Historia
UTENHEIM, CHRISTOPH VON (c. 1450-1527)

El intento de reforma fue infructuoso. La celebración de sínodos regulares no se realizó; el clero no deseaba ser reformado y aunque en la porción alsaciana de la diócesis recibieron el apoyo de la nobleza, la pérdida gradual de poder político en la porción suiza hizo que el control eclesiástico del obispo fuera pequeño. Los canónigos procuraron la exención de la autoridad episcopal y el inmediato control del papa y el deán. En los estatutos se hizo una propuesta de frenar las peregrinaciones a lugares que Utenheim creía que habían recibido prestigio gracias a falsas visiones, pero este rescripto fue malinterpretado y el comisario papal de indulgencias para Alemania anuló los esfuerzos. En su deseo de procurar hombres capaces para ayudar en la administración de su diócesis, Utenheim llamó no sólo a Wimpfeling, sino también a Wolfgang Capito, quien en 1515 era predicador en la catedral y profesor en la facultad teológica. En 1515-16, por influencia de Capito, Ecolampadio quedó también asociado al personal de la catedral. Sin embargo, todo esto no prueba en ninguna manera la simpatía de Utenheim hacia la Reforma protestante, aunque el obispo de Basilea era un ardiente humanista. Por eso es fácilmente explicable que Christoph Utenheim, con su deseo de reformas dentro de la Iglesia, leyera ávidamente y aprobara sinceramente los primeros escritos de Lutero, pero que cuando las lógicas consecuencias de la carrera del reformador alemán se hicieron patentes, se retirara decisivamente y que los sucesos que transformaron las condiciones eclesiásticas en Basilea tuvieran lugar sin su ayuda y en contra de su voluntad. Incluso una naturaleza más vigorosa que la del académico obispo habría demostrado ser demasiado débil para contener la marea y en 1519, cargado por los años y la enfermedad, Utenheim recibió un coadjutor en la persona de Niklaus de Diesbach. El consejo de la ciudad hizo entonces un determinado esfuerzo para retirar su lealtad al obispo y en 1522 se mostró capaz de enfrentarse a él, cuando ciertos humanistas representaron una cena blasfema el Domingo de Ramos. No sólo los transgresores fueron amenazados con graves castigos si repetían su escándalo, sino que a los sacerdotes se les prohibió introducir nuevas doctrinas en su predicación del evangelio. El sacerdote secular de St. Alban, Wilhelm Reublin, que había arremetido contra la jerarquía y las instituciones de la Iglesia, llevando una Biblia en lugar de las reliquias en la procesión del Corpus Christi, fue expulsado de la ciudad por exigencia del obispo, a pesar de todas las protestas. Aunque todavía estaba evidentemente inclinado hacia las reformas, Utenheim repetidamente subrayó su convicción de que los cambios debían ser introducidos gradualmente y de acuerdo con la voz de la Iglesia misma. Por tanto, en Basilea procuró frenar el nuevo movimiento que estaba sacudiendo los cimientos de la Iglesia católica y cuando, en 1522, Ecolampadio regresó a la ciudad y predicó los principios de Lutero, Utenheim prohibió al clero y a los miembros de la universidad asistir a sus predicaciones. Hasta el final quiso las reformas, aunque sólo de tal modo que procedieran de los obispos y dejaran los fundamentos de la antigua Iglesia intactos. La idea, frecuentemente expresada, de que Utenheim fue un obispo evangélico, en contraste con uno católico, no tiene fundamento. En febrero de 1527 escribió desde Pruntrut, donde sus predecesores habían residido principalmente, al capítulo, solicitándole que le relevara de sus deberes, pero murió antes de que pudiera ser elegido un nuevo obispo.
Bibliografía:
Eberhard Vischer, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; J. J. Herzog, Beiträge zur Geschichte Basels, pp. 33 ss. Basilea, 1839; Basler Chroniken, ed. W. Vischer y A. Stem, Leipzig, 1872 ss.; K. Pellican, Chronikon, ed. B. Riggenbach, Basilea, 1877; C. Schmidt, Hist. littéraire de l'Alsace, París, 1879; J. Knepper, Jakob Wimpfeling, Friburgo, 1902; R. Wackernagel, en Basler Zeitschrift für Geschichte und Alterthumskunde, ii (1903), 171 ss.