Historia
VALENTÍN
Los sucesos de la vida de Valentín, el más importante de los maestros gnósticos, son poco conocidos. Según un antiguo documento citado por Ireneo y preservado por Eusebio (Hist. eccl., IV, xi. 1), llegó a Roma durante el pontificado de Higinio, desarrollando su enseñanza bajo Pío y permaneciendo en Roma hasta el tiempo de Aniceto, con lo que su estancia en esa ciudad sería aproximadamente del año 136 al 165. Tertuliano (Adversus Valentinos, iv; comp. De præscriptione, xxx) le hace víctima de la ambición despechada por la sede de Pedro, siendo preferido a él un confesor. El único predecesor de Aniceto que fue confesor fue Telesforo, pero durante su pontificado Valentín no estaba en Roma, por lo que la declaración de Tertuliano es de poco valor. Clemente de Alejandría (Strom., VII, xvii. 106-107) coincide con Ireneo, situando la actividad de Basílides, Valentín y Marción en el periodo 120-160. Epifanio (Hist. eccl., xxxi) añade que había escuchado que la patria de Valentín estaba en la costa de Egipto, siendo educado en Alejandría, de donde fue a Roma para diseminar sus enseñanzas. De allí fue a Chipre, donde apostató de la fe. La última parte de esta declaración es contradicha por el más probable informe de Tertuliano e Ireneo, que dicen que eso tuvo lugar ya en Roma. Por las declaraciones de los oponentes de Valentín se deduce que escribió solo tratados ocasionales. La única obra evidentemente dogmática es la que llevaba por título Sobre las tres naturalezas, de la cual hay un fragmento preservado por Focio (Bibliotheca, ccxxx). Los demás escritos conocidos de Valentín fueron de carácter práctico; sermones, himnos y cartas. Hay preservados fragmentos de sus sermones en Clemente de Alejandría, quien transmitió fragmentos de tres cartas. Tertuliano comparó sus salmos con los de David (De carne Christi, xvii, xx), de los que Hipólito cita unos pocos (Philosophumena, VI, xxxvii. 290).

Las enseñanzas de Valentín nos han llegado solo a través de sus oponentes, siendo escasamente distinguidas de las de sus discípulos. Evidentemente sus doctrinas brotan del suelo del sincretismo helenista y su fundamento último es el dualismo platonista, que separaba el mundo divino de las ideas del mundo material de los fenómenos. En el abismo intermedio el hombre participa de ambos y el problema es cómo tender el puente que salve el abismo para alcanzar la meta elevada y librarse de lo material. El cosmos es la imagen imperfecta del eón; el prototipo ideal y el creador del cosmos es el demiurgo, quien es denominado Dios y Padre y es una imagen del Dios verdadero. Según una cita de un reputado sermón (Clemente de Alejandría, Strom., IV, xiii) Valentín sostuvo que la 'Sabiduría' fue el 'artesano' que ordenó la materia, pero es más probable que el artesano que quiso imitar las características de la faz de Dios y cubrió los defectos de su obra con el nombre, fuera realmente el demiurgo. No es improbable que Clemente tomara esta cita de un escrito de los valentinianos, mostrando el parecido interno, posiblemente sobre un comentario a Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.[…]Génesis 1:27, en el que también aparece el extracto del sermón de Valentín. Valentín en el fragmento de su sermón simplemente expone que el mundo es un reflejo del Dios invisible, aunque imperfecto. No obstante, la mera representación lleva el nombre del Dios invisible, reflejando su honor y produciendo fe en la humanidad. En un fragmento de una de las cartas de Valentín (Strom., II, viii. 36), dice que los ídolos, aunque hechos por manos humanas, son objetos de temor para el hombre, porque se cree que la divinidad habita en ellos; de igual manera el hombre creado es temido por los ángeles al contener la semilla de la más elevada naturaleza implantada en él por el creador y proclamada divinamente. Los ángeles, por tanto, temen al hombre como morada del 'hombre' (Dios) preexistente y para escapar de su terror corrompieron la obra del creador, seduciéndolo para que pecara. Aquí de nuevo Clemente parece haber extraído una interpretación de El temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.[…]Proverbios 1:7, donde se contiene una cita de la carta de Valentín. En otro fragmento de su sermón de Valentín (Strom., IV, xiii. 89), el hombre es representado desde el principio como hijo de inmortalidad, tomando la muerte poder sobre él para que la muerte pueda ser destruida y no tenga más poder sobre él, pudiendo gobernar sobre toda la creación y todo lo que es transitorio. El origen del mal y del pecado se expone en el más largo de los fragmentos (Strom., II, xx. 114), en el que compara al corazón humano con una posada, en la que huéspedes desordenados abren agujeros en las paredes y lo ensucian todo con basura, porque no es propiedad suya; de esa manera los demonios (las pasiones) invaden el corazón hasta que el 'Padre bueno' los expulsa y el corazón es santificado y brilla con luz. Un fragmento de una carta a Agatopo (Strom., III, vi. 59) trata sobre Jesús, quien vivió ascéticamente y consumió totalmente su alimento sin corrupción dentro de su cuerpo, obteniendo su divinidad. Un breve fragmento de una homilía Sobre los amigos (Strom., VI, vi. 52) es importante para conocer la teoría de Valentín sobre la Iglesia, a la que alude como una comunidad espiritual, no una organización externa. Según Hipólito (Philosophumena, vi. 42), Valentín atribuyó la fuente de sus enseñanzas a una visión en la que vio a un niño recién nacido, quien, en respuesta a su pregunta, declaró que era el Logos y cuya 'trágica narración' fue la fuente de su doctrina. De esos fragmentos no se puede construir coherentemente el sistema de Valentín, complicándose las cosas más porque han sido situados en un nuevo contexto y han quedado superpuestos con la exégesis de la posterior escuela valentiniana. Tampoco se sabe si son características especiales de la enseñanza del heresiarca.
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