Historia

VALDO, PEDRO († c. 1218)

Pedro Valdo es el nombre del dirigente religioso que vivió entre los siglos XII y XIII y que encabezó un movimiento que ha sido llamado por su nombre.

Pedro Valdo
Pedro Valdo

Valdo y los pobres de Lyón.
Bajo el nombre de valdenses, con sus variantes (vauodies, vallenses, insabbatati, sabbatati, xabatati, ençabots, sandaliati, sotularii y cotularii), los escritores polémicos católicos después de 1180 se refieren a un grupo de predicadores cuyo origen atribuyen al comerciante de Lyón llamado Pedro Valdo, Valdesius, Valdexius o Gualdensis. Mientras que al principio solo los miembros franceses de la organización llamaron a su cuerpo Societas Valdesana o Socii Valdesii, el nombre oficial de la sociedad fue Pauperes spiritu (pobres en espíritu) o posteriormente Pauperes Christi o simplemente Pauperes, con o sin las adiciones de Lugduno o de Lombardia. La sociedad misma prácticamente no dio información sobre su fundador, salvo que era un hombre de determinación incansable y que murió antes de 1218. La única fuente de conocimiento consiste de autoridades católicas de los siglos XII y XIII, de dos autores anónimos de Laon y Passau y de Esteban de Borbone. Según el anónimo escritor de Laon, Valdo oyó un domingo en mayo o abril del año del hambre (1176) a un trovador itinerante cantar en la calle las últimas estrofas del poema de San Alejo (quien había abandonado su propiedad e ido en peregrinación a Tierra Santa, obteniendo gran paz). Valdo invitó a su casa al trovador y a la mañana siguiente le preguntó a un teólogo el camino más corto y mejor para llegar a Dios. La respuesta fue la que dio Cristo al joven rico. Valdo dio una porción de su propiedad a su esposa y vendió el resto, otorgando gran parte a los pobres y arrojando el resto a la calle; luego se puso a mendigar limosna, haciendo poco después voto de pobreza. Al año siguiente otros de Lyón se le unieron y gradualmente los 'pobres' comenzaron a mortificar sus propios pecados y los de otros. En la primavera de 1179 Valdo fue al concilio de Letrán en Roma, donde Alejandro III confirmó su voto de pobreza, pero les prohibió a él y a sus compañeros predicar, a menos que fueran expresamente invitados por los sacerdotes. Al principio obedecieron la orden, pero finalmente la desobedecieron, lo cual se usó en su contra. Esteban de Borbone, por otro lado, atribuye la conversión de Valdo a su curiosidad. Al oír los evangelios pidió a dos sacerdotes que se los tradujeran. En manera similar obtuvo versiones vernáculas de muchos libros de la Biblia y de los dichos de los santos. Desde entonces resolvió practicar la pobreza apostólica, vendió su propiedad, tiró el dinero en el fango y comenzó a predicar en las calles. Pronto se le unieron muchos hombres y mujeres sin cultura, que al ser iletrados enseñaban muchos errores. El arzobispo de Lyón, Jean aux Blanches-Mains, les prohibió predicar pero ellos persistieron y fueron expulsados. En 1179 se les citó a Roma, donde fueron declarados herejes. El anónimo escritor de Passau relata que la súbita muerte en una reunión de una de las autoridades de Lyón produjo un choque tan fuerte en Valdo que dio su propiedad a los pobres, les enseñó a imitar la pobreza voluntaria de Cristo y los apóstoles y comenzó a traducir la Biblia a la lengua vernácula. Del relato de Walter Map se desprende que los seguidores de Valdo, cuando fueron examinados en el concilio de Letrán, fueron atrapados en una sutileza teológica y ridiculizados, por lo que se les prohibió predicar. El anónimo escritor de Laon, recogió la fuente más inmediata, elaborada y probable, seguida por Esteban, pudiendo concluirse que los valdenses surgieron según los hechos narrados por el primero, que fueron voluntariamente al concilio de Letrán (1179), que el papa les rehusó el derecho para predicar y que ellos continuaron haciéndolo. El papa Lucio III, instigado por el arzobispo Juan de Lyón, decretó contra ellos, desde Verona, la bula Ad abolendam, el 4 de noviembre de 1184, expulsándolos el arzobispo de Lyón a finales de 1184 o comienzos de 1185.

