Historia
UHLHORN, JOHANN GERHARD WILHELM (1826-1901)

Un nuevo problema en el desarrollo de la iglesia de Hanover comenzó con la controversia de 1862 sobre el catecismo. El anterior catecismo racionalista de 1790 fue reemplazado, por mandato del rey, por un catecismo ortodoxo elaborado por Lührs y aprobado por la facultad de Gotinga. Este hecho provocó una reacción, promovida por políticos liberales, que desembocó en tumultos que pusieron en peligro la vida del consejero consistorial Niemann y la de Uhlhorn, considerados los jefes de la reacción eclesiástica. El asunto unió a la facción ortodoxa y a la facultad, suscitándose de nuevo la cuestión de una organización sinodal. Como resultado se puso en marcha el sistema de asambleas parroquiales y sínodos y cuando Hanover se convirtió en provincia prusiana en 1866, la independencia de su iglesia fue reconocida por el rey Guillermo. El 17 de abril del mismo año recibió su propio consistorio nacional, del que Uhlhorn fue miembro hasta su muerte. En este cargo usó sus poderes para hacer de las asambleas parroquiales y sínodos organizaciones vivas y eficaces, tomando parte incesante en los sínodos de distrito, procurando y obteniendo la confianza de pastores y oficiales eclesiásticos.
Durante un considerable periodo Uhlhorn fue también superintendente general de Hoya-Diepholz, trabajando en todas partes por la libertad práctica de sínodos e iglesias individuales de toda interferencia, siempre que permanecieran fieles a los principios del luteranismo. Igualmente defendió la independencia del consistorio nacional respecto al gobierno, pero se opuso a la unión, que para él significaba un daño para el luteranismo. Como superintendente de Hanover, Uhlhorn trabajó en armonía con todos los que estaban bajo su control para la extensión de iglesias, tanto en la capital y otros centros de industria, como en las colonias en las llanuras de Frisia oriental y en el Lüneburger Heide. Fue igualmente enérgico en la causa de las misiones interiores. En los sínodos de distrito dio la voz de alarma ante el incremento de poder del catolicismo, exhortando a sus correligionarios a hacer todo esfuerzo para detener su influencia. Desde el principio Uhlhorn se opuso a la Kulturkampf, que, según él, supondría la derrota del Estado y el perjuicio del luteranismo. La batalla de los liberales contra Roma la consideró una guerra de la Iglesia en conjunto y de todo el cristianismo positivo.
El declive religioso en la octava década del siglo XIX, complicado por el surgimiento de la democracia social, guió a Uhlhorn a redoblar sus esfuerzos para impedir el creciente alejamiento de las masas de la Iglesia y la religión. Desconfió del uso de las misiones interiores, temiendo que serían dañinas para la actividad pastoral organizada, prefiriendo aumentar el número de cátedras teológicas, posiciones pastorales e iglesias.
Rechazó varios llamamientos de las universidades, pero en 1878 era abad de Loccum, una dignidad que suponía la presidencia del distrito de Kalenberg-Grubenhagen, convirtiendo por su celo el seminario de predicadores relacionado con la antigua abadía en una institución modélica. Igualmente fundó otro seminario en Erichsburg, siendo Loccum el arquetipo para seminarios en otras provincias prusianas. Elegido miembro del sínodo nacional de Hanover, Uhlhorn fue hecho miembro perpetuo en 1878, tomando parte activa en este organismo en la creación de importantes leyes para el desarrollo de la Iglesia nacional. Sintió un profundo interés en los hogares para mujeres de la calle en Hanover y Hildesheim, en la colonia masculina de trabajadores en Kästorf y en la institución para epilépticos en Rotenburg, procurando inspirar a los sínodos provinciales y nacionales con igual celo por la misiones interiores. No menos sinceros y fructíferos fueron sus esfuerzos en favor del descanso dominical, especialmente en 1885, y cuando el gobierno introdujo las leyes del domingo, Uhlhorn se propuso promover una mejor observancia de ese día. También dedicó especial atención a la causa de la misión luterana hacia los marineros, al igual que a los luteranos alemanes en otros países, particularmente en Sudáfrica. Uhlhorn también centró su atención en los problemas sociales, discutiéndolos en varias conferencias en las que llegó a la conclusión de que la cuestión social es económica, no religiosa, y por tanto no cae en el terreno de la Iglesia, cuyo deber es predicar la palabra de Dios, que no contiene revelación sobre asuntos de economía. Aunque el ideal de Uhlhorn era la independencia de la Iglesia y el Estado, sintió que el tiempo no estaba maduro para tales condiciones y por tanto se opuso a todos los esfuerzos en esa dirección. Igualmente se afligió por ciertos desarrollos teológicos, pues aunque defendía la libertad de investigación tanto en la universidad como en los seminarios, y reprobó cualquier influencia directa de la Iglesia en la selección de profesores para las facultades teológicas, sintió que el nuevo movimiento sólo obraría la destrucción de la antigua fe y de la confesión luterana. En 1894 y 1896 defendió la construcción de casas para las diaconisas y elucidó la diferencia entre las congregaciones femeninas católicas y las diaconisas luteranas. Sus últimas semanas de vida las dedicó a la preparación de una liturgia luterana para Hanover, que fue unánimemente aceptada por el sínodo nacional, completando la organización de una iglesia independiente en Hanover, con la excepción de un catecismo.
Bibliografía:
F. Uhlhorn, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Die Homilien und Recognitionen des Clemens Romanus, Gotinga, 1854; Das Basilidianische System, 1855; Urbanus Rhegius, Elberfeld, 1861; Die modernen Darstellungen des Lebens Jesu, Hanover, 1866; Das römische Concil, 1870; Der Kampf des Christenthums mit dem Heidenthum, Stuttgart, 1874; Die christliche Liebesthätigkeit, 3 volúmenes, vol. i., In der alten Kirche, 1882, Im Mittelalter, 1884, vol. iii., Seit der Reformation, 1890; y también su edición de Ein Sendbrief von Antonius Corvinus an den Adel von Göttingen, Gotingea, 1853. Para su vida consultar F. Uhlhorn, Gerhard Uhlhom, Abt zu Loccum, Stuttgart, 1903; F. Düsterdieck, Zum Andenken an G. Uhlhorn, Hanover, 1902.