Urbano II (Odón de Lagny) fue papa entre los años 1088 y 1099. Nació de familia caballeresca en Châtillon-sur-Marne, Champagne, Francia, hacia 1035 y murió en Roma el 29 de julio de 1099.
Urbano II. Miniatura del siglo XV. Biblioteca del Arsenal, ParísRecibió una profunda huella de Bruno de Colonia y tras ser archidiácono en Reims ingresó en el monasterio de Cluny, donde fue elegido prior, tras lo cual fue llamado por Gregorio VII a Italia, siendo nombrado cardenal-obispo de Ostia en 1078 y papa el 12 de marzo de 1088. Aunque se declaró continuador de la línea de Gregorio VII en todo, fue menos drástico, más político y finalmente más próspero. Sin embargo, al principio los seguidores del antipapa Clemente III eran más numerosos que los suyos, por lo que se vio obligado a abandonar Roma en 1089. Convocó un sínodo en Melfi, al sur de Italia, el 10 de septiembre de 1089 que condenó la simonía, las investiduras laicas y el matrimonio de los clérigos. Regresó a Roma, pero fue incapaz de hacerse con el control de la ciudad, por lo que hubo de exiliarse desde 1090 a 1093. En esos años no estuvo ocioso, sino que convocó sínodos y dedicó especial atención a los asuntos en Alemania. Durante un tiempo pareció que se restauraría la paz con el emperador Enrique IV, pero el rechazo de éste a abandonar a Clemente y acabar con el cisma frustró el intento. Urbano fortaleció su posición con sus aliados italianos y alemanes, promoviendo el matrimonio entre el joven Güelfo de Baviera y la margravina Matilde, que eran sus más poderosos ayudantes en Italia (1089), ayudando a Conrado en la rebelión contra su padre (1093) y permitiendo la traición de la emperatriz Adelaida contra su marido. Como resultado, sobrevino la caída de Enrique y la consolidación del poder de Urbano.
Urbano II predicando la primera cruzada en la plaza de Clermont Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
En el verano de 1094, Urbano dejó Roma y atravesó triunfalmente la Italia central y septentrional, convocando un gran sínodo en Piacenza del 1 al 7 de marzo de 1095 que condenó la simonía y el matrimonio de los sacerdotes, negando la validez de las ordenaciones de Clemente y sus seguidores y renovando el anatema contra ellos. Recibió una embajada del emperador Alejo, implorando la ayuda occidental contra los musulmanes. Urbano escuchó la petición, siendo el resultado el comienzo de las cruzadas, de las que Urbano proclamó la primera en Clermont, Francia, entre el 18 y el 28 de noviembre de 1095. La 'paz de Dios' fue declarada de obligación universal, renovándose las regulaciones contra la simonía y las investiduras laicas y haciéndose más estrictas. Pero sin duda fue el entusiasmo de Urbano por las cruzadas lo que puso al papa a la cabeza del mundo occidental. En la primavera de 1096 Urbano convocó sínodos en Tours y Nimes, regresando a Italia, donde el prestigio de Clemente y Enrique había caído. Hacia finales de ese año Urbano fijó su residencia en Roma y en enero de 1097 celebró un sínodo en Letrán y el 3 de octubre de 1098 en Bari, siendo de importancia general en lo referente a las decisiones sobre la procesión del Espíritu Santo. Un segundo sínodo en Roma se celebró en San Pedro del 24 al 30 de abril de 1099, muriendo Urbano poco después.
Bibliografía:
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