Ursino fue
antipapa de
Dámaso I. A la
muerte de
Liberio (24 de septiembre del año 366) dos de sus
diáconos, Ursino y Dámaso, fueron elegidos para sucederle, siendo el primero elegido el 24 de septiembre y el segundo el 1 de octubre del año 366. Ursino se apoderó de la
basílica Julia en el Tíber, provocando los esfuerzos de Dámaso para sacarlo de allí tales tumultos que los prefectos tuvieron que intervenir, exiliándose Ursino con dos de sus diáconos. Sin embargo, siete
presbíteros de su facción continuaron celebrando servicios en la basílica Liberia, por lo que ese lugar se convirtió en sitio de derramamiento de sangre el 26 de octubre. La facción de Ursino suplicó al emperador que convocara un
sínodo para decidir sobre el asunto y cuando
Valentiniano consideró que la paz había sido restaurada permitió a Ursino regresar a Roma el 15 de septiembre del año 367. Sin embargo, el 16 de noviembre la turbulenta situación hizo necesario desterrar a Ursino junto a sus
clérigos, mientras que sus adherentes celebraban sus cultos en los
cementerios sin presbíteros. El 12 de enero del año 368 el emperador permitió al clero de Ursino residir en cualquier parte fuera de Roma, pero unos meses más tarde se vio obligado a prohibirles aproximarse a treinta kilómetros de la ciudad, haciendo todo esfuerzo para evitar cualquier innecesaria severidad. En el año 378 un sínodo romano agradeció al emperador por reconocer la autoridad de Dámaso, pero al mismo tiempo expresó su temor hacia el clero de Ursino, particularmente hacia un
convertido,
apóstata judío, llamado Isaac. En su contestación el emperador declaró que Ursino había estado confinado en
Colonia y que sus solicitudes de ser liberado habían sido ignoradas, mientras que todos los perturbadores de la paz tenían prohibido congregarse a un radio de más de cien kilómetros de Roma. No obstante, en el año 381 el sínodo de
Aquileya se quejó de Ursino, e incluso tras la muerte de Dámaso en diciembre del 384 el antipapa desterrado todavía era objeto de temor. Los dos rivales, Dámaso y Ursino, parecen haber sido igualmente
ortodoxos, siendo la causa del
cisma la pasión ambiciosa. Ursino murió después del año 385.
Genadio escribió lo siguiente: 'Ursino el monje escribió contra quienes dicen que los herejes deben ser rebautizados... Él consideraba que la simple confesión de la Santa Trinidad y de Cristo, más la imposición de manos del sacerdote católico es suficiente para la salvación.' (De vir. ill., xxvii,). Este Ursino es sin duda el antipapa y la obra polémica mencionada por Genadio es probablemente el pseudo-Cipriano De rebaptisme, que los eruditos sitúan en el siglo III. Sea cual sea la autoría de la obra en cuestión, se sabe que durante el tiempo de Ursino un cierto diácono, llamado Hilario, exigió el rebautismo de todos los que habían sido bautizados por arrianos y es probable que Genadio estuviera rectamente informado cuando señaló que Ursino polemizó contra tal tendencia.
Bibliografía:
G. A. Jülicher, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; consultar: Liber ponlificalis, ed. L. Duchesne, i. 212 ss. París, 1886, y Mommsen, MGH, Gest. pont. Rom., i (1898). 37; Collectio Avellana, 1-13, ed. Günther en CSEL, xxxv. 1; Rufino, Hist. eccl., xi. 1; Amiano Marcellino, "Roman Hist.", XXVII., iii. 11-13, ix, 9; DCB, iv. 1068-70.