Mapa de influencia valdense
Mapa de influencia valdense

Los humiliati lombardos.
Mientras tanto, los valdenses habían obtenido un avance significativo. En la primavera de 1179 los humiliati lombardos pretendieron que Roma confirmara sus estatutos y les fuera permitido predicar y tener reuniones. También fueron rechazados, llevándoles la similitud de objetivos y destino a la unión con los valdenses. Los humiliati reconocieron a Valdo como dirigente y asumieron el nombre de Pauperes spiritu y las costumbres de vida apostólica y predicación al aire libre, dejando en sus nuevos aliados su costumbre distintiva de unir a aquellos hermanos incapaces de predicar o pastorear, para formar compañías de obreros ascetas. De esta manera se estableció una segunda rama de los valdenses en Lombardía, siendo su principal centro Milán, donde en 1209 eran más de cien. También estaban en Cremona (1210), Bérgamo y al menos como misioneros en varias ciudades en el norte y el noroeste de Italia. También estaban en Estrasburgo (1211), Baviera y Austria (1218), en la diócesis de Tréveris y en la región alrededor de Maguncia (1231). El determinado esfuerzo por suprimir la herejía, realizado en toda Alemania central y meridional, iba dirigido principalmente contra ellos. Mientras tanto, los valdenses franceses habían extendido su territorio, por lo que se tomaron medidas contra ellos en Toul (1192), Metz (1199-1200) y Lieja (1203). También estaban presentes en Flandes a principios del siglo XIII, aunque el sur siguió siendo su principal campo de operaciones. En Languedoc atrajeron la atención de los obispos en la novena década del siglo XII, causando pronto conmoción en Cataluña y Aragón. Aquí, como en Languedoc, eran numerosos e influyentes a finales del siglo XII y comienzos del XIII. Su procedencia era principalmente de las clases campesinas y burguesas, aunque se podían hallar unos pocos sacerdotes y hombres de cultura entre ellos.

Cruzada papal contra los valdenses
Cruzada papal contra los valdenses
Represión.
La excomunión papal (1184) había galvanizado a las autoridades del Estado y de la Iglesia para actuar contra los valdenses. En 1194 Alfonso II de Castilla publicó un edicto en el que todo el que diera cobijo, comida o incluso escuchara a los valdenses sería castigado con confiscación de bienes y perseguido por lèse majesté, mientras que se podía infligir cualquier daño a los insabbatati salvo mutilación y muerte. En 1197 Pedro II renovó este edicto, con la cláusula añadida de que los valdenses serían quemados si eran capturados, siendo el primer documento público en el que la muerte en la hoguera es prescrita por el Estado como castigo a la herejía. Hasta dónde se aplicó este mandato no es seguro, pero en Alemania unos ochenta miembros del grupo fueron quemados en Estrasburgo en 1211. En sus principales centros misioneros, Francia e Italia, fueron tratados con más condescendencia. En Milán el arzobispo Felipe contendió con ellos destruyendo su escuela, haciéndose en Pinerolo un vano esfuerzo para convencer a los habitantes de que no los recibieran. En Francia al principio solo algunos de los obispos actuaron contra ellos, tomando medidas que no eran drásticas, como citarlos ante los tribunales o quemando sus traducciones. No fue hasta que estalló la guerra contra los albigenses en el sur de Francia que comenzaron las persecuciones sangrientas. Siete fueron quemados en Maurillac en 1214. Durante esta primera generación del movimiento se hicieron celosos esfuerzos para convencerlos de manera moderada, al menos para refutar sus ideas, componiendo entonces Bernardo de Fontcaud, Alanus ab Insulis y Eberhard de Béthune sus obras contra los seguidores de Valdo. En el Languedoc se hicieron intentos de ganarlos otra vez para la fe católica por medio de coloquios religiosos, en un lugar desconocido antes de 1191 y en el castillo de Pamiers en 1206. En este último lugar el valdense Durán de Huesca se sometió, manteniendo su hábito y modo de vida, pudiendo formar la Iglesia católica de los valdenses reconciliados una nueva rama de predicadores pobres, los Pauperes Catholici, quienes, eso se esperaba, rendirían un valioso servicio al combatir a los valdenses.

Secesión lombarda.
Ya en fecha temprana surgieron las disidencias. Valdo exigió en vano la disolución de las asociaciones de obreros. Permitió la disolución del matrimonio en un caso, mientras que los lombardos eran de la opinión que el consentimiento de la esposa era necesario. Los lombardos, por su insistencia, deseaban ser independientes de él y tener su propio dirigente. El resultado fue una crisis que alcanzó su apogeo hacia 1210, produciéndose una ruptura entre los dos cuerpos, escogiendo los lombardos su propio dirigente en la persona de Giovanni di Ronco. Esas disensiones internas explican por qué, en este periodo, el grupo presentó tan poca resistencia a los esfuerzos católicos para su conversión y también por qué perdió tantos de sus miembros, particularmente de las clases más cultas. Esta pérdida y el considerable éxito de los Pauperes Catholici hizo que los espíritus más moderados en ambos grupos buscaran la reunión, abriendo el camino la muerte de los dos dirigentes. En mayo de 1218 seis delegados de ambos lados se reunieron en Bérgamo. Se hicieron generosas concesiones a los lombardos, pero en dos puntos los valdenses no cedieron: el reconocimiento de Valdo y su, de otra manera desconocido, colega Vivet, como 'bienaventurados' y el sometimiento de la distintiva doctrina sacramental lombarda, para la que se pedía solo tolerancia, no aceptación. Los lombardos rechazaron esos dos puntos y las negociaciones se rompieron para nunca retomarse. Ambos fueron culpables de estrechez, pero la causa final de la ruptura está en el hecho de que los lombardos ya eran una comunidad organizada con regulaciones estipuladas y auto-conciencia, cuando se unieron a los valdenses.

