Historia

VALENTINIANO I (321-375)

Valentiniano I (Flavio Valentiniano), emperador romano, nació el año 321 en Cibalae, Panonia, y murió de un ataque de apoplejía en Bregetio, probablemente cerca de Pressburg, a 54 kilómetros al sudeste de Viena, el 17 de noviembre de 375. Fue emperador entre los años 365 y 375.

Valentiniano I, moneda romana, c. 370; en el Museo Británico
Valentiniano I, moneda romana, c. 370;
en el Museo Británico
Fue escogido emperador por el ejército tras la súbita muerte de Joviano. Combinó las robustas cualidades de un soldado con la superioridad de un inteligente estratega, dedicándose al bienestar de su imperio. Los asuntos civiles los llevaba a cabo con rigidez militar, exigiendo estricta obediencia. Aunque tuvo una cierta dureza de disposición buscó la compañía de los cultos y él mismo hizo intentos poéticos. Su vida se condujo de acuerdo a las normas éticas cristianas. En contraste con sus predecesores estuvo predispuesto contra la interferencia del Estado en los asuntos religiosos y las disputas eclesiásticas, entrando en ellas solo cuando su deber como oficial principal del Estado lo demandaba o cuando la paz y el orden eran amenazados (Ambrosio, Epist., i. 21). Este fue el caso en la doble elección de obispos tras la muerte de Liberio y en los rescriptos que hacían la jurisdicción eclesiástica independiente de la civil. Del mismo modo que se retuvo de influir en la carrera de su hermano Valente poniéndose del lado de los seguidores de Nicea, tampoco entró activamente en la acción contra los arrianos, siendo de hecho su segunda consorte, Justina, arriana. Su edicto prohibiendo a los montanistas poner a un lado el bautismo fue relativamente suave (Código Teodosiano, XVI, vi. 1), pero las medidas contra los maniqueos fueron severas (Código Teodosiano, XVI., v. 3). Su principio rector fue la tolerancia hacia todas las religiones. La razón para ello no era la indiferencia religiosa, sino una bastante avanzada idea de la relación del Estado con la religión. No favoreció medidas para incrementar por su autoridad la influencia de la Iglesia, siendo abolido el cobro de impuestos sobre el domingo (ib. XI, vii. 1) y los actores que eran bautizados en su lecho de muerte y luego se recuperaban eran liberados de las demandas de su miserable categoría (ib. XV, vii. 1). El emperador, en un decreto de amnistía en una fiesta de Pascua, expresó sus sentimientos cristianos (ib. IX, xxxviii. 3). Pero por otro lado, impidió que los ricos tomaran las órdenes clericales para evadir deberes civiles (XVI, ii. 21, XVII, xviii. 19), siendo inexorable en denunciar y castigar las faltas de clérigos y monjes (ib. XVI, ii. 20-21), especialmente en el edicto del 30 de julio de 370, seguido por mandatos a los obispos y monjas, de los que Jerónimo señala: 'No me quejo de la ley, pero lamento que la merecemos.' (Epist., lii. 6). Se expresó a veces con tolerancia hacia el paganismo en el comienzo de su reinado. Al sacerdocio pagano le confirmó sus antiguos derechos y los augures no fueron atacados; solo fueron estrictamente prohibidos los ritos mágicos y nocturnos, por el peligro que suponían para las instituciones políticas. El altar de la Victoria permaneció en la corte donde Juliano lo había restaurado. Pero esos favores hacia el helenismo estaban enraizados en el hecho de que esa religión no tenía futuro y que no merecía la pena poner a una fracción de la población en una posición de perturbación y oposición. En cuanto a sus relaciones familiares hay que decir que se divorció de su primera esposa, Valeria Severa, quien dio a luz a Graciano, porque abusó de su posición imperial, casándose con Justina, quien tuvo a Justiniano II. Fue enterrado en la iglesia de los apóstoles en Constantinopla.


Bibliografía:
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