar formas y casos concretos se dejó debido a su imposibilidad; pero se prohibió la investigación secreta y la atención a informes anónimos. Finalmente, los que renunciaran a su adherencia al cristianismo sacrificando a los dioses serían dejados en libertad. Pero donde tal lealtad fuera judicialmente demostrada se ejecutaba la pena de muerte.

En este rescripto hay dos puntos importantes: la culpabilidad preconcebida del nomen Christianum y la compensación legal paliativa. Las opiniones han variado sobre la importancia y consecuencias de esta decisión, pero el estudio básico de Theodore Mommsen, Der Religionsfrevel nach römischem Recht (Historische Zeitschrift, 1890), ha aclarado el asunto. Todo el procedimiento descansa en la denominada coercitio o represión oficial, no ligada a ninguna forma definida de juicio, sino administrada con referencia al mantenimiento del orden público. Entre los mártires eminentes durante el gobierno de Trajano estuvieron Ignacio de Antioquía y Simeón de Jerusalén.

Trajano entró en conflicto con los judíos, quienes comenzaron una furiosa insurrección en Egipto y Cirene (115), que pronto se difundió a Chipre. El emperador, que entonces estaba en Mesopotamia, logró hacerse con el control sólo tras una severa campaña mediante su comandante Marco Turbo (117).


Bibliografía:
Victor Schultze, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; H. Francke, Zur Geschichte Trajans, Leipzig, 1840; J. Disrauer, Beiträge zu einer kritischen Geschichte Trajans, ib. 1868; F. Overbeck, Studien zur Geschichte der alten Kirche, vol. i., Schloss Chemnitz, 1876; T. Keim, Rom und das Christenthum, Berlín, 1881; H. Schiller, Geschichte der römischen Kaiserseit, vol. i., parte 2, Gotha, 1883; V. Duruy, Hist. of Rome and the Roman People, 6 volúmenes, Londres, 1883-86; T. Mommsen, The Roman Provinces, ib. 1887; F. Arnold, Studien zur Geschichte der plinianischen Christenverfolgung, Königsberg, 1887; P. Allard, Hist. des persécutions pendant les deux premiers siècles, cap, iii., París, 1802; W. E. Addis, Christianity and the Roman Empire, pp. 69-71, Londres, 1893; W. M. Ramsay, The Church in the Roman Empire, passim, Nueva York, 1893; E. G. Hardy, Christianity and the Roman Government, pp. 102-124, Londres, 1894; Schaff, Christian Church, vol. ii., cap, ii.; Gibbon, Decline and Fall, cap. iii.