Colportor valdense
Colportor valdense
Predicación y Escritura.
La predicación de los 'pobres' era muy sencilla, consistiendo normalmente de exhortaciones al arrepentimiento y la recitación de largos pasajes de la Biblia en lengua vernácula. Desde el principio del siglo XIII pusieron especial interés en la prohibición de juramentos, falsedad y derramamiento de sangre (comp. Habéis oído que se dijo a los antepasados: "NO MATARAS" y: "Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte."[…]Mateo 5:21 y ss. 7:1 y sig.). Las supuestas herejías que sus oponentes les atribuían solo sirvieron para intensificar su énfasis en la predicación del arrepentimiento y la afirmación de su postura contra lo que sostenía la jerarquía, esto es, que (1) las misas, limosnas y oraciones no aprovechaban a los muertos; (2) el purgatorio no existe; (3) las indulgencias episcopales no son válidas; (4) la obediencia se debe solo a los buenos sacerdotes que viven vida apostólica; y (5) el ejemplo es más esencial que el oficio o la ordenación. Los 'pobres' dudaron de la eficacia de los sacramentos, especialmente de la eucaristía, administrados por sacerdotes indignos; sostuvieron que la oración es más eficaz en lo privado que en la iglesia, además de negar la santidad peculiar de los lugares sagrados. Daban referencias bíblicas para demostrar sus doctrinas; por ejemplo, para la predicación de los laicos A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.[…]Santiago 4:17; Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que desea, que tome gratuitamente del agua de la vida.[…]Apocalipsis 22:17; 38 Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía. 39 Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal […]Marcos 9:38-39; Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad;[…]Filipenses 1:15; Pero Moisés le dijo: ¿Tienes celos por causa mía? ¡Ojalá todo el pueblo del SEÑOR fuera profeta, que el SEÑOR pusiera su Espíritu sobre ellos![…]Números 11:29; para la admisión de mujeres como predicadoras 3 Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, 4 que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, […]Tito 2:3-4 y el caso de Ana (36 Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, 37 y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, […]Lucas 2:36-38). Aunque no evitaban citar escritores católicos ocasionalmente, desde el principio se adhirieron con extrema rigidez a los preceptos literales de la Biblia. Desde el comienzo pusieron gran empeño en que las Escrituras estuvieran en lengua vernácula. Ya para 1179 Valdo tenía casi toda la Biblia en provenzal, siendo ampliamente usada en Cataluña, Aragón, norte de Francia y Lorena, hasta Lombardía. Por otro lado, en Alemania la Biblia fue traducida de nuevo. Probablemente muchos mal entendidos surgieron, pero a pesar de no saber exactamente qué significaba el texto, se memorizaron libros enteros siendo oralmente repetidos. Incluso entre los iliteratos hubo algunos que podían repetir las palabras de Cristo y hasta Job y los cuatro evangelios enteros.


Bibliografía:
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Sobre la historía se puede usar: E. Comba, Valdo ed i valdensi avanti la riforma, Florencia, 1880; idem, Peter Waldo, Londres, sin fecha; idem. Hist. des Vaudois d'Italie, parte 1, Turín, 1887; idem, H. Arnaud, 1889; idem, Storia de' Valdesi, Florencia, 1893; idem, en Bulletin de la société de l'hist. du protestantisme française, xliii. 7 ss.; A. Muston, L'Israel des Alpes, ou hist. des Vaudois, 4 volúmenes, París, 1851; A Collection of the Several Papers sent to the Protector... concerning the bloody and barbarous Massacre... committed on many Thousand of Reformed... dwelling in the Valleys of Piedmont, by the Duke of Savoy's Forces... Published by Command of his Highness, Londres, 1655; Sir S. Moreland, The History of the Evangelical Churches of the Valleys of Piemont containing a... Description and a Faith full Account of the Doctrine, Life, and Persecutions..., Londres, 1658; P. 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